Legalidad vs. legitimidad de la guerra

 

Adolfo R. Taylhardat

 

La segunda guerra del Golfo genera sentimientos opuestos. Esos sentimientos difieren según veamos la guerra desde las perspectivas de su legalidad o de su legitimidad.

 

Desde la primera perspectiva evidentemente se trata de una intervención unilateral (aún cuando se pretenda presentarla como el esfuerzo de una  “coalición”), llevada a cabo al margen de las Naciones Unidas, en abierta violación del Capítulo VII de la Carta de la Organización según el cual sólo el Consejo de Seguridad puede autorizar una operación militar contra un Estado Miembro. En la primera guerra del Golfo los Estados Unidos tuvieron la precaución de fabricar un “tejido legal”, con una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad, que hizo inobjetable aquella operación militar. En el caso presente, ante la imposibilidad de obtener la autorización del Consejo de Seguridad, Estados Unidos actuó unilateralmente. Hay que concluir, entonces, que la guerra es ilegal.

 

Vista desde la segunda perspectiva, la guerra es una respuesta a la actitud retadora de un país que ha desafiado a la comunidad internacional interponiendo  obstáculos constantes y sistemáticos al proceso de desarme decretado por el Consejo de Seguridad para eliminar las armas de destrucción masiva existentes en sus arsenales. Además, se trata de un país que ha sido dos veces agresor. Adicionalmente, es un país incurso en el terrosimo internacional, gobernado por un dictador culpable de monstruosos crímenes contra su población. Estas circunstancias otorgan cierta legitimidad a la guerra.

 

La no-intervención y la soberanía nacional no tienen hoy el valor absoluto que pretenden esgrimir los gobiernos totalitarios. La comunidad internacional no puede permanecer indiferente ante violaciones de derechos humanos o situaciones internas que generen riesgos para la seguridad y la paz internacionales. En varias ocasiones las Naciones Unidas empreneron acciones para poner fin a situaciones de ese tipo. En el caso de los Balcanes, la OTAN actuó sin que mediara una resolución expresa del Consejo de Seguridad.

 

Los sentimientos contrastantes que inspira la guerra están presentes también en los venezolanos como lo demuestran sendas encuestas de El Nacional, según las cuales 55% de los consultados no está de acuerdo con la intervención norteamericana pero 85 % quiere que saquen al dictador (EN 20 y 22/03, Pag. B9).