LA VISITA DEL PAPA A CUBA

Por Adolfo R. Taylhardat (*)

 

La  reciente visita del Papa Juan Pablo II a Cuba ha sido objeto de muy variados análisis y ha inspirado muchos escritos de prensa. Fueron quizás muchas las expectativas que se forjaron en torno de ese acontecimiento, sin lugar a dudas de gran trascendencia, y son muy diversas también las apreciaciones que se han hecho acerca del impacto que sobre la situación interna de Cuba podría tener la visita.

Quisiera, desde mi perspectiva de Ex-Embajador de Venezuela en Cuba, ofrecer mi apreciación personal acerca de lo que significó el viaje del Santo Padre, y lo que ella podría significar - o no significar - en el contexto de la situación interna futura de ese país.

Quien conozca a Cuba internamente seguramente coincidirá conmigo en que el comunismo cubano no es marxista-leninista, sino exclusivamente fidelista. Con excepción de los miembros del Partido, quienes se siguen considerando  comunistas cuando ya el comunismo pasó de moda y prácticamente dejó de existir en el resto del mundo, la población cubana es fidelista y sigue de manera casi ciega a su carismático líder máximo. Una prueba contundente de esta afirmación me la proporciono Haydée Santamaría (q.e.p.d.), - hermana de Abel Santamaría, héroe del asalto al cuartel Moncada - quien para la época en que viví en Cuba se desempeñaba como Presidenta de la Casa de las Américas.  Durante un almuerzo que ofrecí a Héctor Mujica, para entonces Secretario General del Partido Comunista Venezolano, cuando éste le preguntó si ella era comunista, Haydée respondió: "Yo soy fidelista. En este momento soy comunista porque Fidel dice que somos comunistas. Pero si mañana Fidel se para en la Plaza de la Revolución y nos dice: Compañeros, hasta hoy somos comunistas, de ahora en adelante seremos capitalistas, entonces yo seré capitalista".

Es en las palabras del Presidente Fidel Castro donde hay que buscar la explicación de todo lo que ocurre en ese país. Es allí, y no en los discursos del Papa, donde hay que encontrar lo que significó para Cuba la visita del Santo Padre.

Con ocasión de la clausura de las sesiones de la Asamblea Nacional de Poder Popular (el Parlamento cubano) el 13 de diciembre del año pasado, aproximadamente un mes antes de la llegada del Papa, Fidel Castro pronunció un discurso en el cual impartió la consigna fundamental que habría de normar su conducta de la Nación cubana durante la visita: "Haremos el máximo para que la visita del Papa sea un éxito. Queremos que el Papa regrese a Roma con la impresión de que esta es la mejor visita que haya realizado".

En ese discurso, además, Fidel Castro justificó ante la opinión cubana la visita y trató de aclarar la duda que seguramente se planteaba en la mente de todo cubano: cómo es posible que después de cuarenta años durante los cuales se nos ha inculcado y convencido que vivimos en un Estado ateo venga a nuestro país nada menos que el Representante de Cristo en la tierra?  Aquella contradicción fue magistralmente despejada por Castro con un argumento fundamental:

La Revolución cubana nunca ha perseguido la Iglesia y ha respetado plenamente los sentimientos religiosos. Para apoyar esta afirmación Fidel Castro hizo en su discurso un recuento histórico de las persecuciones  de que fueron objeto los católicos a través de la historia (incluso, hizo una referencia, que no venía al caso, al Decreto de Guerra a Muerte dictado por El Libertador), para concluir recordando que en la revolución cubana "no se dio un solo caso de violencia física contra un sacerdote, ni hubo un solo templo cerrado"

Es preciso reconocer que eso es cierto. En Cuba, efectivamente, no se persiguió a los sacerdotes ni se cerró ninguna iglesia. Pero también es cierto que a la iglesia se le ha mantenido siempre asfixiada y sometida a limitaciones económicas insoportables. Desde el comienzo de la Revolución, la única fuente de ingresos con que cuenta el clero son las donaciones de los fieles. Estos ingresos progresivamente fueron mermando en la medida en los creyentes se fueron alejando de la iglesia por temor a las represalias del partido comunista. El trabajador que asistiera a la misa corría el riesgo de perder el empleo. El joven que visitara la iglesia perdía las oportunidades de asistir a la escuela o la universidad. El niño que fuera bautizado quedaba marcado para el resto de su vida como enemigo potencial del sistema. La feligresía fue quedando reducida a las personas mayores que habiendo perdido todo en manos de la Revolución no les quedaba otro refugio que la fe en Dios. El clero quedó sometido a un régimen de limitaciones tales que sólo la disciplina religiosa y la fe en Dios le permitía sobrevivir.

