LA VICTORIA
DIPLOMÁTICA PÍRRICA DE SAN JOSE
Adolfo R.
Taylhardat
El gobierno
pretende engañar presentando como triunfo el rotundo fracaso que se anotó en
San José de Costa Rica donde la torpeza de “la nueva diplomacia Venezolana”
frustró la aprobación de la Carta
Democrática Interamericana”. Según el
Canciller Dávila, este resultado constituyó un “gran éxito de la diplomacia
venezolana” (El Nacional 07-05, Pág. A/2). Según el Embajador ante la OEA,
Jorge Valero, Venezuela obtuvo en la Asamblea General de la OEA “un sonoro
éxito” (EN 09-06, Pág. A/7)
.
En Québec los
Jefes de Estado de toda América, con la
triste excepción de Chávez, adoptaron la “cláusula democrática”, estableciendo
que la ruptura del orden democrático en un país de la región es obstáculo para
su participación en el proceso de las Cumbres de las Américas y pidieron a los
Cancilleres que prepararan una “Carta Democrática Interamericana” para reforzar
los instrumentos interamericanos que sirven como defensa de la democracia
representativa.
La actitud de
Chávez obedeció a que en Québec los Jefes de Estado se negaron a sustituir la
expresión “democracia representativa”, consagrada en la Carta de la OEA, en la
Resolución 1080, y en el Protocolo de Washington, entre otros instrumentos
interamericanos, con la de “democracia participativa”.
Cuando el Consejo
Permanente de la OEA aprobó por consenso el borrador de la “Carta Democrática”
el Embajador venezolano en la OEA anunció una “victoria diplomática porque se
había recogido el concepto de “democracia participativa”. (El Nacional 31-05).
Es cierto que el borrador habla de la participación ciudadana como elemento
esencial para el ejercicio de la democracia, pero no utiliza la expresión
“democracia participativa”. Sin embargo, Valero dijo que Venezuela apoyaba la
Carta porque crea “un escudo para los gobiernos democráticos y un piso para
perfeccionar y fortalecer la democracia” (EN 02-05). .
Cuando llegó a
San José de Costa Rica después del absurdo e inútil periplo presidencial de 21
días, el Canciller Dávila desautorizó los eufóricos anuncios de Valero. Con un
lenguaje oscuro y enigmático lo contradijo diciendo: “Creo que hay elementos
importantes que tienen que ser discutidos y en los que se debe profundizar”.
“Se debe hablar de democracia sin salirse de la democracia” (EN 03-05). En su
discurso en la Asamblea exigió que se incorporara en la Carta la mención
expresa de “democracia participativa” y justificó su pedimento afirmando que en
Venezuela la democracia representativa no brindó a su población “todos aquellos
elementos que la democracia debe garantizar” (EN 04-05).
A pesar de haber
participado en el consenso que permitió la elaboración del proyecto de Carta
Democrática, Venezuela dio marcha atrás insistiendo que el documento hablara
expresamente de “democracia participativa”.
Esto condujo a que la Asamblea de la OEA difiriera la aprobación del documento. La Asamblea aceptó el
proyecto de Carta como “documento de trabajo” pero lo devolvió al Consejo
Permanente para que elabore un texto definitivo antes del 30 de septiembre para
su aprobación en una Asamblea Extraordinaria convocada al efecto. (EN 06-05).
Resulta evidente que en San José Venezuela no se anotó un triunfo sino
una rotunda y deshonrosa derrota. Lo que hubo fue un absoluto rechazo a la
pretensión venezolana de querer sustituir la noción de “democracia
representativa” por la de “democracia participativa”. En San José quedó
demostrado que los Gobiernos de América saben que la “democracia participativa”
que Chávez pretende implantar y exportar como modelo al resto de América, tiene
de todo menos participación. En el Continente existe justificada aprehensión
porque se sabe que para Chávez
“democracia participativa” significa imponer, bajo la apariencia de
democracia, un régimen autoritario, arbitrario y totalitario de estilo cubano.