REALISMO MÁGICO .... ¿O
DEUDA DE GRATITUD?
Por Adolfo R. Taylhardat
El caso del fugitivo
Vladimiro Montesinos cada día se convierte más en una tragicomedia. Una rochela
más de la quinta ídem.
Por un lado, uno de los más
altos representantes del Gobierno, “por enésima vez”, se empeña en calificar,
el episodio como “cuento del gallo pelón”, “realismo mágico”, “pura fantasía”,
“ciencia-ficción”. Por otro lado, cada día aparecen nuevos indicios, y hasta
pruebas, de que el ex - asesor de seguridad e inteligencia del ex - presidente
Fujimori, no solamente vino a Venezuela, sino que permaneció tres semanas, y
quien sabe si todavía está aquí.
Mientras los órganos de
seguridad del Estado aseguran no tener conocimiento de ese hecho, periodistas
venezolanos han llevado a cabo eficientes investigaciones con resultados que
podrían ser motivo de envidia para el FBI o la CIA.
El vespertino Tal Cual, en
su edición del pasado martes 19 (Pág. 8) nos cuenta que Montesinos salió de
Lima el 29 de octubre en un velero con rumbo a las islas Galápagos, pero luego
cambió de ruta para dirigirse al Isla Los Cocos en el litoral de Costa Rica.
Allí ciudadanos venezolanos de identidad desconocida le brindaron apoyo y el
día 22 se embarcó en San José de Costa Rica con destino a Aruba, continuando
para Venezuela el día siguiente, donde ingresó bajo el nombre de Manuel Antonio
Rodríguez Pérez.
Tal Cual relata que el 7 de
diciembre Montesinos se alojó en el Hotel Ávila, donde llegó disfrazado
“con una peluca de tono castaño y una
barba de varios días sin afeitar”. Estuvo alojado en la habitación 118,
acompañado de una dama de nombre Aurora Mejía. El 13 de diciembre “huyó del
hotel sin dejar rastro”, pero dejando “la cuenta a medio pagar”. Tal cual
señala “aún no se ha determinado el paradero de Montesinos entre el 23 de
noviembre y el 7 de diciembre”.
La continuación de este
relato, que no es de ciencia-ficción sino de hechos de la vida real, nos la
ofrece El Nacional. En su edición del miércoles 20 (Pág. A2) revela que
Montesinos estuvo internado en el Instituto Diagnóstico San Bernardino donde se
hizo una cirugía plástica de la nariz y los párpados. Allí permaneció durante
veinticuatro horas y el día siguiente
se marchó sin haber sido dado de alta, sin el debido chequeo post operatorio y, nuevamente, sin pagar la cuenta.
Según cuenta El Nacional,
nueve oficiales de policía peruana mantuvieron “un cerco en los alrededores del
Instituto Diagnóstico con el evidente propósito de detener al hombre mas
buscado por las autoridades peruanas”, lo cual no pudieron hacer porque no
tenían autorización para operar en Venezuela.
Como los medios de prensa
venezolanos son serios y no van a inventar una historia de rasgos
pantagruélicos como ésta, El Nacional tuvo la precaución de verificar su información.
El jueves 21 (Pág. A2) informa que la Junta Directiva del Instituto Diagnóstico
San Bernardino, confirmó por boca de su abogado y portavoz que efectivamente, el miércoles 13 de diciembre ingresó
en esa clínica un tal Manuel Antonio Rodríguez Pérez para someterse a una
operación de cirugía plástica, y que dos días después “el incógnito personaje
dejó el centro asistencial sin cancelar la factura”.
En la misma fecha El
Nacional informa que el 1º. de septiembre nuestro Consulado en Lima otorgó una visa a un ciudadano peruano con ese
nombre y que el Gobierno de Costa Rica ha confirmado que “Montesinos entró
irregularmente en ese país bajo una identidad falsa que corresponde al nombre
de Manuel Antonio Rodríguez Pérez, de nacionalidad venezolana”.
El caso, de por sí grave
desde el punto de vista policial, comienza a tomar características delicadas
desde el ángulo diplomático cuando el Primer Ministro y Ministro de Relaciones
Exteriores de Perú, el Ex – Secretario General de las Naciones Unidas, Javier
Pérez de Cuellar, quien, además, fue Embajador en Venezuela, ha pedido a
nuestro Gobierno que colabore en las investigaciones sobre el paradero de
Montesinos y ayude en los esfuerzos para detenerlo. Para formular esa solicitud
de Pérez de Cuellar debe tener motivos fundados.
A todas éstas el Gobierno
sigue empeñado en negar la presencia de Montesinos en Venezuela; el Ministerio
de Relaciones Interiores y Justicia, del cual dependen los servicios de
inmigración y de inteligencia, guarda silencio; la PTJ dice no saber nada del
caso. Todo ello a pesar de que, según el portavoz de la clínica, el viernes
pasado agentes de la PTJ se presentaron allí solicitando información sobre el
fugitivo y que el médico que lo operó les entregó varias fotografías del paciente.
¿Qué interés tiene el
Gobierno en negar lo que ya resulta evidente y comprobado? ¿Por qué nuestro
país, que sentó ejemplo al ser uno de los primeros que ratificó el Estatuto de
la Corte Penal Internacional pareciera
estar protegiendo a un delincuente internacional? Sin pretender dar respuesta
estas interrogantes no puede pasar desapercibido el siguiente párrafo de El
Nacional del 20-12, página A2: “En 1992, Perú dio alojamiento y comida a
decenas de uniformados que participaron en el intento de golpe contra el
entonces Presidente Carlos Andrés Pérez”.
Esto me lleva a hacer otra pregunta: ¿Que papel jugó Montesinos en
aquella oportunidad?