YO SOY FIDELISTA…
Adolfo
R. Taylhardat
Cuando me desempeñaba como Embajador en Cuba,
en una oportunidad estuvo de visita en La Habana, como huésped de la Casa de
las Américas, Héctor Mujica, para
entonces Secretario General del Partido Comunista venezolano. Lo invité a
almorzar en la residencia junto con su anfitriona, Haydée Santa María,
Presidenta de aquella institución que era, y sigue siendo, el principal
instrumento de penetración ideológica del Partido Comunista Cubano en América
Latina.
Durante la conversación que acompañaba el almuerzo
Mujica le preguntó a Haydée: Dime, Haydée, ¿tu eres comunista?
La respuesta, que se me quedó grabada en la
memoria, fue la siguiente:
-¡Yo soy fidelista! Soy comunista porque Fidel
dice que somos comunistas. Pero si mañana Fidel nos dice: ¡“Compañeros, hasta
hoy somos comunistas. A partir de este momento somos capitalistas!”, entonces
seré capitalista porque lo ordena Fidel”.
Que esto lo dijera Haydée Santamaría fue muy
significativo, tratándose de una de las tres
más importantes figuras femeninas de la revolución cubana, persona de la
absoluta confianza de Fidel y del régimen, heroína el asalto al cuartel Moncada
en el cual participó junto con su hermano Abel, quien perdió la vida en esa
hazaña convirtiéndose en el prior mártir de la revolución.
He evocado esta anécdota porque el anuncio sobre el estado de salud de Fidel Castro y su decisión de ceder el
mando ¿temporalmente? a su hermano Raúl ha dado origen a muchas especulaciones
acerca de lo que puede ocurrir en ese país una vez que ocurra ahora, dentro de
poco o después, la muerte física (la política parece que ya tuvo lugar) de
Fidel Castro.
Aquella respuesta sirvió para confirmar mi
apreciación de que el comunismo no ha calado en los estratos populares de Cuba
y lo único que permite mantener viva la llama de la revolución cubana es la
personalidad de Fidel.
Los cubanos (salvo los de la nomenklatura) son,
como era Haydée, simplemente fidelistas y nadie podrá suplantar a Fidel. Por
eso concuerdo con quienes vaticinan que la muerte de Castro inevitablemente
provocará, tarde o temprano, una lucha por el poder que podría conducir a un
desenlace sangriento. Esto seguramente explica la extraña ausencia de Raúl y la
excesiva exposición pública de Ricardo Alarcón quien como Presidente del
“parlamento” pareciera pretender reivindicar el derecho a la sucesión a pesar
de que la Constitución dispone otra cosa.
www.adolfotaylhardat.net