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Opinión - Miércoles 04 de febrero, 2009
Un acto de vandalismo
imperdonable
Adolfo
R. Taylhardat
Lo ocurrido
el fin de semana pasado en la sinagoga de Caracas no merece otros calificativos
que los de vandalismo, barbarie, salvajismo, llevado a cabo por un grupo de
inadaptados, sanguinarios e impíos.
Los
venezolanos, que somos en mayoría católicos, siempre hemos tenido un elevado
respeto hacia todas las demás religiones, particularmente la judía y la
musulmana. Estoy seguro de que la totalidad de los venezolanos, de cualquiera
de las religiones que existen en el país, y me atrevo a incluir a los
compatriotas que profesan la fe musulmana, reprueban ese repugnante acto de
salvajismo perpetrado contra el templo judío de Caracas.
Nunca en
nuestro país había ocurrido algo semejante. La saña, el odio, que se aprecia en
la manera como se llevó a cabo la profanación de la Sinagoga, no tiene
precedentes en Venezuela y es sólo comparable con lo que ocurrió en Europa bajo
el imperio del nazi-fascismo.
No quiero pensar
que algún funcionario del Gobierno haya ordenado esa abominable e infame
acción. Pero no cabe duda de que como dice el comunicado de la Confederación de
Asociaciones Israelitas de Venezuela, ese crimen es "producto del clima
antijudío que se ha desatado en Venezuela como consecuencia del discurso
incitador al odio del gobierno nacional".
Fue sólo el
domingo pasado por la tarde cuando el teniente coronel presidente se dignó
condenar el ataque a la Sinagoga, pero como era de esperarse, no perdió la oportunidad
para tratar de explotar electoralmente este lamentable suceso. Empleando su
consabida táctica del espejo para atribuir a otros lo que hacen sus huestes,
acusó a la "oligarquía" de "tratar de ensombrecer la próxima
victoria popular el 15 de febrero". Según él "hay que preguntarse ¿a
quién favorece la violencia?".
¿Acaso no es,
precisamente, el lenguaje violento y agresivo del teniente coronel presidente,
del canciller Nicolás Maduro, del ministro del Interior y Justicia Tarek el
Aisami y de muchos pseudoparlamentarios de la Asamblea Nacional lo que
seguramente sirvió de estímulo para que los mismos antisociales sociales
fanáticos que ha venido utilizando y financiando el Gobierno para agredir a la
disidencia llevaran a cabo esa atrocidad?
Entonces, ¿de
dónde proviene y a quién es que favorece la violencia?
De nada valen
las declaraciones y los golpes de pecho del teniente coronel presidente, de
Maduro o del ministro de Información reprobando lo ocurrido cuando sabemos que
son palabras huecas, declaraciones para la galería, que sólo pretenden ocultar
el rubor que les causa constatar el salvajismo de sus propios agentes
encubiertos de la violencia y el odio.
Como dice el
comunicado de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela:
"Este acto vandálico llevado a cabo en Shabat, el día más sagrado del
culto judío, constituye un hecho condenable y sin precedentes en la historia de
nuestro país y ofende profundamente a todos los judíos radicados en
Venezuela". Por eso lo condenamos y agrego que no es solamente a los
judíos radicados en Venezuela a quienes ofende ese acto, sino a todos los
venezolanos, sin distinción de credo religioso, que admiramos al pueblo judío
por el valor, la tenacidad y la perseverancia con que ha afrontado todas las
adversidades que le ha deparado su historia y su existencia como Estado libre y
soberano.