Caracas, miércoles 09 de abril, 2008
Opinión

 

NEGAR LA EVIDENCIA

Adolfo R. Taylhardat

Este artículo no trata del libro de Bob Woodward que lleva el mismo nombre a pesar de que puede tener alguna relación en cuanto al fondo. El libro de Woodward trata de  cómo el gobierno norteamericano trató de ocultar las evidencias acerca de la situación en el Medio Oriente y más concretamente sobre la invasión a Irak. En mi artículo me refiero a la manera como el régimen actual que gobierna nuestro país se empeña en desconocer las evidencias que están a la vista de todos. Chávez utiliza con insistencia la frase bíblica: “el que tenga ojos que vea”, pero al mismo tiempo trata de esconder o desvirtuar verdad creyendo que la gente es ciega.

Frente a la verdad y la evidencia comprometedora Chávez y sus fantoches recurren al expediente fácil de negar la realidad utilizando la descalificación, la desautorización, el descrédito. Esa es el arma de quien no tiene argumentos ni elementos para desvirtuar lo que es patente, lo que todo el mundo conoce y ve, pero que como les afecta severamente, tratan de esconderlo cubriéndolo con un manto de diatriba e improperios.

Esta semana pasada hemos tenido dos ejemplos de la manera como se emplean agravios e irreverencias para  negar las evidencias.

El primero tiene  que ver  con la documentación que ha extraído el gobierno de Colombia de las computadoras que  pertenecieron a Raúl Reyes. Tal como lo ofreció el Presidente Uribe en la reunión del Grupo de Río, su gobierno le remitió al de Venezuela los documentos encontrados  en las computadoras.

A nadie sorprende la reacción del Gobierno de Chávez. Nicolás Maduro no tardó en informar  a los medios que había recibido de la Cancillería Colombiana “una carpeta  blanca, de plástico, con un conjunto de fotocopias… con nombres extraños, con una claves extrañas” (Nótese el tono despectivo con el cal se pretende desmerecer la documentación recibida”.

Maduro agregó que “No reconocemos, de ninguna manera, la supuesta existencia de esos documentos que dicen sobrevivieron de una computadora”.  Y como no podía faltar la referencia al “imperio”, agregó: “De más está decir que el gobierno de Estados Unidos pretende convertir esta supuesta computadora en la “prueba” para armar un expediente contra nuestro país, contra el Jefe del Estado venezolano”

Claro, como las evidencias extraídas de las computadoras comprometen “hasta la coronilla” a Chávez y su gobierno, hay que descalificarlas a como dé lugar.

La Cancillería le anunció por escrito al gobierno colombiano que le devolvería la documentación recibida.”El gobierno venezolano - dice la nota -  no reconoce los papeles contenidos en la referida carpeta” porque en su opinión “constituyen un conjunto de escritos inconsistentes e incomprensibles que, dicho sea de paso, han sido utilizados desde Colombia y Estados Unidos por medios de comunicación inescrupulosos para una campaña temeraria contra el jefe del Estado venezolano”. Entre  esos “escritos, inconsistentes e incomprensibles” seguramente figuran muchos de los informes y correspondencia de Raúl Reyes que ya han trascendido a los medios y que el público en general ha podido leer y entender que Chávez apoya a las FARC con dinero, con armas y está en total sintonía con esa organización terrorista.

La nota termina diciendo: “ante la imposibilidad de hacer  algún uso útil  y provechoso de la carpeta recibida, el Ministerio de Relaciones Exteriores procederá a devolverla a través de su representación en Caracas” Prácticamente le repitió, ahora de manera oficial y por escrito al gobierno de Colombia aquella grosería de Chávez cuando le dijo a Uribe que se metiera sus documentos en… el bolsillo trasero.

