Un saludo a la bandera
Adolfo R. Taylhardat
Como
era de esperarse, la "cumbre" de Margarita resultó un fiasco. Después
de tanta propaganda y de tanto dinero invertido en seguridad y logística, la
movilización de doce mandatarios de distintos países hasta Porlamar fue una
pérdida de tiempo y de esfuerzo. "Cumbre energética infructuosa" la
calificó La Nación, de Buenos Aires.
Basta
con leer la "Declaración Final" que a punta de fórceps pudo emitir la
reunión para apreciar que apenas fue posible lograr consenso alrededor de una
serie de generalidades y la reiteración de manifestaciones de intención que no
se han podido materializar.
La
incorporación de otros países suramericanos a la "OPPEGASUR"
creada por Chávez, Kirchner y Morales, que debía
producirse durante la "cumbre" quedó en veremos. Los demás
gobernantes saben que ese nuevo cartel, combinación de intereses opuestos
porque reúne a exportadores con importadores, no tiene futuro. Comenzando
porque su principal promotor -Venezuela- ni siquiera puede cubrir sus propias
necesidades. Sobre esto la Declaración Final apenas pudo "expresar su
reconocimiento a las iniciativas tomadas por distintos países para incrementar
la cooperación y la coordinación de sus esfuerzos de energía, tales como PETROSUR, PETROANDINA, PETROAMÉRICA, Petrolera Cono Sur y otras
iniciativas". Evidentemente "otras iniciativas" se refiere
a OPPEGASUR, que como ALBA
no pasa de ser una quimera.
Sobre
el controvertido tema del etanol, que se sabía de antemano sería motivo de
confrontación entre Chávez y Lula, el mandatario venezolano en uno de sus
mejores despliegues de malabarismo político dio marcha atrás y se tragó todas
sus afirmaciones sobre los efectos perversos de ese biocombustible.
"Chávez da otra vuelta en U sobre el etanol" dijo el Wall Street Journal.
"Venezuela endulza su retórica sobre el etanol brasileño" dice un
informe de Stratford y agrega "el presidente
Hugo Chávez retrocedió en su oposición a los planes de Brasil de expandir la
producción de etanol". El párrafo de la "Declaración Final" es
la mejor demostración de cómo se pueden decir cosas sin decir nada. Allí se
expresa "reconocimiento al potencial de los biocombustibles
para diversificar la matriz energética suramericana. En tal sentido, conjugarán
esfuerzos para intercambiar experiencias realizadas en la región, con miras a
lograr la máxima eficiencia en el empleo de estas fuentes de forma tal, que
promueva el desarrollo social, tecnológico agrícola y productivo".
Según
la prensa, los únicos resultados concretos consistieron en crear un
"Consejo Energético Ministerial", para lo cual no se necesitaba
realizar una cumbre, y la decisión de cambiar el nombre de Comunidad
Suramericana de Naciones (COSUNA) por el de Unión de
Naciones del Sur (UNASUR) con lo cual según Chávez se
logró materializar "un esfuerzo unitario que ya lleva 200 años". ¡Una
auténtica proeza!
El
ambiente que predominó en la cumbre se refleja no solamente en la Declaración
Final. Evo Morales firmó ese documento "con
observaciones". Chávez tuvo que ofrecer a Lula que eliminará los aranceles
a la importación de etanol. Kirchner emprendió viaje
de regreso antes de que firmara la Declaración. "Prevalecieron la retórica
latinoamericana y el protagonismo del mandatario venezolano quien limitó la
cobertura periodística y la utilizó con fines proselitistas", escribió El
Mercurio, de Santiago de Chile.
Pero
lo más revelador de todo es la pose de la presidenta Bachelet
en la fotografía, publicada ampliamente en la prensa venezolana, donde aparecen
todos los participantes. Mientras los demás gobernantes parecen celebrar alguna
de las payasadas características de Chávez, la Presidenta aparece casi dándole
la espalda, mirando hacia el infinito con una cara que revela aburrimiento e
incomodidad.
El
Comunicado Final de Margarita es un auténtico saludo a la bandera y pone en
evidencia que la proliferación de cumbres, o más bien su rutinización,
lejos de acercar a los gobernantes y a sus pueblos, son una gastadera
inútil de plata y de esfuerzos.
Quizás
los verdaderos beneficiados somos nosotros, los venezolanos, porque los
gobernantes que participan en esas cumbres, los altos funcionarios que los
acompañan (incluso los venezolanos), los corresponsales de los medios que las
cubren y el público en general que observa las transmisiones internacionales de
esos eventos, cada vez se dan mejor cuenta de las inconsistencias, las
bufonerías y las ridiculeces del tipo.