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Caracas, miércoles 24 de octubre,
2007 |
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¡NO! … ¡AL ESTADO
SOCIALISTA!
Adolfo
R. Taylhardat
Todos los cambios que Chávez pretende
introducir a la Carta Magna convergen hacia un mismo y único objetivo:
proporcionarle la cobertura constitucional para llevar adelante su proyecto
político personal que no es otro que transformar a Venezuela en un Estado
socialista.
Hay quienes dicen que no se debe hablar de “Estado
socialista” como algo perverso porque eso puede herir las susceptibilidades de
los militantes de partidos socialistas aquí y en el resto del mundo. Sin
embargo, la noción de Estado socialista tipifica una categoría de Estado
perfectamente identificable que no debe confundirse con la situación de
aquellos Estados en los cuales ha habido, hay y habrá, gobiernos socialistas o
social-demócratas. En Venezuela hemos tenido gobiernos social-demócratas las
veces que tuvimos presidentes adecos; en Francia gobernó François
Mitterand, un presidente socialista; en Chile la presidenta Bachelet es
socialista; en Brasil el presidente Lula es socialista, en los países nórdicos
predominan los regímenes socialista. Pero todos esos gobiernos respetaron o
respetan la democracia y las libertades individuales y ninguno de ellos pretendió
ni pretende convertir a sus países en Estados socialistas.
El Episcopado venezolano tiene una visión
absolutamente clara a este respecto. En su “Exhortación sobre la propuesta de reforma
Constitucional” los obispos advierten: “Punto
central de esta Reforma es que Venezuela pase de "Estado democrático y
social de derecho y de justicia" (Art. 2 de la actual Constitución) a
ser un "Estado Socialista" (art. 16 de la propuesta). Algunos
artículos condicionan la participación del pueblo y la actividad de los
ciudadanos a la sola construcción del socialismo (Art. 70) y de la economía
socialista (Art. 112).” “En ese modelo socialista el Estado y el gobierno
estarían dirigidos por un Presidente que puede ser reelecto - sólo él
- continuamente, con un poder amplísimmo que le permitiría disponer
constitucionalmente de las instituciones, propiedades y recursos. Esto es
verdaderamente grave y modificaría la estructura fundamental del Estado democrático”.
En su exhortación los obispos proporcionan una
explicación clara de lo que debe entenderse como Estado socialista. “Un modelo de Estado socialista,
marxista-leninista, estatista, es contrario al
pensamiento del Libertador Simón Bolívar y también contrario a la naturaleza
personal del ser humano y a la visión cristiana del hombre, porque establece el
dominio absoluto del Estado sobre la persona. Experiencias de otros países
demuestran que en tal sistema, el Estado y su gobierno se convierten en opresores
de las personas y de la sociedad, coartan la libertad personal y la expresión
religiosa, y causan un gravísimo deterioro en la economía, produciendo una
pobreza generalizada. Ejemplo de ello han sido los países de Europa Oriental,
la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y, más cerca de nosotros, la
República de Cuba. En ese escenario se establecería una discriminación con
quienes no participen de la ideología socialista, se reducirían los derechos
políticos de muchos venezolanos, y la noción de "pueblo" tendría un
carácter restringido y excluyente identificado sólo con las personas y grupos
que adhieren al socialismo”.
“La implantación de un Estado Socialista –
agrega el documento de los obispos - es excluyente, e implica el cese del
pluralismo y de la libertad política y de conciencia de los ciudadanos. Es un
hecho comprobado que dentro de un Estado democrático pueden
existir partidos socialistas y gobiernos socialistas. Abundan
ejemplos en el mundo actual como Chile y Brasil. En cambio, en un "Estado
socialista", tal como se propone en Venezuela, toda la actividad política,
social, económica y cultural se encuadra dentro de una única opción, un
pensamiento único”.
La instauración de la reelección continuada,
indefinida o repetida - y su consecuencia la perpetuación en el poder -, la
degradación de la propiedad privada, la aniquilación de la iniciativa
individual, la eliminación de la autonomía del Banco Central, la sustitución de
la economía mixta por una economía colectiva centralmente planificada, la
asignación al presidente de la atribución para establecer el monto de las
reservas internacional – y su consecuencia, el salvoconducto para disponer de
manera incontrolada e incontrolable del “excedente” para proseguir la política
petro-imperialista -, el trueque de la condición del pueblo como titular de la
soberanía por la de simple “depositario”,
la politización de la fuerza armada y su nuevo papel como cuerpo
“patriótico, popular y antiimperialista bajo el mando directo y exclusivo del presidente,
la eliminación de la descentralización, la atribución y concentración en el
presidente de nuevos y mas poderes, la eliminación del derecho al debido
proceso y de la libertad de información durante los estados de excepción, la imposición de la ideología
socialista y todos los demás cambios que
el espacio disponible no me permite seguir enumerando, insisto, TODOS, ABSOLUTAMENTE
TODOS estos cambios persiguen una misma perversa finalidad: otorgarle carácter
constitucional a la monstruosidad que se pretende cometer contra los
venezolanos de imponernos el “socialismo del siglo XXI” para convertir a nuestro
país en un Estado socialista.
La intención de transformar a Venezuela en un
Estado socialista está presente a todo lo largo de la propuesta de modificación
de la Constitución. En tres ocasiones emplea la expresión “Estado socialista”
(Art. 16, segundo párrafo, Art. 318, párrafos primero y cuarto) y ocho veces la
palabra socialista (Arts. 70, 112, 113, 158, 168, 184, 300 y 321). Además el
artículo 70 se refiere expresamente a los medios para la construcción del
socialismo. Y como para que no quede duda, en sus apariciones en la televisión
y las transmisiones de radio, Chávez no ha cesado de repetir que las
modificaciones de la Constitución persiguen encaminar a Venezuela hacia el
socialismo de inspiración y orientación marxista-leninista como el que existe
en Cuba.
Resulta paradójico, absurdo y anacrónico que
cuando prácticamente han desaparecido los Estados socialistas y apenas quedan
unos pocos, entre los cuales descuella Cuba, en nuestro país se pretenda hacer
resucitar un sistema fracasado que, donde existió, sólo sirvió para hundir a sus
pueblos en la pobreza, dividir a la ciudadanía e impedir el progreso y el
desarrollo.
Como dice el documento de los Obispos, la
propuesta de modificación de la Constitución
“más que enfrentar y
superar la problemática vivida en el país, profundizaría la polarización entre
los venezolanos, dificultaría la convivencia social con el peligro de generar
nuevos odios y conflictos, que queremos evitar”.
Pareciera que eso es precisamente lo que se
persigue, de allí que este régimen utilice el miedo como política de estado, la
amenaza y la intimidación como instrumentos de esa política y la persecución
judicial como mecanismo de tortura psicológica.
En síntesis, en el referéndum sobre la
modificación de la Constitución se juega el destino de la patria y el de todos
los venezolanos. Tenemos que estar concientes de que, como han dicho los
obispos, si se llegase a aprobar la propuesta de modificación de la
Constitución, Venezuela pasara de Estado democrático y social de derecho y de
justicia, a convertirse en un Estado socialista.
www.adolfotaylhardat.net