EL UNIVERSAL

Opinión – Miércoles 4 de marzo  de  2009

Vuelven los improperios

Adolfo R. Taylhardat

La semana pasada fueron publicados varios documentos que colocan al régimen del teniente coronel presidente en el banquillo de los acusados ante la opinión pública internacional.

El Informe anual del Departamento de Estado de Estados Unidos acerca de la situación de los derechos humanos en el mundo contiene serios señalamientos en cuanto al desempeño del actual gobierno de nuestro país en esa materia. El informe registra "un preocupante deterioro de los derechos democráticos de los ciudadanos venezolanos"  y destaca que la politización del Poder Judicial, y el acoso oficial a la oposición y a los medios caracterizaron la situación de los derechos humanos en Venezuela durante el año 2008. Señala de manera particular los siguientes hechos que configuran esa situación: eliminación ilegal de ciudadanos; condiciones precarias de las prisiones; arrestos y detenciones arbitrarias; un sistema judicial corrupto, ineficiente y politizado, caracterizado por retardos judiciales, impunidad y violaciones del debido proceso; intimidaciones y ataques contra los medios de comunicación social independientes; discriminación basada en consideraciones políticas; corrupción galopante en todos los niveles del gobierno; violencia contra las mujeres, tráfico de personas.

La Fundación para los Derechos Humanos le dirigió al Secretario General de la OEA una carta en la cual le exige, por segunda vez, que active la Carta Democrática Interamericana contra el régimen del teniente coronel presidente por la flagrante violación de los elementos esenciales de la democracia en Venezuela y sus atropellos a los derechos humanos de los ciudadanos. De manera particular destaca que en Venezuela se viola el artículo 3º de la Carta Democrática, que consagra la separación y la autonomía de los poderes públicos y el respeto a la existencia de un sistema plural de partidos políticos.

La Comisión Internacional de Juristas dirigió a los Estados Miembros de la OEA una comunicación denunciando el desacato del gobierno al desconocer la decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ordenó reincorporar en sus cargos a tres jueces de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo que fueron destituidos ilegalmente y por motivos políticos. De no cumplir esa sentencia, dice la CIJ, "el gobierno venezolano se uniría al triste precedente del gobierno de Fujimori que incumplió sentencias de la Corte Interamericana de derechos Humanos y pretendió sustraerse de su competencia".

El informe anual sobre Estrategia Internacional de Control de Narcóticos ordenado por el Congreso de Estados Unidos señala que los altos niveles de corrupción, el débil sistema judicial y la falta de cooperación del gobierno han convertido a Venezuela en uno de los principales países de tránsito en el tráfico internacional de drogas. La actividad de los narcotraficantes, dice el documento "se ha visto facilitada por la geografía del país así como por la corrupción, la debilidad del sistema judicial, fuerzas de seguridad incompetentes y a veces cómplices y una falta de cooperación internacional de parte del gobierno venezolano.

La Corte Interamericano de Derechos Humanos dictó la semana pasada  dos sentencias en las cuales registra la indiferencia del gobierno frente a las agresiones de que han sido objeto los medios de comunicación social en Venezuela y varios periodistas que laboran en esos órganos de prensa y lo condena a resarcir a las víctimas.

Nadie puede negar la veracidad de lo que dicen esos documentos. Pero, como era de esperar hicieron liberar la furia del Júpiter tonante criollo. "!Obama, vaya a lavarse el paltó! No se meta con Venezuela. No siga el camino torpe y estúpido del gobierno anterior. Demuestre un poquito de inteligencia". "Estados Unidos es el primer consumidor de drogas en el mundo". "Obama, encárguese de lo suyo que yo me encargo de lo mío. No se meta conmigo". "Al pueblo de Estados Unidos le hace falta un líder. Conviértase en el líder y preocúpese de su pueblo, del hambre, la miseria, la pobreza, la violencia, las drogas, la locura. Esas son algunas de las expresiones del teniente coronel presidente. Por su parte, la cancillería venezolana emitió un comunicado en el cual rechaza “de la forma más categórica y firme" la publicación del informe "en el cual se pretende evaluar el estado general de los derechos humanos" en Venezuela.

Presumo que el Encargado de Negocios de EU en Caracas le habrá explicado al Departamento de Estado el significado vulgar de la expresión "Vaya la lavarse el paltó" y que el gobierno norteamericano habrá tomado debida nota del insulto.

Luego del fracaso de las gestiones para conseguir una entrevista con el Presidente en las cuales invirtió miles de dólares movilizando a congresistas norteamericanos y lobistas de Washington, la frustración lo lleva ahora a pedir al Presidente Lula que interceda en su nombre ante el presidente norteamericano.

Los documentos antes reseñados, el ventajismo y el abuso de poder que prevaleció durante el referendo del 15 de febrero pasado, la militarización de la administración pública, la concentración del control sobre la fuerza armada que hace apenas unos días se consolidó de manera descarada, son solamente algunos de los elementos que el Presidente Obama tendrá presentes para determinar su actitud hacia el presidente venezolano. Este había  dicho que le concedía un compás de espera al presidente Obama para ver cómo se comportaría con Venezuela. Lo cierto es que sin que el compás se ha cerrado y ya se destapó la diatriba anti-Obama y anti-norteamericana. “En los Estados Unidos hay un nuevo gobierno pero es el mismo imperio”. “Allí está el mismo imperio agrediendo a Venezuela”, dijo. Esta afirmación de una supuesta agresión reviste un carácter particularmente grave porque fue hecha ante el  alto estamento  militar. Con toda seguridad las autoridades norteamericanas también deben haber tomado buena nota. No es aventurado vaticinar que la normalización de las relaciones entre los gobiernos de ambos países es una meta cada vez más difícil de alcanzar.

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