Para ilustrar esto último quisiera recordar tres experiencias personales:

1) Recién llegado a Cuba asistí a un almuerzo que ofreció el Embajador de Suiza para despedir al Nuncio. Mi vecino en la mesa, un sacerdote, me dice: "como usted está recién llegado a Cuba seguramente no conoce la institución del nylon (plástico). Yo tengo mi bolsillo forrado en nylon  para llevarle a mis hermanos en la iglesia algo de lo que hay en esta mesa que ellos ni siquiera sueñan en probar". Dicho esto, el sacerdote cada vez que podía se metía en el bolsillo una porción de lo que tenía en el plato.

2) Frente a la Cancillería de la Embajada, para entonces estaba situada en el barrio de Miramar, quedaba una bella iglesia cuyo párroco era un padre capuchino que había sido misionero en Venezuela. Por su impresionante parecido con el fundador del Estado Soviético lo llamaban "el padre Lenin". Nuestra llegada a Cuba fue para el una tabla de salvación. En una ocasión le contó a mi esposa que de la ración de frijoles que recibía mensualmente, después de limpiarla de los desperdicios y piedras que contenía, apena le quedaban unos cinco u ocho granos. A raíz de eso que mi esposa regularmente le hacía llegar una caja con alimentos.

3) Actualmente el cura de la Parroquia de La Milagrosa, en el barrio de El Limón de  Maracay, es el Padre Alfredo Enríquez Andrés. Ese sacerdote recuerda todavía que la mejor Navidad que tuvo durante los 34 años que vivió en Cuba fue aquella en que le obsequiamos una cesta con víveres la cual pudo compartir con sus hermanos en la Iglesia de La Merced.

Si bien esto ocurrió hace aproximadamente doce años, la situación antes descrita de la Iglesia en Cuba no ha debido cambiar mucho para el momento de la visita del Papa, como lo demuestran las propias palabras del Santo Padre cuando en su Mensaje al Pueblo cubano, del 20 de diciembre se refiere a la fe de los católicos cubanos "que a veces ha sido tan probada" y expresa su esperanza de que después de su visita, la Iglesia podrá  disponer "cada vez mas, de la libertad necesaria para su misión y de los espacios adecuados para llevarla a cabo plenamente". 

La consigna fundamental que se impartió a la Población fue cumplida al pié de la letra. A partir del discurso del 13 de diciembre, como lo explicó el propio Fidel, se llevó a cabo un esfuerzo "para explicarle a toda la población -de manera particular a los miembros del Partido, de la Juventud y de las organizaciones de masa que suman millones de compatriotas- cómo se organizó la visita, cómo debíamos comportarnos".  El propio Castro, en otro discurso que pronunció después de las elecciones del 11 de enero y poco antes de la visita, impartió nuevas instrucciones a la población: "invitamos a todo el pueblo, invitamos a los cuadros, a los militantes para asistir, pero ninguno debe llevar una sola consigna política, nadie llevar un solo cartel. Fíjense bien! Nadie debe enarbolar una sola consigna, nadie debe llevar un solo cartel. Nadie debe dar vivas a ningún dirigente de la revolución"." Eso les digo, eso les pido, y asumo toda la responsabilidad ante aquellos que puedan albergar el más mínimo temor de que actuemos de esa forma"…. "Este es el pueblo de Girón y de la Crisis de Octubre, el que supo defender su Revolución, el que se enfrenta al período especial que ha marchado de victoria en victoria." …. "Juremos no dejarnos provocar en lo mas mínimo. Yo también estaré en esa misa junto al pueblo, participando del orgullo de ser lo que somos y de ser como somos. Sé que podemos lograrlo y lo lograremos".  

