VENEZUELA NECESITA AMIGOS
Adolfo R. Taylhardat
El papel facilitador del Secretario General de la OEA en la Mesa de
Negociación y Acuerdos comienza a desgastarse.
No porque lo esté haciendo mal. Todo lo contrario. El señor Gaviria ha dado
lo mejor de sus condiciones de estadista y ha ofrecido un ejemplo de paciencia
y perseverancia digno de reconocimiento por parte de los venezolanos.
El desgaste se debe al estancamiento en que se encuentra la Mesa. Siempre tuve dudas acerca de la utilidad de
emprender ese esfuerzo de negociación. Como diplomático profesional considero
que la negociación es un instrumento insustituible en todo esfuerzo por
solventar un conflicto. Pero la negociación sólo funciona cuando hay voluntad
política y disposición para llegar a un resultado. En el caso venezolano se
sabía de antemano que una de las partes, el gobierno, no tenía (ni tiene) el
más mínimo interés en contribuir a una solución. En la Mesa, además del
facilitador, están presentes dos partes: la oposición representada por seis
negociadores y Hugo Chávez personificado en los seis individuos que participan
del lado del oficialismo que son simples instrumentos del presidente. No
tienen voz propia y mucho menos
voluntad política. Su presencia en la Mesa sólo sirve para cumplir las
instrucciones de Chávez de sabotear la negociación, desviar la atención hacia
cuestiones secundarias y relegar la tarea de convenir en la salida electoral de
la crisis.
En estas condiciones adquiere valor la propuesta adelantada, entre otros
por el presidente de Rusia, de “conformar un grupo de amigos en la ONU para
contribuir con la gestión de la OEA” (El Nacional 19-12-02, p. B/6)
El mecanismo del Grupo de Amigos desempeñó una función determinante en
la solución de diversos conflictos y guerras, particularmente en Centro
América. Un Grupo de Amigos para Venezuela debería ser, como lo propone el
Presidente Putin, creado por el Secretario General de las Naciones Unidas y con
el propósito específico de contribuir al éxito de la gestión de Gaviria. Pero
para que pueda ser útil en el caso venezolano sus integrantes no deberían ser
países o representantes de gobiernos sino personalidades de reconocida estatura
internacional que hayan tenido una participación prominente en la solución de
crisis similares a la nuestra como Nelson Mandela, Lec Walesa, Vojislav
Costunica u Oscar Arias. Son todos figuras mundiales inobjetables, de cuya
rectitud e imparcialidad nadie puede dudar.
Concebido de esta manera, el Grupo de Amigos proporcionaría a la tarea
de Gaviria un apoyo que trascendería el ámbito regional; le imprimiría una
dimensión global a la mesa de negociación; permitiría a muchos países que han
permanecido indiferentes ante la crisis venezolana comprender mejor e
involucrarse con lo que sucede en nuestro país; y, sobre todo, obligaría a
Chávez a desplegar la voluntad política que hace falta para alcanzar el
resultado que toda Venezuela espera de esa negociación.
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