|
Una
opinión desatinada y deplorable Adolfo
R. Taylhardat 28-05-08 El único dirigente chavista hacia quien tengo cierto respeto es Alí
Rodríguez. Por lo general se ha caracterizado por su sobriedad y su
discreción. Mientras se desempeñó como Canciller se comportó con la seriedad
y la circunspección que la naturaleza de esa función exige. Sin embargo, no puedo dejar pasar, sin comentarlas, sus recientes
afirmaciones ofrecidas en una entrevista de prensa, relacionadas con la
conformación y el funcionamiento del Servicio Exterior. A continuación lo que dijo Rodríguez Araque y los comentarios que me
merecen sus desafortunadas aseveraciones. Dijo que durante su permanencia en Cuba había seguido "de cerca
la preparación de los funcionarios jóvenes del Ministerio de Relaciones
Exteriores que son enviados a la isla para hacer maestrías en Relaciones
Internacionales y ocupar puestos clave en la Cancillería cuando hayan
aprendido la cartilla diplomática cubana". Sobre este tema, recomiendo la lectura de mi artículo titulado
"Diplomáticos Express", ¿Es que acaso esas materias -y muchas otras más- indispensables para
la formación del diplomático no figuran en el pensum de las Escuelas de
Estudios Internacionales de la UCV y de otras Universidades venezolanas? Esta
afirmación es una muestra más del desprecio del régimen hacia las
instituciones académicas venezolanas. Pero claro, hoy día lo que se hace en
Cuba es mejor. Por otra parte, ¿cómo es que esos jóvenes hacen un postgrado
cuando, hasta donde sabemos, muchos de ellos no tienen siquiera el pre-grado? R.A. añade: "Desde luego que el estudio de la carrera
diplomática es importante, pero no es esencial. Los mejores diplomáticos de
la historia no estudiaron en la universidad". Es verdad que muchos diplomáticos brillantes que registra la
historia no pasaron por la universidad o no tuvieron ocasión de formarse en
un instituto especializado. Hay personas excepcionales que se distinguen por
su buen juicio, inteligencia y capacidad de negociación, condiciones
indispensables en un buen diplomático. Evidentemente, cualquiera puede ser
diplomático, pero un buen diplomático no se improvisa. Para ser buen
diplomático, además de aquellas condiciones personales imprescindibles, se
requiere una buena formación académica. La diplomacia se ha convertido en un
oficio multidisciplinario que exige el dominio de muchos conocimientos que
sólo se obtienen en las instituciones especializadas. Mas adelante R.A. dice: "La diplomacia tiene que ser política
porque eso es lo que hace un funcionario en el exterior. Las relaciones
exteriores son las más políticas de todas las relaciones. El buen
diplomático, antes que nada, tiene que tener una comprensión amplia y
profunda de los intereses de la nación, para que pueda defenderlos. Además,
debe tener conocimientos de la geopolítica mundial. A fin de cuentas, a la
diplomacia le corresponde la tarea de proyectar la política interna". Esto que dice R.A. resulta una perogrullada. Por supuesto que la
actividad diplomática es esencialmente política y no puede estar desvinculada
de la política interna. Pero tampoco debe estar politizada. De lo que se
trata es que la política exterior esté dirigida a contribuir a impulsar el
progreso y el desarrollo del país. La política exterior debe perseguir a
aprovechar las oportunidades de la cooperación internacional y a promover las
inversiones extranjeras, públicas y privadas que ofrecen las relaciones con
otros países para contribuir a elevar las condiciones de vida de la
población. Pero este no es el caso en la situación actual de Venezuela.
Internacionalmente Chávez utiliza los instrumentos de la diplomacia
venezolana para tratar implantar en otros países su proyecto político
personal inspirado en el modelo cubano, valiéndose de los ingentes ingresos
provenientes de la bonanza de los precios del petróleo. A la pregunta del periodista acerca de si la Cancillería
"arrincona" a los funcionarios de carrera, R.A. responde: "No
se trata sólo de afinidad ideológica. Se trata de intereses políticos y ni
siquiera son partidistas. Hay que ver cuáles son hoy los intereses políticos
de Venezuela". En otra parte de la entrevista R.A. dice: "Más de 80% de los
diplomáticos cubanos, cuando empezó la revolución, venía de la calle, porque
los empleados que había dentro de la Cancillería en esa época respondían al
régimen de Fulgencio Batista. Y la nueva política requería de nuevos
funcionarios… puedo señalar que en el aparato público tienen que ingresar
nuevas generaciones. Eso ocurre, más aún si hay un proceso revolucionario,
con una nueva visión multipolar". Después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, al
llegar al poder el primer gobierno de Acción Democrática bajo la presidencia
de don Rómulo Betancourt, cundió en la Cancillería el temor de que
sobrevendría una ola de sectarismo que conduciría a la destitución de los
funcionarios del "antiguo régimen". Nada de eso ocurrió. La nueva
democracia supo aprovechar la experiencia y la idoneidad de quienes se
desempeñaban en el Servicio Exterior y abrió las puertas al ingreso de los
internacionalistas egresados de la UCV. Así comenzó un proceso de
profesionalización del Servicio Exterior que fue respetado por todos los
gobiernos democráticos. Durante los 40 años de la era democrática se cumplió
un exitoso proceso de profesionalización del Servicio Exterior que permitió a
Venezuela contar con diplomáticos sobresalientes y de sólida experiencia.
Durante ese período la diplomacia venezolana alcanzó un elevado y bien
merecido prestigio y reconocimiento internacional. En los foros
multilaterales la voz de Venezuela siempre fue escuchada con respeto, interés
y atención y la presencia del país era solicitada por su objetividad, su
ecuanimidad y por lo acertado de la conducta internacional del país. Hoy día la diplomacia venezolana está dirigida desde La Habana. Las
instrucciones a los funcionarios diplomáticos no se generan en el Ministerio
de Relaciones Exteriores. No tengo prueba de ello, pero me aseguran que en la
sede del MRE opera una Cancillería paralela integrada por funcionarios
cubanos que planifican y deciden las posiciones que adopta el país en el
escenario internacional. Hay denuncias concretas de que las embajadas
venezolanas no mueven un dedo sin consultar a las embajadas cubanas. Además,
en algunos consulados y embajadas venezolanas operan funcionarios cubanos.
Tengo también información de que las embajadas venezolanas han sido
convertidas en "células políticas". Cada Embajador se lleva consigo
su propio "clan" o "tribu de funcionarios" que trabajan
como operadores políticos del régimen. Según R.A. "Un título universitario no hace a un diplomático.
La necesidad de los académicos y de carrera es un prejuicio tonto". |
|
|