Wait and see

 

Adolfo R. Taylhardat

 

La actitud asumida hasta ahora por la administración Bush en relación con Chávez se resume en la expresión título de este artículo: Esperar mientras se observa la situación para formarse una opinión. Pareciera que el tiempo de espera se agotó y ya hay una visión clara sobre lo que sucede en Venezuela..

 

Cuando evalúa el comportamiento de otros gobiernos, Estados Unidos toma en cuenta, ínter alia los siguientes baremos: el carácter democrático del gobierno, el respeto de los derechos humanos y el compromiso en la lucha contra el terrorismo. Los dos primeros elementos están nítidamente consagrados en la Carta Democrática Interamericana adoptada por consenso el 11 de septiembre del año pasado. El tercer elemento pasó al primer plano como consecuencia de los odiosos atentados terroristas de aquel mismo día.

 

Las declaraciones formuladas esta semana sucesivamente por el Secretario de Estado, el Director de la CIA, el Sub-Secretario de Estado para Inteligencia e Investigación y el Portavoz del Departamento de Estado, coinciden en enfatizar la preocupación del gobierno norteamericano ante la evidencia de que en Venezuela los valores y los principios democráticos se utilizan para encubrir un régimen autoritario. El señor Boucher, cuya función consiste precisamente en dar a conocer públicamente la opinión del Departamento de Estado ha manifestado la inquietud de la administración Bush ante las amenazas contra los medios de comunicación social y el grave peligro que se cierne sobre el ejercicio de la libertad de expresión y de prensa en Venezuela. El Secretario de Estado Powell destacó la actitud ambigüa asumida por Chávez en lo que respecta a la lucha contra el terrorismo y se preguntó acerca de los beneficios que obtiene Venezuela de las visitas de Chávez a regímenes despóticos. Los señores Tenet y Ford manifestaron la intranquilidad de su gobierno por las muestras de simpatía de Chávez con la narco-guerrilla terrorista colombiana.

 

Ante esas declaraciones se esgrime el consabido recurso a la soberanía. Es cierto, Chávez no necesita pedir permiso a Estados Unidos para viajar donde le plazca. Pero debe rendir cuentas al “soberano” que lo eligió de los motivos que tiene para establecer vínculos sospechosamente estrechos con esos regímenes. En cuanto al argumento de que la política exterior venezolana es soberana, independiente y autónoma, el canciller olvida que precisamente aquella Carta Democrática que él mismo firmó en nombre de Venezuela establece que cualquier alteración del orden democrático del hemisferio interesa a todos los países de la región y les otorga el derecho a exigir “una apreciación colectiva de la situación” para que el Consejo Permanente de la OEA adopte “las decisiones que estime conveniente”. Finalmente, Chávez debería tener en cuenta que si bien Venezuela es proveedor seguro de petróleo a los Estados Unidos, ello no significa que ese país esté obligado a comprarnos petróleo eternamente.