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Caracas, miércoles 23 de abril, 2008 |
UNA CARTA CONMOVEDORA
Adolfo R. Taylhardat
No
conozco a Patricia Garbi. Tampoco conozco a su padre, Antonio José Garbi
Fernández, el ganadero venezolano de 59 años de edad, secuestrado el 27 de
marzo del 2007 en El Piñal, Estado Táchira, de quien todavía no se tienen
noticias.
Solamente
he leído en la Página Web de Globovisión la conmovedora carta que Patricia le
dirige a Hugo Chávez exigiéndole que asigne a los rehenes venezolanos, por lo
menos, el mismo interés, la misma atención y la misma urgencia que le atribuido
a las personas secuestradas por la narco-guerrilla-terrorista colombiana.
En su
carta Patricia habla de la tristeza que ha sentido al enterarse de la
liberación de los rehenes colombianos como resultado de la intercesión de
Chávez. Dice que por supuesto se contenta que esos rehenes hayan podido volver
al seno de sus familias. Reconoce que ese hecho debió causarle alegría porque,
por humanidad, por convicción y hasta por compasión la felicidad de los demás
es siempre motivo de regocijo propio. Sin embargo este último sentimiento quedó
ahogado por la depresión que le causa a Patricia constatar que Hugo Chávez
“enfoca todas sus fuerzas en rescatar y salvar a personas de otros países que
no son no su responsabilidad directa”.
Por
supuesto, y esta es una acotación mía, el rescate de venezolanos no produce el
mismo beneficio mediático que la liberación de los secuestrados en poder de las
FARC. Como ha quedado evidenciado, el único interés de Chávez en su empeño por
mediar para lograr la liberación de los rehenes
colombianos es su afán de protagonismo internacional. Su pretensión de aparecer
como gran pacificador. Mientras, tanto, dentro de nuestro país amenaza
constantemente con guerra y crea un ejército de reservistas, una milicia
personal para mantener amenazada y amedrentada a la disidencia.
Patricia
recuerda en su carta que su padre, nacido en Apure, no es ningún desconocido.
Es hijo del Capitán José Garbi, quien se sublevó contra la dictadura de Juan
Vicente Gómez y es nieto de Amadeo Garbi, el autor de la letra del himno del
Estado Apure, que lleva como título “Vuelvan Caras”, la misma denominación que
Chávez la ha dado a una de sus “misiones”. Además proviene “de una familia
honrada que ha aportado todo lo que ha podido a su país en el trabajo de la
tierra””.
Patricia
le exige a Chávez que le permita llegar a él de la misma manera como lo hicieron
los familiares de los rehenes colombianos. También pide que le expliquen por
qué, cuando los familiares de secuestrados venezolanos se reunieron con el
anterior y con el actual Ministro de Relaciones Interiores y Justicia, lo único
que recibieron fue el ofrecimiento de que harían lo necesario para rescatar a
los secuestrados y que desde entonces lo único que ha habido es una llamada
telefónica para decirles que están “estudiando el caso” pero que no disponen de
personal, de vehículos para movilizarse, de dinero para cubrir gastos de
comida, hotel, gasolina ni de equipos técnicos suficientes para realizar una
investigación efectiva.
Sin
embargo, y esta es otra acotación personal mía, en el caso de los colombianos
si se dispuso de aviones, helicópteros, personal de apoyo y de todo lo
necesario para recibir a los rehenes. Y no solamente eso, hubo todo el dinero
necesario para mantener a los familiares de los rehenes alojados durante
semanas y meses en un lujoso hotel de Caracas, con todos los gastos cubiertos
por el Estado venezolano y para mantener en las mismas condiciones a la
Senadora Piedad Córdova todo el tiempo
que quiso mientras se efectuaba la operación. ¿Y quien cubrió los gastos de los
presidentes y altas personalidades que participaron en la primera operación que
fracasó porque las FARC no pudieron entregar al niño Emanuel?
“¿Por
qué con el país tan rico, Presidente, - pregunta Patricia – nosotros debemos
sacar de donde no tenemos los recursos para cubrir comisiones (cuando la hay)
para continuar las labores de búsqueda de cada uno de nuestros familiares?
Los
párrafos de la carta de Patricia que me permito transcribir a continuación son desgarradores. Pero al mismo tiempo ponen
al desnudo la indolencia, la indiferencia, la negligencia, la incuria, con que
las autoridades venezolanas responsables, comenzando por el propio Chávez,
actúan (o más bien dejan de actuar) en situaciones como esta.
“Yo no
he recibido noticias del avance de las
investigaciones desde la última vez que solicité se reactivara la búsqueda” “Ya
deberían tener una respuesta, o por lo menos avances en el trabajo, o al menos
un plan, una estrategia, una luz, pero no, lo que hay que hacer es simplemente esperar, eso es todo lo
que dicen, espere que nos comuniquemos con usted, y aquí estoy esperando como
todos; y sigue pasando el tiempo y mi papá sigue secuestrado.”
