POLITICA
EXTERIOR O POPULISMO INTERNACIONAL?
Todo país tiene una política exterior de
Estado. Es la que se origina de las condiciones propias del país, su origen
histórico, su ubicación geoestratégica, su apego a ciertas convicciones o
principios estrechamente vinculados con
la idiosincrasia de su población y las concepciones filosóficas, políticas,
religiosas o de otra índole
predominantes en su sociedad. Se trata generalmente de conceptos
consagrados bajo la forma de principios en la Constitución Nacional.
En el caso venezolano, la política exterior del Estado esta determinada
además por el origen histórico que se manifiesta en su condición de país multiracial, con honda vocación democrática apegado a la defensa de las instituciones republicanas, contrario a
cualquier clase de discriminación social, racial o religiosa y por lo tanto
partidario de la vigencia plena de los derechos fundamentales del individuo.
Igualmente determinantes son su condición de país ubicado en el hemisferio
occidental, en el continente americano, en la región del Mar Caribe, en la
sub-región andina; el hecho de ser una nación de origen hispánico y por ende
latinoamericano; las raíces europeas,
profundizadas con las sucesivas migraciones provenientes de diversos
países de ese continente.
Esos
factores, consustanciales con la naturaleza y la esencia fundamentales de la
venezolanidad son los que han servido de orientación general de la política
exterior y constituyen el sustento a la coherencia que ha registrado la actuación internacional del país. La
política exterior de Estado que ha mantenido tradicionalmente Venezuela,
particularmente durante los hoy
vituperados cuarenta años de vida democrática, le han servido para granjearse
en el seno de la comunidad internacional un prestigio de país serio,
responsable, respetuoso de sus compromisos y obligaciones internacionales.
Nada impide que,
paralelamente con la política exterior de Estado, pero siempre dentro de los
parámetros de ésta, el gobernante de turno en el ejercicio del poder desarrolle
su propia agenda de política exterior con el objeto de propugnar, propiciar o
alcanzar de ciertos objetivos específicos, concretos, claramente
identificados, a ser alcanzados en el corto tiempo que dura el período
constitucional para el cual ha sido electo. Esa política exterior de Gobierno,
por lo general está determinada por la orientación ideológica del régimen que detenta el poder, por la coyuntura
geo-estratégica prevaleciente, por las circunstancias que influyen en los
intereses políticos o economicos del momento, e incluso por los rasgos de la
personalidad del gobernante de turno.
En las Declaraciones Conjuntas de las recientes visitas del Presidente
Jefe del Estado a otros países y en los pronunciamientos responsables del Ministro
de Relaciones Exteriores se aprecia que los lineamientos tradicionales de la
política exterior de Estado de
Venezuela continúan guiando a nuestra Cancillería. La Política Exterior de Gobierno, en cambio, se presenta
desconcertante. Se advierten una permanente improvisación, una peligrosa
incoherencia, un aventurado afán de protagonismo y un bufonesco populismo
internacional. En las relaciones entre Estados no cabe la improvisación.
Además, es diferente hablar al pueblo en una plaza pública o por televisión y
dirigirse a gobernantes de otros países desde una tribuna internacional.
Ejemplos de improvisación son el anuncio de que Venezuela negociaría su ingreso
al MERCOSUR a espaldas de sus socios de la Comunidad Andina de Naciones y la
declaración de neutralidad en el conflicto interno de Colombia interpretada por
el Gobierno y por la guerrilla colombianos como reconocimiento de la condición
de beligerante de esta última. Muestras de populismo internacional son, entre
otras, el empeño en intervenir en el proceso de paz colombiano cuando es
evidente que en Colombia existen fundadas reservas al respecto. También ciertas
iniciativas espectaculares como la de celebrar en Venezuela "congreso
anfictiónico", la de crear un "frente internacional anti-globalización",
la de invitar a los presidentes centro-americanos a celebrar su próxima cumbre
en Caracas, la de crear una "OPEP latinoamericana".
No se puede dejar de mencionar la famosa carta al "Chacal" y
el voto en la Comisión de Derechos Humanos. Resulta paradójico el supuesto
gesto humanitario hacia un terrorista condenado por la justicia de un país
víctima de cinco de sus atentados con saldo acumulado de 16 muertos y 175
heridos. ¿Puede Venezuela pretender que Francia apoye en el Club de París la reestructuración
y refinanciación de su deuda? El voto
en Ginebra ha sido justificado como manifestación de "política exterior
independiente y soberana". ¿Acaso ese voto, supuesta reacción frente a las
presiones de Estados Unidos, es más "independiente y soberano" que la
tradicional abstención venezolana a pesar de las presiones de Estados Unidos y de los propios países incursos
en notorias violaciones de los derechos humanos?