El otro caso es el del Informe que acaba de publicar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el cual contiene un capítulo sumamente contundente sobre Venezuela, el cual se  puede leer en la siguiente dirección  http://www.cidh.org/annualrep/2007sp/indice2007.htm

Entre las constataciones que señala la CIDH en su informe figuran las siguientes: en Venezuela  existe un ambiente hostil hacia la disidencia, lo que impide el pleno goce y disfrute de los derechos protegidos por acuerdos internacionales; por  tercer año consecutivo la CIDH ha recibido denuncias de despidos y otras formas de coacción en el sector público, incluyendo la Fuerza Armada (es decir, que se siguen aplicando las listas Tascón y Maisanta); se observa que continúa la “judicialización de la protesta social y el hostigamiento a organizaciones no gubernamentales defensoras de los derechos humanos; el gobierno venezolano dificulta el trabajo de la CIDH al no permitirle visitar el país para constatar la situación de los derechos humanos y contribuir a su defensa;  los empleados públicos están impedidos, mediante  amenazas, de ejercer sus libertades de expresión reunión o asociación, lo cual deja a esas personas in instrumentos para defender sus intereses, protestas y proponer; reitera su preocupación por la provisionalidad de los jueces y fiscales y señala que ha recibido denuncias sobre violaciones a las normas para el ingreso al Poder Judicial, cuestiona las presiones que ejerce el ejecutivo sobre los tribunales; destaca que persisten los obstáculos a la libertad de expresión y las amenazas y agresiones contra los medios y da cuenta de cuarenta y ocho ataques físicos contra periodistas.

Los venezolanos sabemos que todo lo que dice la CIDH no solamente es verdad, sino que en muchos aspectos se ha quedado corta. Pero nuevamente el gobierno pretende negar la evidencia.

La Cancillería emitió un comunicado en el cual “rechaza categóricamente” todas las constataciones de la CIDH y califica de falsos los señalamientos que hace acerca de violaciones de los derechos humanos en el país. Nuevamente, no podía faltar la acusación contra el “imperio” y afirma que ese informe no es sino “un acto más de la campaña de descrédito internacional” orquestada por los Estados Unidos”. El comunicado afirma que ha analizado “detenidamente el Informe” y se ha percatado “de que las fuentes utilizadas “corresponden a un sinnúmero de aseveraciones ligeras y sin elementos probatorios, producto  de datos y opiniones emanadas de varias organizaciones con una clara tendencia política opositora, contraria a las acciones que lleva a cabo el Estado Venezolano” Agrega que “El Informe reitera la actitud de parcialidad y selectividad  malintencionada con que actúa la CIDH contra Venezuela lo cual pone en entredicho la credibilidad y fortaleza de ese organismo”

El 21 de noviembre de 2007 la CIDH le envió al Gobierno  venezolano una copia del borrador del capítulo de su informe sobre nuestro país con la solicitud de que le proporcionara las observaciones que considerara pertinentes.  El 21 de diciembre de 2007 – dice el informe -  la Comisión recibió las observaciones y comentarios del Estado, los cuales, en lo pertinente, fueron incorporados al presente informe” Además, Venezuela tiene un representante en la CIDH que dispuso de total libertad y oportunidad suficiente para refutar, desmentir o impugnar las constataciones y las evidencias que servirían de base a la Comisión para preparar su informe.

 Reacciones como las que contiene el comunicado de la Cancillería las escuché muchas veces cuando me desempeñé como Representante de Venezuela en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Cuando leía ese comunicado me parecía estar escuchando al representante de Cuba, del Paraguay bajo la dictadura  de Strössner, de Myanmar, de Corea del Norte, de Cambodia, de la Ex-Unión Soviética, de Zimbabue, en fin, de cualquiera de las dictaduras mas execrables que tienen como norma negar los atropellos y las violaciones de los derechos humanos que ocurren dentro de sus países creyendo que la comunidad internacional ignora la realidad que buscan ocultar. 

 

Finalmente, resulta pertinente destacar el siguiente párrafo del Informe: “La Comisión resalta que la actitud del Gobierno de Venezuela (de no permitir una visita de la CIDH a Venezuela) contrapone la buena práctica de casi la totalidad de los Estados Miembros de la OEA de facilitar a la CIDH las visitas a sus países.

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