“Frustración,
impotencia y rabia es lo que siento
mientras trato de ser paciente y todo lo que veo en las noticias es
a mi Presidente Chávez preocupándose por conflictos internacionales que no nos
competen. ¿Enviaría usted Presidente a los cientos de militares que mandó a las
fronteras por el incidente entre Colombia y Ecuador a buscar a mi papá y a
todos los secuestrados venezolanos? ¿Les daría usted el apoyo que necesitan
(aéreo, terrestre, económico) para conseguir a todos los secuestrados? ¿Cumpliría
Ud. con esa obligación de Estado que tiene con nosotros?”.
“A uno
se le va agotando la paciencia al ver el desinterés de su parte en resolver los
secuestros de los venezolanos, enfrascándose Ud. En la discusión de que si los
tienen o no las FARC o el ELN o los paramilitares. Lo real Sr. Presidente, es
que nuestros familiares no están con nosotros, que fueron secuestrados por
algún grupo, que están privados de su libertad, sin importar si ese grupo
debe ser reconocido como beligerante o
como simples delincuentes. Par mi quienes tengan a mi papá son unos
delincuentes cuyas acciones deben ser acabadas por parte de su gobierno, siendo
que nuestra realidad actual es que no
sabemos siquiera si ese ser querido está vivo o no.”
“¿Cómo es posible
que mi papá tenga que vivir preso en el monte porque no ha habido manera
efectiva de dar con su paradero?, pues no es imposible y así como se han
movilizado helicópteros, aviones, médicos y enfermeros (cruz roja) y grupos de
funcionarios para el rescate de rehenes colombianos, yo le EXIJO como
venezolana al presidente Chávez que se enfoque y movilice a cuantos y cuanto
sea necesario para conseguir a todas esas personas, que como mi papá se
encuentran en un gran sufrimiento mientras están en cautiverio injustamente.
Para ello no necesita permiso como lo solicitó al Presidente Álvaro Uribe para
ir hasta el Caguán (Colombia) a buscar más secuestrados colombianos, los
nuestros están aquí en su propio territorio.”
No es posible
resumir y mucho menos transcribir textualmente todo lo que dice Patricia en su
carta. No sé si el texto completo figura todavía en el sitio web de
Globovisión, pero me atrevo a asegurar que todos los venezolanos nos sentimos
solidarios con ella, con su familia y con las familias de todos los otros
venezolanos que se encuentran secuestrados.
También compartimos
su rabia de ver cómo transcurre el tiempo sin que los cuerpos de seguridad
hayan avanzado en sus investigaciones.
Resulta ostensiblemente chocante constatar la eficacia de esos cuerpos
de seguridad cuando se trata de involucrar a figuras de la oposición en delitos que no han cometido o
cuando se hacen montajes para perseguir e imputar a disidentes inocentes, cuando se
contrasta con la incapacidad para actuar
con efectividad en la localización de los venezolanos secuestrados. ¿Será que
existe alguna forma de connivencia entre ambos sectores?
No puedo, sin
embargo, dejar de copiar aquí el
siguiente párrafo en el cual Patricia emplaza a Chávez a ocuparse de los
venezolanos que, al igual que los colombianos secuestrados, tienen el derecho a
recuperar su libertad y regresar al seno de sus familias.
“Sólo la fe y el
amor a Dios y a la Virgen nos dan fuerzas para intentar seguir adelante por
todos aquellos que nos rodean y con la esperanza de que el día que regrese
nuestro ser querido se sienta orgulloso de todo lo que hemos hecho. Rezaré por
Ud. para que Dios lo ilumine y voltee a mirarnos, para que nos trate con el
mismo compromiso que ha tratado al problema de los secuestrados colombianos
liberados, no quiero, ni queremos las familias de los secuestrados reunión
alguna con ministros o con alguna otra persona que le lleve el mensaje y que
nos prometa respuesta como lo han hecho anteriormente, sin recibirla, EL
MENSAJE ESTA ESCRITO AQUI queremos respuesta directa de Ud. Nuestros
planteamientos ya han sido presentados, nuestros casos ya han sido estudiados,
lo que esperamos es respuesta. Si Ud., considera que se necesita una reunión
más, a pesar de todo, que en todo caso sea con Ud. que tiene el poder de
decidir, y que sea para comunicarnos el plan que YA tiene para solucionar este
problema, o las acciones que ya se han adelantado para ello, pero no para
prometernos que desarrollará un plan, el tiempo se agota y el secuestrado sufre
y muere cada día un poquito, y nosotros también, por lo que no estamos para
perder el tiempo. Ahora dependemos de la ayuda, colaboración, sensibilidad y la
buena fe de los organismos del gobierno para que mi papá vuelva a casa”.
Lo más probable es
que Chávez no ha leído esa carta. Pero si en su entorno alguien que todavía
conserve cierta dignidad llegara a
leerla, lo menos que podría hacer es señalársela a su atención con la esperanza
de que su lectura imprima a su espíritu inconmovible e indiferente alguna
pequeña emoción que lo lleve a reaccionar y a atender el llamado conmovedor que
le dirige Patricia.