Se lo llevó mandinga

 

Adolfo R. Taylhardat

 

Cuando se instauró la dictadura de Pérez Jiménez mi padre solía decir: “!este país se lo llevó mandinga!” porque parecía que ese régimen se quedaba para siempre.

 

Ahora si como que estamos a punto de que mandinga se lleve el país.

 

Chávez está empeñado en llevar el país hacia un destino que rechazamos la gran mayoría de los venezolanos porque está reñido con nuestra idiosincrasia y con nuestra tradición histórica. Hay quienes califican al régimen de Chávez como “dictadura democrática”. Pero democracia y dictadura son nociones que se rechazan como los polos iguales de un imán. Lo que tenemos no es otra cosa que una vulgar dictadura con disfraz de democracia, caracterizada por una ausencia total del estado de derecho. Un régimen dictatorial que esconde su verdadera cara detrás de la manipulación de los poderes públicos para coartar la libertad de los ciudadanos. Que utiliza al poder judicial para disimular la persecución política y cometer sus fechorías. Que tolera y favorece la corrupción para asegurarse la complicidad de sus compinches y secuaces. Que emplea la fuerza armada para agredir al pueblo indefenso. Pero que  al mismo tiempo engaña al mundo exterior presentando una apariencia de respeto de la legalidad.

 

Soy de los que considera que los cuarenta años de la vituperada cuarta república no fueron tan malos como se pretende hacer creer. Hubo errores y ahora estamos pagando por ello. Pero indudablemente lo más sublime y grandioso que nos dejó esa prolongada experiencia democrática es nuestro arraigo a la democracia y a la libertad. Ese legado no estamos dispuestos a perderlo.

 

El apego a la libertad y el rechazo a la tiranía que nos acuñaron los 40 años de vida en democracia nos ha obligado – por ahora, como dijo alguien -  a enfrentar la dictadura exclusivamente con los recursos que nos proporciona la Constitución. Pero esa contienda no ha sido pareja. Esa conducta democrática se ha enfrentado con un régimen despótico e intransigente que para imponer su proyecto político no vacila en recurrir a toda clase de abuso de poder y sembrar odio y división en una sociedad donde todos, de todos los orígenes, de todos los niveles y de todos lo colores convivíamos en paz y armonía. El verbo agresivo, procaz y amenazador de Chávez sigue marcando la pauta del gobierno y sirve a sus prosélitos como guía y consigna para sus fechorías.

 

Con las elecciones regionales Chávez echó garra a lo poco de democracia y descentralización que quedaba en el país y ha logrado imponer su control sobre prácticamente todos los ámbitos de la geografía nacional. Por eso digo que mandinga está a punto de llevarse el país.

 

Pero no lo permitiremos. Los venezolanos no aceptaremos que una minoría dirigida por un desalmado nos prive de nuestros bienes más preciados: democracia y libertad. Agotados los recursos democráticos, constitucionales pacíficos y electorales, frente a un gobernante inescrupuloso que para imponer su proyecto político no vacila en violar la constitución, avasallar los poderes públicos, sembrar odio, y humillar al pueblo, cualquier forma de resistencia es legitima para hacer que las fuerzas del bien vuelvan a prevalecer. Esto lo debe tener presente la comunidad internacional.

 

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