Nos importa un pito

 

Adolfo R. Taylhardat

 

            “Nos importa un pito lo que digan los Estados Unidos”. Con esta expresión del vicepresidente, enterrando la cabeza en la tierra como el avestruz, el gobierno robolucionario evita escuchar los llamados de diversas personalidades que le piden a Chávez no obstaculizar la solución de la crisis que atraviesa nuestro país.

 

            Recientemente se han levantado voces para manifestar inquietud ante el peligro que corre la democracia en Venezuela.  El Secretario de Estado Collin Powell y el enviado especial para América Latina, Otto Reich reiteraron el compromiso de los Estados Unidos con los esfuerzos del Secretario General de la OEA para preservar la democracia venezolana. Por boca de estos funcionarios el gobierno norteamericano ha instado al gobierno a firmar el acuerdo aprobado por consenso en la Mesa de Negociación y Acuerdos

 

Pero no sólo los Estados Unidos están preocupados por las maniobras  para torpedear el referéndum revocatorio. En su discurso de bienvenida a Chávez con motivo de su reciente visita a Brasil, el Presidente Lula le dijo: “Esperamos que el proyecto de acuerdo pueda ser aceptado como base para que los propios venezolanos encuentren una solución constitucional, pacífica, democrática y electoral a los problemas de su país” (EU 29/04/03, Pág. 1-4)

 

Uno de los argumentos del oficialismo para negarse a firmar el acuerdo es la soberanía nacional. Venezuela no es una colonia, dicen Chávez y Rangel. Es inaceptable “cualquier tipo de injerencia, interferencia, presión o veto... cualquier expresión que pueda amenazar la independencia, soberanía, seguridad y defensa nacional” dicen los directivos de la Asamblea Nacional (EN 03/05/03, Pág. B-9)

 

Todo esto porque el documento de la Mesa propone que la OEA, el Centro Carter y el PNUD, actúen como garantes del cumplimiento de los compromisos contraídos en ese documento.

 

Pero, ¿quien habla de soberanía? ¿Este gobierno que ha convertido el país en una provincia cubana­? ¿Este gobierno que regala a Cuba nuestro petróleo? ¿Este gobierno que permite que el Embajador cubano actúe como un pro-cónsul que, como dice Carlos Blanco,  “aparece abiertamente como un ministro mas en los actos oficiales y se incorporó en el debate político”? ¿Este gobierno que permite que ese embajador insulte a los alcaldes y asuma el papel del Canciller acusando al Embajador Shapiro de intervenir en los asuntos venezolanos? 

 

¿Y...  que dice Chaderton de todo esto?