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Caracas, miércoles 01 de octubre de 2008 |
LAS CALUMNIAS DE HRW
Adolfo R. Taylhardat
El Informe de Human Rights Watch, titulado “Una
Década de Chávez – Intolerancia política y oportunidades perdidas para el
progreso de los derechos humanos en Venezuela” ha recibido toda clase de
descalificaciones de parte de diversos exponentes e instituciones del oficialismo
que han catalogado de “injuriosas y mentirosas” las constataciones contenidas
en ese documento.
Veamos algunas de esas “calumnias”
que contiene el Informe de HRW.
·
El teniente coronel presidente comandante en
jefe (tcpcej), dice que practica la inclusión política pero discrimina
abiertamente a quienes no comparten sus puntos de vista. El régimen chavista ha
alentado y participado en una serie de actos discriminatorios contra opositores
y políticos, “ha despedido a opositores
de algunas instituciones estatales y de la compañía petrolera estatal y puesto sus nombres en listas
negras; ha negado a algunos ciudadanos el acceso a programas sociales como
consecuencia de sus opiniones políticas; ha discriminado contra los medios de
comunicación, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil en
respuesta a sus críticas o su actividad política”.
·
El gobierno del tcpcej desprecia el principio
de la independencia judicial y ha
neutralizado al poder judicial como un poder independiente. La reforma de la
Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, que incrementó la composición de
ese órgano de 20 a 32 magistrados permitió elegir nuevos jueces mediante una
mayoría simple, lo cual permitió asegurar una mayoría abrumadora de jueces
identificados con el oficialismo en la integración del TSJ. “Desde que se modificó significativamente la composición
del TSJ a favor del gobierno – dice HRW -, el máximo tribunal ha respondido a las medidas del gobierno que
amenazan los derechos fundamentales, en general, con pasividad y aquiescencia”
·
El gobierno del tcpcej ha socavado la libertad
de expresión en Venezuela a través de
medidas que alteran el control y contenido de los medios; ha ampliado el
alcance de las “leyes de desacato” para castigar más severamente las críticas a
funcionarios que el gobierno considere irrespetuosas; ha endurecido las penas
por calumnias e injurias; ha ampliado la definición de “incitación”; ha
endurecido las sanciones permitiéndole suspender arbitrariamente canales de
radio y televisión; ha restringido el acceso a la información pública; abusa
del control sobre las frecuencias de radio y televisión para amenazar y discriminar a estaciones que
tienen una programación crítica del gobierno. El Informe reconoce que todavía
existe en Venezuela “un dinámico debate público” y que los opositores pueden
hacer sus críticas, pero el gobierno ha fortalecido su capacidad para limitar
la libertad de expresión y ha obligado a algunos medios a autocensurarse.
·
El gobierno del tcpcej ha intentado controlar el
movimiento sindical venezolano mediante fórmulas que vulneran principios
básicos sobre libertad de asociación. Concretamente ha socavado el derecho de
los trabajadores a elegir sus representantes; ha denegado a los sindicatos de
la disidencia el derecho a negociar contratos colectivos; ha debilitado el derecho de los trabajadores a afiliarse al
sindicato de su preferencia; ha menoscabado el derecho de huelga de los
trabajadores; ha despedido trabajadores por ejercer su derecho a la huelga.
Todo esto en contravención con los acuerdos y convenios de la Organización
Internacional del Trabajo debidamente suscritos y ratificados por Venezuela.
·
El gobierno del tcpcej ha adoptado una actitud
de confrontación agresiva frente a los defensores de derechos humanos y las
organizaciones de la sociedad civil que actúan en ese campo. Ha sometido a esas
personas a investigaciones penales valiéndose de acusaciones e imputaciones
infundadas; intenta desacreditar a las
organizaciones de derechos humanos mediante descalificaciones y acusaciones
calumniosas; les impide recibir financiamiento del exterior y participar en
foros internacionales; impulsa una legislación que le permitirá interferir
arbitrariamente en las actividades de la organizaciones de la sociedad civil e
impedirles que reciban fondos para su funcionamiento. Para el gobierno esas
instituciones persiguen desestabilizar
el país y conspiran para derrocar al presidente.
· El tcpcej desprecia las garantías institucionales y los derechos fundamentales indispensables para la participación democrática. “La Constitución de 1999 – dice HRW – fue una oportunidad extraordinaria para que el país fortaleciera el estado de derecho y la protección de los derechos humanos”. “Sin embargo – agrega el Informe – esa oportunidad histórica ha sido, en gran medida, desperdiciada” Los acontecimientos de abril de 2002 han sido utilizados por el gobierno como pretexto para adoptar un amplio espectro de medidas que han debilitado las garantías fundamentales contempladas en la Constitución.
Dejo al criterio de mis lectores evaluar, a la luz de lo que dice HRW y
de la realidad que vivimos en el país, el grado en que esa prestigiosa organización
ha incurrido en falsedades, inexactitudes, exageraciones o calumnias sobre el
desempeño del tcpcej durante los 10 años que lleva gobernando.
www.adolfotaylhardat.net