¿Victoria
o fanfarronería?
Adolfo R. Taylhardat
Esta semana la "revolución socialista del siglo XXI ofreció una
nueva muestra de su consabida estrategia de "hacer de tripas
corazón", o, lo que es lo mismo, de voltear la tortilla.
Después que la secretaria de Estado Condoleeza
Rice, con un lenguaje sereno, serio y decente se refirió en su intervención en
la Asamblea General de la OEA a la situación de los derechos humanos y de
manera particular de la libertad de expresión en Venezuela, el canciller
venezolano reaccionó con un discurso destemplado que exudaba, además de
rabia, pedantería.
¿Que dijo Condoleeza
Rice? Dijo que "La libertad de expresión, la libertad de asociación
y la libertad de conciencia no son una espina clavada en el pie de un gobierno
sino el comienzo de la justicia en toda sociedad". Dijo que la discusión
pública de las ideas "es la mayor garantía para el Estado de Derecho y la
más segura protección contra los caprichos de los gobernantes" Dijo que
estar en desacuerdo con un gobierno no es antipatriótico ni puede ser
considerado como un crimen en ningún país sino como una necesidad práctica para
la supervisión transparente del desempeño de un gobierno y para la puesta en
práctica de políticas efectivas". Dijo que era importante señalar esto en
momentos en que en Venezuela muchos ciudadanos levantan sus voces en protesta
pacífica contra la decisión de su gobierno de cerrar RCTV y muchos grupos e
instituciones internacionales han sumado sus voces de rechazo a esa medida.
¿Acaso dijo mentira? ¿Puede considerarse que con ese discurso
fueron mancillados la dignidad y el honor de nuestro país?
Poniendo en evidencia su impericia en el manejo del los asuntos
diplomáticos y olvidando que en materia de protección de derechos humanos no
existen fronteras, el conductor de la Cancillería arremetió contra el gobierno
norteamericano recurriendo al consabido y gastado argumento de la soberanía.
Según él, la intervención de la representante del gobierno de Estados Unidos de
Norteamérica "constituye un intervencionismo inaceptable en los asuntos
internos de una nación democrática, soberana, como la República Bolivariana de
Venezuela".
Sin argumentos para responder a las verdades expuestas por la
secretaria de Estado se fue, como dicen los españoles, por los cerros de Ubeda y se dedicó a despotricar y a acusar a Estados Unidos
de violaciones de derechos humanos en la frontera con México, donde según él
quienes intentan cruzar esa frontera son objeto de "una cacería
humana", "son perseguidos y cazados como animales, capturados,
asesinados" Dijo que se está construyendo un "muro de
indignidad" que calificó como "monumento a la violación de los
derechos humanos".
Luego se dedicó a hablar de los presos detenidos en Guantánamo
incursos en actividades terroristas, otro tema que tampoco tenía relación
alguna con el problema de la libertad de expresión en Venezuela suscitado por
la cancillera norteamericana.
Seguidamente, siguiendo la estrategia común a todas las dictaduras, en
tono amenazante dijo que "Venezuela pide respeto, exige respeto de su
soberanía" y volvió con el disco rayado de un supuesto plan de
desestabilización que estaría siendo fraguado por la oposición venezolana con
el apoyo norteamericano.
En su réplica la secretaria de Estado recordó que en Estados Unidos
las estaciones de radio y televisión critican abiertamente y sin limitaciones
las políticas del gobierno sin que éste interfiera en el ejercicio de esa
libertad. "En una democracia los ciudadanos de un país deben tener la
seguridad de que las políticas de su gobierno puedan ser sometidas a la crítica
por una prensa libre e independiente". "Espero sinceramente que
los venezolanos también la tengan" concluyó.
Como reacción a la propuesta de la secretaria de Estado a fin de que
el secretario general de la OEA visite a Venezuela "para realizar
consultas de buena fe a las partes interesadas y para consignar un informe
completo a los cancilleres por medio del Consejo Permanente" Maduro
propuso que la OEA investigara las violaciones de los derechos humanos
cometidos por el gobierno norteamericano en la frontera con México y
Guantánamo.
Tal como se esperaba la Asamblea General de la OEA se hizo la vista gorda ante
la situación que vive Venezuela a raíz del atropello cometido contra la
libertad de expresión y las agresiones de que han sido objeto los estudiantes
que han marchado y manifestado pacíficamente en defensa de los derechos humanos
y en particular el derecho a manifestar libre y pacíficamente.
Como dice Andrés Openheimer en su artículo
titulado Las democracias acobardadas, publicado el pasado jueves 7, el silencio
de la mayoría de los países latinoamericanos sobre el cierre de RCTV durante la
Asamblea de la OEA "marcó un grave retroceso para la libertad de prensa -y
la democracia- en la región". También comparto su afirmación de que
esta es la primera vez desde las dictaduras militares de derecha de los setenta
que un grupo de países latinoamericanos aceptan sumisamente medidas de censura
contra la prensa, sin que se produzca "una protesta airada de las
democracias de la región"
Como también era de esperarse el régimen, con la jactancia y la
pedantería que le caracteriza, se empeña en presentar esa pasividad de la OEA
como una victoria frente a Estados Unidos, como otra derrota infligida al
"imperio".
¿Acaso la suma de la fanfarronería del régimen y de la ineficacia de
la OEA puede constituir una victoria? Lo único que ha habido, como dice
también Openheimer, es el silencio de las democracias
acobardadas. La verdadera victoria ha sido la de los jóvenes estudiantes
venezolanos que, interpretando el sentir de los venezolanos, con valor y
dignidad han hecho ver al Gobierno y al mundo que la sociedad venezolana no
está dispuesta a que la priven de su libertad y de sus derechos fundamentales.