Cuba, es sin duda un país hospitalario y ha recibido visitas de numerosos Jefes de Estado. La preparación de la visita tomó, según las palabras del propio Fidel, un año completo, y su realización constituyó una demostración de eficiencia y planificación acertada. Si bien la visita del Santo Padre era de carácter eminentemente pastoral, no hay que olvidar que el Papa es un Jefe de Estado que viajaba a Cuba  como invitado oficial del Gobierno y había que recibirlo y atenderlo con todos los honores que le correspondían. Desde este punto de vista el comportamiento de Fidel Castro fue impecable. Se esmeró en atender al Papa con todas las consideraciones de su rango y su dignidad y le demostró el respeto, la deferencia y el afecto que merece no solamente en su condición de Jefe de Estado sino también por ser una persona mayor de gran honorabilidad.

Que va pasar en Cuba después de la visita del Papa?  En mi humilde opinión, nada!. Todo seguirá siendo igual. Nada cambiará a menos que el propio Fidel cambie. El gesto de poner en libertad 200 presos, cuya existencia se había negado reiteradamente, es probablemente una nueva deferencia hacia el ilustre visitante, quien seguramente lo pidió expresamente. Mas allá de ese gesto simbólico la situación en Cuba seguirá siendo la misma mientras exista un Fidel Castro.

Sin embargo, de la lectura de los discursos de Fidel y muy particularmente de la comparecencia que tuvo el 2 de febrero ante la Televisión Cubana, la Cadena Nacional de Radio Rebelde y las emisiones internacionales de Radio Habana Cuba, pareciera percibirse un cambio en su manera de pensar que, con el tiempo podría proyectarse en la situación interna del país. El mismo Castro ha confesado que como parte de su propia preparación para recibir al Papa, leyó mucho sobre historia y religión, y muy particularmente los últimos documentos emanados del Vaticano y del Sínodo latinoamericano. Pareciera que aquellas lecturas han producido en Fidel un impacto que lo hace aparecer como más espiritual, más piadoso y más abierto a la realidad del mundo actual. Muestra de ello es el siguiente párrafo del discurso que dirigió al Santo Padre en la ceremonia de despedida:

"Si la globalización de la solidaridad que usted proclama se extiende por la tierra y los abundantes bienes que el hombre puede producir con su talento y su trabajo se reparten equitativamente entre todos los seres humanos que hoy habitan el planeta, podría crearse realmente un mundo para ellos; sin hambre ni pobreza, sin opresión ni explotación; sin humillaciones ni desprecios; sin injusticias ni desigualdades, donde vivir con plena dignidad moral y material, en verdadera libertad. Ese sería el mundo mas justo! Sus ideas sobre la evangelización y el ecumenismo no estarían en contradicción con él".

Este cambio de actitud se hizo mas patente en su entrevista de televisión del 2 de febrero con las siguientes afirmaciones: "Es imposible no estar de acuerdo con el concepto de la globalización de la solidaridad"…. " Vemos multiplicarse la s comunicaciones de todo tipo, la velocidad de esas comunicaciones: aéreas, marítimas y terrestres, electrónicas, radiales, televisivas, las cuales ya van ejerciendo una enorme influencia en los acontecimientos, incluso vinculadas al fenómeno de la especulación universal" …. "son fenómenos asociados a los avances y la técnica " …. "la globalización es una realidad irreversible y los Estados nacionales, gústenos o no, desaparecerán" …. "Hay que seguir ahora la evolución de todos estos planteamientos, cómo evoluciona el Sínodo  y cómo se extiende, se divulga, como se conoce, cómo se interpreta y cómo se desarrolla este mensaje social. Cómo se aplica en el mundo el concepto contenido en la idea de la globalización de la solidaridad".  

Estos extractos de expresiones de Fidel Castro son evidentemente producto de profundas reflexiones que reflejan un cambio en su pensamiento que podría a su vez conducir a un cambio en su manera de gobernar. Si Fidel fuera consecuente con sus palabras y aplicara aún cuando fuera una mínima porción de lo que dijo cuando despidió al Papa, Cuba podría comenzar a abrirse camino hacia la libertad. Si esto ocurriera la visita de Juan Pablo II a Cuba habría producido un verdadero impacto. Se cumpliría entonces el deseo del Papa cuando dijo durante su audiencia semanal en Roma: "Espero, para mis hermanos y hermanas en esa isla, que los frutos de este peregrinaje sean similares a los frutos de aquel que hice a Polonia".