Adolfo R.
Taylhardat
El conflicto del Medio Oriente tiene muchas aristas y debe ser examinado
con ecuanimidad, seriedad y objetividad. Es como una “penca de tuna” que hay que
manipular con pinzas para no salir pinchado. Lamentablemente muchos analistas, y opinadores se dejan llevar por sus afectos
fanáticos a favor o en contra de alguno de los bandos envueltos en ese
problema.
Por eso es lamentable que altos funcionarios del gobierno, comenzando por
el propio presidente hayan tomado partido prematuramente en la crisis actual
que afecta a esa sufrida región sin tomar en cuenta las consecuencias que eso
puede traer para el país.
Resulta mucho más escandaloso todavía que, uno de los poderes públicos del
Estado venezolano, el legislativo personalizado en la Asamblea Nacional, haya
dado un paso tan grave como acusar a Israel de estar empleando armas químicas y biológicas en el actual
conflicto.
Llama la atención que con excepción de Globovisión, ese hecho pasó
desapercibido de los medio. En su edición del martes 18, el programa Aló
Ciudadano hizo puente con la Asamblea Nacional en el preciso momento en que el
Secretario de ese cuerpo daba lectura al texto del Acuerdo en el cual se formula
expresamente esa acusación. La gravedad
de la acusación no escapó de la atención de los moderadores de ese programa quienes
inmediatamente reaccionaron preguntando si existen pruebas de que Israel emplea
armas químicas y biológicas. Minutos después, en un nuevo puente con la
Asamblea, Globovisión transmitió el momento en que se proclamó aprobado, por
unanimidad, el referido Acuerdo. Lamentablemente el texto de ese documento no aparece
todavía en la página web de la Asamblea, pero el hecho es incontestable. Millones
de venezolanos escuchamos y vimos lo que ocurrió en la Asamblea.
Esa acusación es extremadamente grave porque las armas químicas y las armas
biológicas son, junto con las armas nucleares, armas de destrucción en masa,
proscritas por la comunidad internacional. Acusar a un país de emplearlas
equivale a acusarlo de genocidio.
Como lo afirmado por la Asamblea no ha sido corroborado, cabe preguntar ¿cómo
es posible que el parlamento venezolano lance alegremente, sin soporte alguno, una
acusación de esa naturaleza? La respuesta es sencilla: la Asamblea se ha dejado
arrastrar, sin medir sus consecuencia, por el fanatismo anti-judío y pro-árabe
que predomina en muchos de sus integrantes.
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