EL UNIVERSAL
Opinión
– Miércoles 18 de noviembre de 209
LA TORTILLA VOLTEADA
Adolfo
R. Taylhardat
Es
público y notorio que el teniente
coronel presidente aplica constantemente la estrategia de “voltear la tortilla”.
Atribuye a los demás todo aquello de lo
cual él mismo es el autor o el responsable.
Los
culpables de los apagones y de los cortes de energía eléctrica somos los
“oligarcas”. Los culpables de la escases de agua y del
racionamiento de ese elemento esencial somos los “escuálidos”. El odio y la polarización
que hoy existe en nuestro país es obra de los partidos y de los líderes políticos de la oposición. Lleva
once años de permanencia arbitraria e ininterrumpida en el poder, pero la culpa del deterioro general
del país no es de su “quinta República” sino de la “cuarta”, como llama al período
democrático que precedió a su dictadura, durante el país registró el avance más firme y
constante hacia el progreso y el
desarrollo. Acusa a los medios de atribuirle intenciones guerreristas quien desde
que asumió la presidencia no ha hecho sino hablar de guerra y amenazar a la
disidencia con sus advertencias de que su revolución está armada, tiene cañones
y está lista para proteger su dictadura.
Dice
que el presidente Uribe es un “lacayo” de los Estados Unidos, que ha
sacrificado la soberanía colombiana sometiendo su país al “imperio” cuando es
él quien ha entregado la soberanía venezolana a Cuba, recibe instrucciones de “papá Fidel Castro” y trae mercenarios
cubanos para que manejen el país en todos
los ámbitos, desde su propia seguridad, pasando por la fuerza armada, los
cuerpos de seguridad e inteligencia, la educación, el deporte, la asistencia
médica, las comunicaciones, la administración de puertos y aeropuertos, el
turismo, los sistemas de registros civiles, comerciales y electorales, las
comunicaciones, hasta el control de la inmigración.
Dice
que “es el colmo del cinismo” que lo acusen de expansionista cuando vemos que ha
convertido a Bolivia, Ecuador y Nicaragua en simples satélites suyos y no cesa
en su empeño por implantar en el resto de Latinoamérica, comenzando por
Colombia, su comunismo del siglo XXI.
Pero
el colmo de esa estrategia de voltear la
tortilla es el cinismo y el descaro con el cual, después de haber amenazado con
emprender una guerra con Colombia,
pretende hacer ver que son Colombia y los Estados Unidos los que amenazan
con agredir a Venezuela. En este caso no es una simple tortilla sino
una auténtica y gigantesca torta que ha puesto y ahora quiere hacer creer que
el repostero es el presidente Uribe.
En
todo el continente y en el resto del mundo se vio y se escuchó al teniente
coronel presidente ordenando a la fuerza armada prepararse para la guerra contra
Colombia y los Estados Unidos. “Compañeros militares, no perdamos ni un día en el cumplimiento de
nuestra misión: prepararnos para la guerra y ayudar al pueblo a prepararse para
la guerra porque es una responsabilidad de todos”. “A formar cuerpos de
milicianos, adiestrarlos, los estudiantes,
que son la mayoría, los trabajadores, las mujeres, todos listos a
defender esta patria sagrada que se llama Venezuela.” “Si al imperio yanqui se
le ocurre utilizar a Colombia para agredir a Venezuela aquí comenzará la guerra
de los 100 años que se extenderá por todo el continente”.
¿Quien
puede dudar que esa arenga constituye una amenaza de guerra abierta y descarada? Sin embargo, todavía no
había dejado de retumbar esa amenaza en los oídos de venezolanos y colombianos
cuando el mismo personaje, con el cinismo y el desparpajo que le caracteriza,
trató una vez más de voltear la tortilla. “Somos una sola patria. Aprovecho
para ratificar nuestro amor eterno por Colombia. No nos dejemos conducir a una
nueva guerra fratricida” (¿Cuál fue la
anterior?). “Estoy seguro de que ambos pueblos derrotaremos la pretensión yanqui y de la oligarquía colombiana de
ponernos a pelear entre nosotros”.
Como
no hay mal que por bien no venga, todo esto ha servido para, una vez más, poner
en evidencia al estrafalario personaje y echar definitivamente por tierra la
imagen que a fuerza de dinero de los venezolanos ha venido tratando de construirse
en la opinión pública internacional.
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