EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 15 de abril de 2009
MEGALOMANÍA
Adolfo R. Taylhardat
Durante su más reciente periplo el teniente coronel
presidente no ha perdido oportunidad
para dar rienda suelta a su
megalomanía revelando sus delirios de
grandeza.
Cuando llegó a Qatar, la primera escala de su
peregrinaje, anunció: “Un nuevo mundo está naciendo y con él la nueva
geopolítica mundial. Hay un parto histórico, un parto mundial. Está naciendo un
mundo y caen los imperios” Por supuesto, él se considera el promotor de esa
“nueva geopolítica mundial”.
Durante su séptima visita a Irán aseguró que los
nueve nuevos acuerdos firmados con ese país durante su visita –que se suman a los
doscientos cincuenta y tantos concluidos anteriormente – muestran que ambos
países están destinados a convertirse en potencias para darle forma a un mundo
pluripolar. “Demuestran que estamos por el camino correcto y además sabemos cuál
es el contexto internacional y mundial en cuya situación nos hemos encontrado
en Teherán: el mundo está siendo sacudido por una crisis perfecta. Hemos dado
cuerpo a estas ideas con estos nuevo documentos con el propósito de defender
todo el trabajo realizado por un mundo pluripolar”.
En China, país donde ha estado ya seis veces, dijo
que su visita de dos días a Beijing forma parte de la creación de “un nuevo
orden mundial” y aseguró que el péndulo mundial del poder está cambiando hacia
países como Irán, Japón y China. “Estamos creando un nuevo orden mundial, un
mundo multipolar, el mundo unipolar se ha derrumbado”. “Los nuevos polos de
poder en el mundo se están fortaleciendo”.
Pero estos desvaríos no son nada nuevo. Durante la
campaña electoral del 2006 anunció que convertiría a Venezuela en “una gran
potencia mundial”, en “una potencia de este continente”. (¿En qué quedamos? ¿Seremos una potencia
mundial o una potencia regional?) También
dijo que el 3 de diciembre (día de la elección presidencial, comenzaría la
“siembre de las bases para la Venezuela gran potencia”.
Yo no tengo dudas de que Venezuela, con todos los
recursos de que dispone, desde hace mucho tiempo pudo haber sido, no una
potencia, pero si un país con un alto grado de desarrollo donde los venezolanos
disfrutáramos de una calidad de vida mucho más elevada en todos sus aspectos.
Países con menos recursos naturales, o sin ellos como Japón y Suiza entre otros,
lo han logrado. La pregunta que siempre nos hacemos los venezolanos y que nos hacen desde el exterior es: ¿cómo se
explica que, con tantas riquezas y con tantos recursos humanos, Venezuela, en
lugar de avanzar hacia el desarrollo, involuciona hacia el subdesarrollo?
No creo que los venezolanos estemos pensando en
quimeras, como esa de que el país se convierta en una gran potencia, pero si
estamos convencidos que con un pequeño esfuerzo Venezuela podría transformarse en
una más de esas economías emergentes que están superando las rémoras del
subdesarrollo económico. El teniente
coronel presidente, en lugar de estar inventando utopías ha debido dedicarse,
durante esta década perdida que lleva gobernando, a aprovechar los inmensos
ingresos que ha recibido el país para convertirlo, no en una gran potencia sino
en un país desarrollado. Pero ha hecho todo lo contrario. En estos diez años el
país ha involucionado. Pareciera que la riqueza sólo ha servido para crear
pobreza. Bastaría con que dé una
vuelta por las fincas agrícolas y pecuarias expropiadas para constatar el
estado de ruina en que se encuentran
luego de haber divididas, repartidas o invadidas. También debería visitar los ingenios azucareros y las industrias y fábricas estatizados para apreciar el desastre que son las
cooperativas y las “empresas socialistas”. El ejemplo más visible lo tenemos en ese
emporio industrial que fue la Corporación Venezolana de Guayana. Pronto veremos
lo que sucederá con la industria pesquera que ahora estará en manos de una sola
gran empresa nacional “socialista”. Lo
mismo puede decirse de toda la infraestructura física del país, particularmente
la red vial, que ahora ha pasado a ser controlada y gerenciada por ese monstruo en que ha sido convertido el
ministerio para el poder popular de obras públicas.
Cabe preguntar, ¿es esta Venezuela polarizada,
destruida, arruinada y pauperizada la que el teniente coronel presidente piensa
convertir en una gran potencia?
Pero otra manera, muy preocupante, de interpretar las
ambiciones megalómanas del inquilino de Miraflores. La ecuación es
relativamente sencilla: los países considerados grandes potencias son los que
poseen el arma nuclear. Ese es el deshonroso privilegio que los coloca en esa
“categoría social” internacional. Lo primero que hacen los países pobres que
aspiran entrar en el club de los grandes es desarrollar un potencial nuclear
militar- Es el caso de Pakistán, Corea y la India, aunque este último avanza exitosamente, a pasos agigantados, en su esfuerzo por
superar el subdesarrollo. Irán pareciera estar próximo a dotarse de los
elementos necesarios para convertirse en una potencia nuclear. El teniente
coronel presidente ha anunciado que impulsará el desarrollo de la energía
nuclear en Venezuela y que para ello recibirá apoyo tecnológico iraní.
¿Será acaso en este contexto que debemos interpretar la “alianza estratégica
venezolano-iraní” de que tanto habla el teniente coronel presidente y lo lleva
a decir de Irán y Venezuela “son dos países destinados a convertirse en dos
potencias del siglo XXI, dos verdaderas potencias”?
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