LOS SUCESORES DE FIDEL
Adolfo R. Taylhardat
Antes de entrar a desarrollar el tema de mi artículo
quiero hacer un breve paréntesis para expresar el profundo dolor que me causado
el trágico fallecimiento de mi querido
amigo y colega Ítalo Luongo y para hacer llegar
a sus familiares y deudos mi sentido pésame por tan irreparable pérdida.
Cuando en el título de mi artículo hablo de “los
sucesores de Fidel” me refiero a la sucesión interna y la sucesión externa de
ese personaje.
Lo primero ya ha quedado aclarado con la decisión,
nada sorpresiva, tomada el domingo pasado por la Asamblea Nacional del Poder
Popular de designar a Raúl Castro Presidente del Consejo de Estado, es decir,
como Jefe de Estado o Presidente de Cuba.
En cuanto a lo segundo, ¿puede haber un sucesor
internacional de Fidel Castro?
En principio, así como lo sustituye internamente,
Raúl Castro debería ser el “sucesor
natural” de su hermano. Sin embargo, pienso que el nuevo gobernante cubano se
dedicará fundamentalmente a atender el frente interno. Raúl es un hombre parco,
que tiene aversión a la figuración pública y con más razón a la exposición
internacional. Su nombre completo es Raúl Modesto Castro Ruz y su carácter le
hace honor a su segundo nombre. Lo ha demostrado en su conducta durante el año
y medio que se desempeñó como gobernante interino, durante el cual, si no me
equivoco no ha hecho un solo viaje al exterior de su país. Como dice Brian
Latell en su libro “Después de Fidel”, Raúl nunca ha estado motivado por una
búsqueda egotista de fama, gloria o
gratificación internacional”. Además nunca ha pretendido alcanzar la
popularidad mítica de su hermano.
Descartada entonces la posibilidad de que Raúl llene
el lugar que ha ocupado Fidel Castro en el escenario internacional y de manera
particular en el latinoamericano, queda en la palestra Hugo Chávez quien
pretende autoproclamarse como el sustituto de Fidel.
Chávez no ha disimulado esa pretensión. Su empeño en
considerar a Fidel como su padre y declararse él mismo como su hijo sería una
manera de reivindicar su condición de sucesor legítimo del líder cubano. No en
vano Chávez pretende crear una confederación Venezuela – Cuba y afirmar que los
gobiernos de Venezuela y Cuba son la misma cosa. No cabe duda de que esa aspiración ha sido deliberadamente
alimentada por el propio Fidel. No porque crea que efectivamente Chávez reúna
las condiciones para llenar el vacío que dejará cuando se produzca su
desaparición definitiva del panorama internacional, sino porque con todo
cinismo busca estimular su narcisismo y su vanidad para que Cuba pueda
continuar beneficiándose de la generosidad bobalicona que ha servido para sacar
a flote a un país que estaba a punto de sucumbir cuando la ex – Unión Soviética
lo dejó a la deriva.
Sin que ello signifique exculparlo de los crímenes
que cometió en su país ni la terrible situación en que ha mantenido a su pueblo
durante 49 años, no se puede desconocer que Fidel Castro es un fenómeno
político que emergió por su propio peso y con el favor de las coyunturas nacionales cubanas e
internacionales, no solo latinoamericanas sino mundiales. Quizás si no hubiera
habido una guerra fría este–oeste Fidel no habría llegado donde llegó. Eso le
permitió convertirse en una especia de cabeza de playa del comunismo soviético
a pocas millas de los Estados Unidos.
En su esfuerzo por imitar a Fidel, Chávez se empeña
en crear una nueva guerra fría, esta vez entre el sur y el norte. Pretende
movilizar a los gobiernos y movimientos del tercer mundo para enfrentarlos al
imperialismo y asume una postura de permanente provocación al “imperio”. Aspira
a que, como Cuba, Venezuela luzca a los ojos del mundo como la pequeña nación víctima de la agresión norteamericana.
Su ambición megalómana lo lleva hasta desear que efectivamente los Estados Unidos
intervengan militarmente en Venezuela para así tener su propia “Bahía de
Cochinos” como la que tanto contribuyó a sobredimensionar la estatura política
internacional de Fidel Castro. Como la potencia del norte no ha caído en el
juego, últimamente ha buscado provocar un incidente con Colombia con la misma
finalidad pero afortunadamente el Presidente Uribe tampoco se ha dejado
arrastrar en esa maquinación. Para colmo,
ahora le ha dado porque no lo llamen presidente sino comandante en jefe, con lo
cual se asemejaría todavía más a su tutor político e ideológico.
No es
aventurado afirmar que Chávez no tiene la más mínima posibilidad de emerger
como el nuevo Fidel. Su imagen internacional
ha tenido un descenso en picada como resultado de sus fracasos en el frente
interno, comenzando por la derrota del 2
de diciembre, y sus bochornosas actuaciones en el escenario internacional. A esto hay que agregar que si bien, como
quedó dicho, Raúl no pretende ser el
sucesor internacional de Fidel, difícilmente
aceptaría que un personaje controversial como Hugo Chávez llegue a erigirse en
el heredero de su hermano en la escena internacional. Raúl lo dijo en su
discurso del domingo pasado: “Fidel es insustituible”. Le faltó agregar: dentro
o fuera de Cuba.
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