LAS PRUEBAS NUCLEARES CHINAS SON IGUALMENTE CONDENABLES

 

                                             Adolfo R. Taylhardat

 

     La República Popular China nos sorprendió este fin de semana

con un ensayo nuclear  y el anuncio de que realizar  otra  prueba

antes del mes de septiembre, luego de lo  cual se  acoger  a  una

moratoria  unilateral.  Las  pruebas  nucleares francesas  fueron

objeto  de  severas  críticas  por  el impacto  ecológico que  se

presume pueden tener en el Atolón de Muroroa situado en el  medio

del Pacífico, a miles  de kilómetros  del territorio  continental

Francés. La prueba china tuvo lugar en  el polígono  de Lop  Nor,

situado en una región desértica  de la  provincia nororiental  de

Xinjiang. El hecho de que en este caso sería la  propia China  la

que sufriría sobre su propio territorio el  impacto ecológico  no

hace menos condenable ese ensayo.

     Los efectos de las pruebas nucleares se proyectan en dos

dimensiones. La mas  conocida es  la relacionada  con el  impacto

ecológico y  sus consecuencias  para la  salud humana  y para  el

medio  ambiente.    La  segunda dimensión  tiene que  ver con  el

desarrollo  tecnológico,  la  información  y  los  datos  que  se

obtienen en cada prueba con la finalidad de crear armas nucleares

Más eficientes, más poderosas, más pequeñas pero más confiables y

Mas sofisticadas.

     Los esfuerzos de la comunidad internacional para imponer una

prohibición  total  sobre las  pruebas nucleares  se remontan  al

origen mismo de la era atómica. Esos esfuerzos han tenido siempre

presentes tanto la dimensión ecológica como la dimensión militar.

La  primera iniciativa  en esa  dirección fue  presentada en  las

Naciones Unidas en 1945. Pero fue en 1954 cuando  se presentó  la

primera propuesta concreta exigiendo  la "cesación  de todos  los

ensayos  que  se  llevan  a  cabo  para  producir  mejores y  más

poderosas armas atómicas y termonucleares".  El primer  resultado

de esos esfuerzos se obtuvo en 1963 con la conclusión del Tratado

que prohibió las pruebas nucleares en la atmósfera, en el espacio

ultraterrestre  y debajo  del agua,  conocido como  el Tratado  de

Prohibición Parcial  de Pruebas  Nucleares. Si  bien ese  tratado

tuvo   alcances  limitados   porque  no   prohibió  las   pruebas

subterráneas,  en  su  preámbulo  se  proclamó  la  intención  de

continuar negociando hasta "alcanzar la descontinuación de  todas

las explosiones de ensayos de armas nucleares para siempre". Este

compromiso fue reiterado  en el  Tratado de  no Proliferación  de

Armas nucleares, concluido en 1970. La continuada  presión de  la

comunidad internacional llevó a los Estados Unidos y a la URSS  a

concluir en  1974 el  Tratado mediante  el cual  limitaron a  150

kilotones sus pruebas subterráneas para ensayar armas nucleares.

Este Tratado a su vez fue seguido  por otro,  concluido en  1976,

que  impuso  la  misma   limitación  a   las  pruebas   nucleares

subterráneas "pacíficas".

     Pero los esfuerzos de la comunidad internacional para lograr

la prohibición completa de las pruebas nucleares no han cejado  y

nos hoy  encontramos muy  próximos a  un resultado  final. En  la

Conferencia de Desarme, en Ginebra, se espera completar antes del

28 de junio en curso la negociación  del proyecto  de Tratado  de

Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, mejor conocido por

sus siglas en inglés CTBT (Comprehensive Test Ban Treaty).

     Uno de los obstáculos políticos que había impedido avanzar

en las negociaciones de Ginebra era la insistencia de China  para

que la prohibición  del CTBT  no abarcara  las pruebas  nucleares

pacíficas.  La  semana  pasada,  en  un gesto  de buena  voluntad

encomiable, China anunció que no insistía mas en esa exigencia.

     Paradójicamente, casi simultáneamente con ese anuncio, que

hace  aparecer  más  promisorias  las  perspectivas  de  que   la

Conferencia de Desarme complete la  redacción del  CTBT antes  de

que finalice este mes de junio, China,  como lo  hizo Francia  el

año pasado,  se ha lanzado en una carrera contra  el tiempo  para

completar su programa de ensayos antes de que se concluya el CTBT

en septiembre  próximo.   China usa  el mismo  argumento que  han

esgrimido las otras potencias nucleares afirmando que sus ensayos

sólo  persiguen  garantizar  la  seguridad   de  sus   artefactos

nucleares. Pero todos sabemos que  en definitiva  de lo  persigue

ese país es mejorar la  eficacia de  su arsenal  nuclear con  dos

finalidades:  1)  mantener una  capacidad disuasiva  frente a  su

vecino y 2) consolidar su status de potencia nuclear.

     Venezuela debe romper el silencio que ha mantenido

últimamente  frente  a  los ensayos  nucleares para  unirse a  la

opinión pública mundial que viene manifestando de  la manera  mas

categórica  su  condena  frente  a  este nuevo  ciclo de  pruebas

nucleares chinas.

     China ha venido proclamando reiteradamente su apoyo a los

esfuerzos en favor del desarme nuclear. Para borrar las dudas que

sobre la sinceridad de sus verdaderas intenciones inevitablemente

proyectan estos ensayos nucleares, China debería: 1) desistir  de

su anunciado segundo ensayo anunciando la suspensión inmediata de

todas  sus  pruebas nucleares  2) figurar  en septiembre  próximo

entre los  primeros países  firmantes del  CTBT   y 3)  someterse

incondicionalmente a la prohibición absoluta de todos los ensayos

nucleares, en todos los ambientes y  para siempre,  que habrá  de

establecer ese tratado.