EL UNIVERSAL
Opinión
– Miércoles 23 de septiembre de 2009
¿UNASUR O DESUNASUR?
Adolfo
R. Taylhardat
UNASUR
significa “Unión de Naciones del Sur”. En el tratado constitutivo los miembros
dicen estar seguros de que la integración es un paso definitivo hacia el
fortalecimiento del multilateralismo y la vigencia del derecho en las
relaciones internacionales. Esta afirmación es una verdad de Perogrullo pero se
queda corta porque la integración es mucho más. Como lo ha demostrado Europa, es
la clave del desarrollo, del progreso. Es además el mecanismo fundamental para asegurarle
a los pueblos mejores condiciones de vida.
Para
que UNASUR pueda existir como un sujeto de derechos internacional con
personalidad jurídica propia, se requiere que el tratado constitutivo entre en
vigor y para ello es necesario que por lo menos nueve de los doce gobiernos que
lo firmaron el 23 de mayo de 2008 depositen sus respetivos instrumentos de
ratificación de ese instrumento. Hasta ahora solo tres: Bolivia, Ecuador y
Venezuela (¿simple casualidad?), han ratificado. El teniente coronel presidente
y sus dos leales compinches en la subregión se abalanzaron a ser los primeros
en ratificar, para facilitarle al primero la oportunidad de pretender
manejar a su gusto y antojo la
incipiente institución.
Cuando
el presidente Lula lanzó la loable iniciativa que condujo a la creación de
UNASUR no se imaginó que aún antes desde su nacimiento, porque, como señalé,
todavía no ha quedado formal y legalmente
establecida, esa organización cargaría con
“un plomo en el ala” y que, en lugar de unir se iba a transformar en un factor
de desunión de la naciones del sur, en DESUNASUR.
Efectivamente,
el inquilino de Miraflores prácticamente ha venido arreando a los demás
gobiernos de UNASUR a reunirse cada vez que se le antoja para tratar temas que
le vienen “de perillas” para desplegar su consabido protagonismo y su arraigado
narcisismo. Primero fue la cumbre extraordinaria celebrada el 16 de septiembre
en Santiago de Chile para considerar la situación política de Bolivia. En esa
ocasión se rasgó las vestiduras apoyando incondicionalmente a Bolivia y llegó
al exabrupto de anunciar que estaba dispuesto a actuar militarmente y derramar sangre venezolana para defender a Evo Morales
de una presunta conspiración contra su gobierno. Luego fue la cumbre
extraordinaria de Bariloche promovida por el teniente coronel presidente con el
propósito de condenar al Presidente Uribe por los acuerdos militares que ha
concertado con los Estados Unidos. Por ser un acontecimiento reciente que
todavía está fresco en la mente de mis lectores creo que no hace falta comentar, pero lo cierto es que salió
con las tablas en la cabeza.
La semana pasada se efectuó la reunión del
Consejo de Ministros de la Defensa de UNASUR en la cual una vez más el
gerifalte pretendió manipular a la organización para colocar a Colombia nuevamente en el banquillo de los acusados, lo
que llevó al gobierno del vecino país al borde de retirar su firma al tratado
constitutivo de la organización.
Lo
ocurrido en esas tres reuniones, a las cuales hay que agregar la preparatoria
de la reunión de los ministros de la defensa en la cual poco faltó también para
que terminara en reyerta, con toda seguridad debe estar pesando en el ánimo de
los gobiernos y debe plantearles serias dudas acerca del futuro de UNASUR. Soy
de los que piensan que UNASUR tiene sus contados y el autor del fracaso de ese
laudable esfuerzo de integración tiene nombre y apellido. No es otro que el
dictador que tenemos aquí por su empeño en manejarla a su antojo y porque lo
´`único que le interesa es utilizar a UNASUR para crear otra URSS: la Unión de
Repúblicas Socialistas del Sur bajo la ideología (si es que puede llamarse así)
del comunismo del siglo XXI.
Los
únicos que parecen tener clara esa situación son los gobiernos de Colombia y de
Perú. No tengo la menor duda de que para el gerifalte venezolano y su comunismo
del siglo XXI Colombia es un eslabón
clave. Los frecuentes conflictos que provoca o genera con Colombia sólo
persiguen generar una reacción que degenere en un conflicto armado para, con el
apoyo interno de las narco-guerrilla-terrorista instalar en Bogotá un gobierno
fidelo-chavo-comunista como el que está implantando aquí. La siguiente víctima
sería Perú. De allí continuaría la marcha con la chequera munífica para seguir
captando los satélites de la nueva URSS.
Pareciera
que los demás gobiernos democráticos de este subcontinente, o no se han dado
cuenta de las verdaderas intenciones del
dictador venezolano, o simplemente consideran que los negocios y los beneficios
que obtienen del manirrotismo del gobernante venezolano son más importantes que
los valores de libertad, independencia y soberanía.
El
gobierno de Colombia habló “claro y raspado” cuando dijo que no está dispuesto
a sacrificar la soberanía en la búsqueda de consensos en la región. "Colombia no puede sacrificar, intereses
nacionales que son vitales por el prurito de estar bien con todos países de la
región” advirtió el canciller Jaime Bermúdez.
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