EL
UNIVERSAL
OPINIÓN – Miércoles 14 de octubre de 2009
“REDEFINIENDO”
EL TERRORISMO
Adolfo R. Taylhardat
El terrorismo es sin lugar a
dudas el crimen más cobarde y traicionero que pueden cometer individuos o
grupos de individuos. Sus autores no discriminan entre niños, mujeres o
personas de cualquier edad ni los efectos que tienen sobre la población
inocente los daños materiales que ocasionan. Cada día surgen nuevas modalidades
de ese abominable crimen. He leído que ahora, para
evitar ser detectados, los suicidas que cometen actos de terrorismo utilizan
explosivos bajo la forma de supositorios.
En 1937 la Sociedad de
Naciones intentó definir el terrorismo ese abominable crimen en los siguientes
términos: “Cualquier acto criminal dirigido contra un estado y encaminado a o
calculado para crear un estado de terror en las mentes de personas
particulares, de un grupo de personas o del público en general.”
En 1996, con la resolución de
la Asamblea General titulada “Medidas para eliminar el terrorismo internacional”
(51/210), las Naciones Unidas emprendieron un nuevo esfuerzo de la comunidad
internacional para combatir ese execrable crimen. En esa resolución la Asamblea
reiteró que “los actos criminales encaminados o calculados para provocar un
estado de terror en el público general, un grupo de personas o personas
particulares para propósitos políticos son injustificables en cualquier
circunstancia, cualesquiera que sean las consideraciones políticas,
filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra
naturaleza que puedan ser invocadas para justificarlos.»
Desde entonces los esfuerzos
de la organización mundial se han estrellado contra los intentos de algunos
gobiernos para excluir de la definición las acciones terroristas que llevan a
cabo los “movimientos de liberación nacional” u otros grupos políticos que
recurren a ese tipo de actos.
Ante las dificultades para
alcanzar consenso en torno a una definición del terrorismo, hubo quien propuso
que se tomara como punto de partida el concepto de “crimen de guerra” por considerar que los actos de terrorismo no
se diferencian en nada de los excesos que se cometen en tiempo de guerra.
En la Cumbre Mundial efectuada
en el año 2005 los Estados Miembros de las Naciones Unidas condenaron
“claramente y sin reservas” el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones independientemente de quien
lo cometa y de donde y con qué propósitos”. En la misma oportunidad los líderes participantes acordaron hacer
cuanto esté a sus alcances para acordar
una definición común de terrorismo y adoptar una convención amplia
contra ese crimen.
Está contemplado que cuando la
comunidad internacional alcance un acuerdo para crear un marco jurídico
obligatorio para combatir el terrorismo se convocará, bajo los auspicios de las
Naciones Unidas, una conferencia de alto nivel “a fin de formular una respuesta organizada
conjunta de la comunidad internacional al terrorismo internacional en todas sus
formas y manifestaciones”.
Durante la reciente visita del líder de la Jamaijiria
islámica socialista libia, el teniente coronel presidente y el gobernante
visitante anunciaron que se habían comprometido a “impulsar una cumbre
internacional” con el objeto de “redefinir” el concepto de terrorismo. Tal
compromiso quedó consignado en la Declaración Conjunta que firmaron al finalizar la visita, en la cual, además, a
pesar de que registraron su coincidencia en atacar el terrorismo “en todas sus
formas”, incluido el “terrorismo de Estado” expresaron su rechazo “a los
intentos de vincular el terrorismo “con el derecho legítimo de los pueblos a la
libertad y la libre determinación.
A nadie puede asombrar el cinismo y la hipocresía
que envuelven esas expresiones.El gerifalte y Khadafi
pretenden “redefinir” un concepto que después de tantos años los gobiernos del
mundo no han podido todavía definir y anuncian, como si fuera iniciativa propia
y original, la convocatoria de una “cumbre” con ese propósito.
No son precisamente el
gobernante libio y el inquilino de Miraflores lo más calificados para lanzar
iniciativas relacionadas con la lucha contra el terrorismo.
En cuanto a Khadafi, el
intento por redimirse de su conducta terrorista, Khadafi ha sido vano. No ha podido borrar el recuerdo
del atentado contra el avión de Pan Am en Lockerbie que costó la vida a 270
personas entre pasajeros y tripulación. Además, el recibimiento de héroe que le
brindó al sujeto convicto de haber
perpetrado ese monstruoso acto de terrorismo, recientemente indultado por el
gobierno británico por razones humanitarias (el personaje sufría de cáncer
terminal de la próstata), ha borrado
cualquier expectativa de que la redención pudiera ser sincera.
Por el lado del gerifalte
venezolano, son públicos y notorios los vínculos activos que mantiene con la
narco guerrilla terrorista colombiana y el apoyo que según evidencias
contundentes le proporciona en armas, dinero y protección de toda índole. También
está a la vista de todos, incluso de la comunidad internacional el régimen de terrorismo de estado que aplica
sobre la disidencia venezolana. Día a día los venezolanos somos sometidos a un
permanente bombardeo de amenazas, abusos de poder, descalificaciones, y toda
clase de agresiones morales, psicológicas y físicas. Como indiqué más arriba las
Naciones Unidas han dicho que terrorismo es cualquier acto encaminado o
calculado para provocar un estado de terror en el público general, un grupo de
personas o personas particulares para propósitos políticos. ¿Es acaso mentira
que en vivimos bajo un régimen que aplica el terrorismo de Estado como política
para sostenerse en el poder?
El pasado oscuro del uno y el presente turbio del
otro son suficientes para desconfiar de cualquier ejercicio que pudieran hacer
para intentar definir el terrorismo. Si bien es cierto que el gobierno norteamericano
borró recientemente a Libia de la lista de países que apoyan el terrorismo, por
culpa del gerifalte Venezuela está desde hace tiempo “en pico de zamuro” y en
cualquier momento puede ser incluida en esa lista.
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