EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 19 de noviembre de 2008
Adolfo R. Taylhardat
El
domingo próximo, en las elecciones regionales, estarán en juego muchas cosas que
tienen que ver con el futuro de nuestro país. Resulta imposible enumerarlas
todas en el espacio de que dispongo para este artículo, pero no está de más
mencionar las que considero más importantes.
La oposición ha asumido la sabia conducta de no atacar al teniente coronel
presidente porque considera que, haciéndolo, en lugar de debilitarlo, lo
fortalece y lo hace aparecer ante sus seguidores y ante el pueblo en general
como una víctima. Creo que esa estrategia ha sido acertada. La disidencia no se
ha dejado encandilar con los "trapos rojos" con los que
constantemente intenta provocar. Sin embargo, es el propio teniente
coronel presidente quien ha convertido las elecciones regionales en un
plebiscito: si votas por la oposición votas contra mí. Si votas por mis
candidatos votas por mí y eres patriota, apoyas la revolución y contribuyes a
construir el país socialista. De manera que el 23N, porque así lo ha planteado
él, los electores, además de votar por nuestros gobernadores, alcaldes,
integrantes de los consejos legislativos, y en el caso de la zona metropolitana
de Caracas por nuevo Alcalde Mayor y por integrantes de esa Alcaldía, estaremos
votando a favor o en contra del teniente coronel presidente. El elector tendrá
que escoger entre dos alternativas: o votas para preservar la democracia
o votas a favor de convertir a Venezuela en una segunda Cuba, bajo un
régimen fidelo-comunista.
Esto significa que a pesar de haber rechazado rotundamente esta última
alternativa en el referendo del 2 de diciembre último, tendremos que utilizar
nuevamente la fuerza de nuestros votos para oponernos otra vez a ese
desquiciado proyecto político que se nos quiere imponer a como dé lugar.
Como el teniente coronel presidente sabe que del resultado de las elecciones
regionales depende el futuro de ese proyecto, recurre a toda clase de
amenazas, dirigidas no solamente contra los numerosos candidatos que tienen
prácticamente asegurada su elección en diversos Estados del país, sino contra
todos nosotros, contra los ciudadanos, contra el pueblo. Ello sin contar el
ventajismo, el abuso de poder y el empleo del discurso procaz para insultar a
la ciudadanía que cada vez más se avergüenza de constatar cómo de la boca del
Primer Mandatario emanan insultos el calibre que él emplea. Cada día más
desenfrenado, nervioso, exasperado. El quisiera que la oposición reaccionara
para poder seguir atacándola y de esa manera recuperar al apoyo, y la simpatía
popular que gradualmente ha venido perdiendo.
Es inconcebible que a estas alturas de la civilización exista en el mundo un
gobernante que amenace con sacar el Ejército a la calle y hacer rodar los
tanques armados para emprender una guerra contra un pueblo que lo único que
quiere es ejercer democráticamente su derecho soberano al sufragio para elegir
a sus representantes. Puede ser que esas amenazas no pasen de allí, pero
inevitablemente ejercen un efecto amedrentador sobre el grueso de la población
humilde.
Todo esto significa que el domingo próximo, como ocurrió el domingo de
diciembre del 2007, nos estaremos jugando el destino de Venezuela. Si el
teniente coronel presidente llegara a asegurarse un triunfo electoral, se
considerará requete-relegitimado y entonces, sí es
verdad, sálvese quien pueda. Las propuestas de modificación de la Constitución
que por falso rubor no se atrevió a implantar con la Ley Habilitante, serán
aplicadas pasando por encima de la Carta Magna. Venezuela será
convertida en un Estado socialista, bajo una presidencia vitalicia, bajo
un gobierno que se despojará definitivamente del velo democrático bajo el cual
ha venido ocultando su rostro dictatorial.
Por el contrario, si los venezolanos nos movilizamos, acudimos
multitudinariamente a los centros de votación, si logramos llevar la abstención
al nivel más bajo posible, si permanecemos vigilantes para impedir que el
teniente coronel presidente y sus seguidores manipulen los resultados, habremos
salvado por segunda vez a la patria. Yo tengo la honda convicción de que
el venezolano sigue siendo esencialmente demócrata y tiene absoluta confianza
de que mediante el ejercicio del sufragio logrará que el régimen quede
totalmente deslegitimado tanto interna como internacionalmente. Ese será el
comienzo del fin de la revolución chavista y del socialismo del siglo XXI y el
surgimiento de una nueva Venezuela sin exclusiones, donde de verdad quepamos
todos. Será el fin del odio que desde las alturas del poder se ha venido
induciendo para enfrentarnos los unos a los otros, que no ha tenido otro
objetivo que dividirnos para poder reinar soberanamente y manejar el país como
si fuera un fundo personal y particular. Será el fin del secuestro de los
poderes públicos y de las principales instituciones democráticas, del
despilfarro de los recursos financieros de todos los venezolanos, el fin de la
corrupción, de la ineficiencia, de la mala administración, del compadrazgo, en
suma, fin de todos los males que han venido aquejando al país durante más
de nueve años ininterrumpidos.
Invito a los venezolanos a reflexionar, tener presente que el 23N se juega la
suerte de la patria. No podemos permanecer indiferentes. Hay que votar y votar
bien.
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