No estamos solos
Adolfo R. Taylhardat
Sabemos que nuestros problemas políticos los debemos resolver nosotros
mismos. En esto han insistido reiteradamente los diversos interlocutores
internacionales.
Pero es reconfortante constatar que esos interlocutores están
plenamente compenetrados con la realidad venezolana y se han convencido de que,
a pesar del empeño del gobierno de presentar a la oposición como golpista,
subversiva, traidora a la patria y cuanto epíteto se le ocurre a Chávez endilgarle, esa oposición ha
demostrado su determinación de no desviarse de la ruta pacífica,
constitucional, y electoral para resolver la crisis que atraviesa Venezuela.
Las expresiones de Philipp Reeker, portavoz del Secretario de Estado
Norteamericano (calificadas por Chávez como “metida de pata”) demuestran que
desde Washington se mantiene bajo permanente atención la evolución de la
situación venezolana. La inmediata
reacción del Gobierno norteamericano ante las declaraciones de García Carneiro
no es producto, como pretende Chávez, de “tres llamadas de la oposición”. Si la
oposición tuviera tanto poder sobre el Departamento de Estado, hace tiempo
Chávez habría dejado la escena nacional. Simplemente los Estados Unidos están
comprometidos, como integrantes del Grupo de Amigos en la plena aplicación del
Acuerdo del 29 de Mayo. Por ello rechazan categóricamente la intromisión del
estamento militar en el tema del
Referéndum y exigen que los temas políticos sean manejados por civiles.
Otra muestra de la preocupación Internacional por la evolución de la
situación Venezolana es la propuesta de
la Delegación de Eurodiputados que recientemente estuvo en Caracas para
que el Parlamento Europeo adopte una resolución exigiendo que se respeten los
acuerdos del 29 de mayo, haciendo además un llamado para que se celebre “el
referéndum revocatorio con carácter constitucional y democrático, precedido de
un proceso electoral transparente y pacífico”.
Estas manifestaciones de las dos principales potencias políticas y
económicas del mundo no pueden pasar desapercibida a pesar de que al Gobierno
venezolano, según dijo el vicepresidente Rangel en una oportunidad, “le importa
un pito lo que diga la comunidad internacional” No debe olvidarse que en sus
relaciones internacionales los Estados Unidos y la Unión Europea asignan un
valor fundamental a la democracia, al estado de derecho y al respeto de los
derechos humanos.