EL
UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 22 de abril de 2009
Una
cumbre llena de sorpresas
Adolfo R. Taylhardat
A la Cumbre
de las Américas se le puede aplicar aquella moraleja francesa que dice: "Tout est bien ce que finisse bien" (es bueno todo lo que termina bien). Tan
bien terminó la cumbre que todos los mandatarios han expresado su satisfacción.
"Una cumbre histórica" dijo el presidente Calderón de México.
"La cumbre, sin ser perfecta, se acercó a la perfección", dijo el
presidente Torrijos de Panamá, frase que ha sido después plagiada por el
teniente coronel presidente. La Casa Blanca también califica la califica de
exitosa, especialmente para el presidente Obama "porque recibió abundantes
elogios de sus colegas de la región, por su intención de establecer con ellos
una alianza entre iguales".
Hasta el
teniente coronel presidente, quien la víspera había despotricado contra la
Cumbre y había amenazado con sabotearla, terminó reconociendo el "total
éxito" de la reunión y saludando el "nuevo clima en el
continente" que presagian sus resultados. "De todas las cumbres a las
que he asistido esta es sin duda la más exitosa.
Esto último
es una de las principales sorpresas que ofreció la Cumbre. Antes de viajar a
Puerto España el teniente coronel presidente había anunciado que en Trinidad
"se escucharían los cañones" y afirmó que uno de los objetivos de la
contra-cumbre de Cumaná era "afinar la artillería" que se emplearía
en Puerto España. Pero la retórica flameante del inquilino de Miraflores que
presagiaba un nuevo "show mediático" para enturbiar el desarrollo de
la Cumbre, fue sofocada a tiempo por la presidenta Fernández de Kirchner quien
en su intervención como primera oradora en la plenaria de la cumbre pidió que
no se empleara "la artillería o la pirotecnia verbal"• Lo cierto es
que ha sorprendido no sólo la brevedad sino, sobre todo, el comedimiento que
observó en sus intervenciones el teniente coronel presidente.
Otro aspecto
digno de destacar es la habilidad con la cual se desempeñó la diplomacia
norteamericana y sobre todo el presidente Obama. Anticipándose a la andanada de
exigencias que se anunciaban para que Estados Unidos pongan fin al embargo
contra Cuba, el mandatario norteamericano, astutamente, antes de llegar a
Trinidad y Tobago, dispuso el levantamiento a las restricciones que limitaban
los viajes de ciudadanos cubano-norteamericanos y las remesas de dinero a sus
familiares en la isla. Además anunció su disposición de dar una nueva
orientación a las relaciones de su gobierno con Cuba. Tomándole la palabra a
Raúl Castro quien durante la cumbre de los "tiramealgo"
del ALBA dijo estar dispuesto a dialogar con Estados Unidos, Obama manifestó
estar también dispuesto a abordar con el gobierno cubano "una amplia gama
de asuntos, desde los derechos humanos y la reforma democrática, a las drogas,
la inmigración y cuestiones económicas". De esta manera el presidente
Obama desactivó el detonante del taco de dinamita que el teniente coronel
presidente y sus adulones tenían preparado para hacer fracasar la Cumbre.
Pero por encima de todo lo que contribuyo definitivamente a crear un ambiente
favorable en la reunión fueron las seguridades que ofreció el presidente Obama
de propiciar una nueva relación e imprimir una nueva dirección y una nueva
visión de Estados Unidos hacia el continente. El presidente norteamericano
cautivó a sus pares de la región con su lenguaje franco, sencillo,
constructivo, y su propósito de tratarlos como verdaderos socios, en pie de
igualdad.
No obstante
este ambiente propicio, la Cumbre terminó sin que se registrara consenso
alrededor de la declaración final. Sobre lo que ocurrió solamente han
trascendido "mensajes crípticos". "La declaración en sí misma no
tiene la completa aprobación de los 34 países presentes. Algunos de ellos
mostraron sus reservas". "La V Cumbre de las Américas clausuró sin
unanimidad en la declaración final", según anunció el primer ministro
Patrick Manning, anfitrión del evento, sin detallar
cuáles fueron los gobernantes que rehusaron firmarla. Pero ya sabemos que los
agua-fiestas fueron el teniente coronel presidente y algunos de los presidentes
que él controla como capataz de cuadrilla de obreros. Digo algunos porque los
primeros ministros de Dominica y de San Vicente y las Granadinas
sí firmaron.
Para evitar
que la reunión terminara en un verdadero despelote, se acordó una fórmula sin
precedentes, consistente en que la declaración final la firmara el primer
ministro Manning en representación de todos. El Jefe
del Gobierno anfitrión recibió el encargo de firmar el documento "con el
mandato de todos los líderes presentes que no lograron ponerse de acuerdo sobre
todos los puntos expresados pero sí quisieron mostrar un consenso fruto del
ambiente constructivo y cordial que reinó en la Cumbre". Esto, además de
insólito implica una cesión de soberanía por parte de los mandatarios.
Según el
presidente Calderón "El documento ganó el consenso independientemente del
matiz de que no fue unánime en todo su contenido" "Hubo consenso en
el documento. Incluso quienes expresaron reservas propusieron que fuera
adoptado por consenso".
De manera que
en Trinidad y Tobago nació una nueva forma, muy diplomática, de adoptar
documentos diplomáticos: consenso con disenso. Esto, en sí mismo, es una
ridícula incoherencia. Pero había necesidad de salvar las apariencias y
evitarle al gobierno anfitrión un revés porque el fracaso de la Cumbre habría
sido un descalabro para su gobierno.
Otra sorpresa
es el giro que, por obra de la Cumbre, han tomado las relaciones del teniente
coronel presidente con el gobierno de Estados Unidos. Esto lo trataré en mi
artículo de la semana próxima.
www.adolfotaylhardat