EL
UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 21 de
enero de 2009
LO QUE ESCONDE LA
PREGUNTA
Adolfo R. Taylhardat
Numerosos políticos, analistas y juristas han opinado
ya sobre el tema de la reelección indefinida y acerca de la pregunta que será
sometida a la ciudadanía en el referendo que por decisión soberana del teniente
coronel presidente tendrá lugar el 15 de diciembre próximo.
Concuerdo con Carlos Blanco quien en su columna
del domingo pasado dijo: “La pregunta no importa, pues su sentido está en la calle…
la pregunta puede ser sustituida por otra, puede ser remplazada por un garabato
diferente, ya todos saben de qué se trata”.
Sin embargo, creo que no es un ejercicio inútil
hacer una disección de la pregunta para poner en evidencia que el teniente
coronel presidente y sus incondicionales creen que los venezolanos somos
imbéciles.
La pregunta, tal como fue aprobada por el CNE
es la siguiente: ¿Aprueba usted la
enmienda de los artículos 160, 162, 174, 192 y 230 de la Constitución de la
República, tramitado por la Asamblea Nacional, que amplía los derechos políticos
del pueblo con el fin de permitir que cualquier ciudadano o ciudadana en
ejercicio de un cargo de elección popular pueda ser sujeto de postulación como
candidato o candidata para el mismo cargo por el tiempo establecido
constitucionalmente dependiendo su posible elección exclusivamente del voto
popular?
Aquella fórmula sencilla que inicialmente se había
anunciado, consistente simplemente en suprimir del artículo 230 el miembro de
frase que dice “por una sola vez”, ha sido sustituida por una pregunta kilométrica,
enrevesada e indescifrable, producto de la connivencia entre el teniente
coronel presidente, la Asamblea Nacional y el Consejo Nacional Electoral para
confundir al elector e inducirlo a votar a favor de la reelección indefinida.
La pregunta comienza con la interrogación “¿Aprueba
usted?” Esto persigue condicionar de
manera abusiva e insolente el ánimo del elector, induciéndolo a decir que si. ¿Por
que no se hace la pregunta completa inquiriendo: aprueba o desaprueba usted o aprueba
o rechaza usted?” Sencillamente porque se sabe de antemano que la mayoría de la
población no está de acuerdo ni con la enmienda ni con el referendo y se
pretende cambiar esa tendencia.
Luego la pregunta habla de “la enmienda
tramitada por la Asamblea Nacional” sin decir, ni explicar, ni informar cual es
la enmienda ni en que consiste. ¿Cómo puede votarse a ciegas la modificación de
cinco artículos de la Constitución sin saber cual es el cambio que se propone o
cómo van a quedar redactados esos cinco artículos?
La pregunta sigue diciendo que la enmienda
persigue “ampliar los derechos políticos del pueblo”. La inserción de esa frase
busca también engañar al elector tratando de presentar como una situación
positiva un hecho negativo y nocivo como es la limitación de los derechos
políticos del ciudadano que acarreará la implantación de la elección indefinida
y la derogación del principio de la alternancia consagrado en el artículo 6 de
la Constitución.
Luego la pregunta revela su verdadero
propósito: la extensión de la reelección indefinida a cualquier funcionario que
ejerce un cargo de elección popular lo único que persigue es captar el apoyo de
esos funcionarios a la pretensión del teniente coronel presidente de reelegirse
tantas veces como le venga en gana. La ampliación de la reelección indefinida a
todos los cargos electivos dispuesta por
el teniente coronel presidente, secundada sumisamente por todos sus acólitos,
incluso por los que inicialmente se opusieron a ella, no tiene otra finalidad
que asegurar el apoyo de diputados, gobernadores, alcaldes y legisladores
regionales a favor de su pretensión de eternizarse en el poder. Esos
funcionarios no deberían perder de vista que si llegara a aprobarse la
enmienda, en fin de cuentas quienes serán postulados para continuar en el cargo
serán aquellos que se hayan destacado por sus lisonjas y su adulancia. Esto
desatará una competencia por ganarse el favor del teniente coronel presidente,
lo que a su vez será una fuente adicional de corrupción y ventajismo. Esos
funcionarios sólo trabajarán para su reelección y en cada proceso electoral,
siguiendo el ejemplo del jefe máximo, emplearán todos los recursos bajo su
administración para asegurarse un nuevo mandato y convertir en ilusión la
última frase de la pregunta según la cual la reelección dependerá del voto
popular.
Como sabe que aspirando a convertirse en
presidente vitalicio está infringiendo aquella sabia advertencia del El
Libertador cuando dijo que la permanencia de una misma persona en el poder
conduce a que esa persona se acostumbre a mandar y se convierta en tirano y a
la alienación de la población que se acostumbra a ser mandada y a obedecer al
tirano, el teniente coronel presidente ha inventado la tesis del buen gobierno.
Según esa tesis lo que dijo Bolívar solo se aplica a los malos gobiernos
mientras que la reelección sirve para recompensar a quien ha hecho buen
gobierno pero también castigar al mal gobierno. Cabe preguntar entonces: ¿Es
que acaso se puede calificar de buen gobernante a un personaje que ha instituido
el odio, la calumnia y la agresión como instrumentos de su política, que ha
polarizado el país entre quienes están con él y quienes lo adversa, que ha
divido a un pueblo que siempre convivió armónicamente y sin excusiones, que constantemente
amenaza a la disidencia por el solo hecho de no compartir su inviable proyecto
político, que ha destruido las base del andamiaje de la economía nacional, que
anda por el mundo disponiendo y regalando los dineros de todos los venezolanos
mientras el país se hunde en la pobreza y el deterioro de su infraestructura
física y humana, en fin, un gobierno que en nueve años de permanencia en el
poder en lugar de promover el progreso y el bienestar de la población lo que ha
hecho es empujarlo hacia el subdesarrollo?
Señor teniente coronel presidente, los
venezolanos no somos imbéciles. El 15 de febrero se lo demostraremos de manera
contundente e inequívoca rechazando sus pretensiones monárquicas y en el 2013,
contrariamente a los que pretende, usted deberá ceder la silla de Miraflores a
otro presidente escogido libre y democráticamente por el pueblo.
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