EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 10 de diciembre de 2008
Adolfo R. Taylhardat
Como
el boxeador que ha sido derrotado dos veces consecutivas pero no se resigna a
perder, el teniente coronel presidente, quien no puede vivir sin tener alguien con
quien pelear, busca ahora la revancha. El primer match lo perdió el 2 de
diciembre de 2007. Luego volvió a ser derrotado el pasado 6 de diciembre cuando
transformó las elecciones regionales en un plebiscito para que el pueblo
votara a favor o en contra suya. En ambos casos cayó por knock
out.
Confiado en aquello de que "a la tercera va la vencida" nos reta
nuevamente y vuelve a proponerle a la ciudadanía que se pronuncie sobre algo
que ya quedó definitivamente rechazado.
Dentro de la reforma constitucional que repelimos en diciembre de 2007
figuraba una propuesta de enmienda de la Constitución Nacional que, de
ser aprobada le habría permitido permanecer en el poder indefinidamente.
Aquella enmienda consistía en sustituir el texto actual del artículo 230 de la
CN, que dice textualmente "El período presidencial es de seis años. El
Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido, de inmediato y por
una sola vez, para un período adicional", por el siguiente: "El
período presidencial es de siete años. El Presidente o Presidenta de la
República puede ser reelegido o reelegida". Pretendía aumentar a 7
años el período presidencial e implantar la presidencia indefinida, vitalicia,
perpetua.
La nueva propuesta de enmienda sobre la que tendremos que pronunciarnos en el
referendo, muy probablemente en alguna fecha durante el primer trimestre
del año próximo, consistirá en sustituir el texto ya transcrito del artículo
230 por el siguiente: "El período presidencial es de seis años. El Presidente
o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida".
¿No es este el mismo musiú con diferente cachimbo? O
peor aún, ¿prácticamente con el mismo cachimbo?, porque ¿en qué se
diferencia esta propuesta de la que ya repudiamos rotundamente? -Simplemente en
que no se pide aumentar a 7 años el período presidencial, lo que resulta
irrelevante puesto que dicho período se podrá prolongar "por una vez, dos
veces, hasta 100 veces si queremos", como lo ha dicho el mismo teniente
coronel. "Estaré en la presidencia hasta que Dios quiera y hasta que
ustedes manden" dijo el domingo pasado desde el balcón del pueblo.
Para encubrir la trampa que envuelve la propuesta de enmienda utiliza
el argumento de que como en todo caso habrá elecciones cada seis
años, el pueblo podrá, si lo prefiere, elegir otro presidente. Pero en un país
como el nuestro, donde todos los poderes públicos se encuentran secuestrados,
incluido el Consejo Nacional Electoral que pretende ofrecer un rostro de
objetividad e imparcialidad pero que a la hora de la verdad se postra
ante los designios del jerarca; en un país donde el mandatario maneja los
recursos del Estado a su antojo y los utiliza de manera abusiva para hacer
proselitismo en todas las campañas electorales, la alternancia en el ejercicio
de los cargos de elección popular que consagra el artículo 6º. de la CN se vuelve una quimera.
El teniente coronel presidente pretende convencer al pueblo de que él es
insustituible porque sin él al frente el "proceso revolucionario" se
perdería; porque la aprobación de la enmienda es el paso definitivo para la
consolidación del "proceso"; y porque él es la única persona que le
puede dar continuidad al "proceso".
¿Pero, de cual proceso revolucionario habla? El domingo pasado este mismo
diario publicó un enjundioso análisis (http://economia.eluniversal.com/2008/12/07/eco_art_la-economia-tiene-lo_1178656.shtml)
en el cual se demuestra que Venezuela confronta actualmente los mismos
problemas que en 1998 cuando comenzó el fulano "proceso". En
ese trabajo se presenta un balance de los 10 años de gestión del teniente
coronel presidente y se llega a la conclusión de que las promesas que hizo al
comienzo de su régimen no sólo no se han materializado sino que, por el
contrario, la economía nacional adolece de los mismos -o peores- problemas
estructurales que hace diez años.
En cualquier país democrático del mundo, donde funcionen eficientemente las
instituciones, exista control del desempeño del gobierno y se pueda
exigir rendición de cuentas, un mandatario como el que tenemos ya habría sido
desbancado electoralmente no solamente por haber fracasado en su gestión
económica sino por haber dilapidado los recursos del tesoro en la forma
como lo ha hecho y por haber facilitado la corrupción galopante que impera
entre en sus principales colaboradores.
Por estas razones, y muchas otras igualmente poderosas que no alcanzamos a
exponer por limitaciones de espacio, tenemos que prepararnos desde ya para
propinarle el tercer, definitivo y contundente knock out a este aspirante a monarca vitalicio y
hereditario (ya anunció que está preparando a su hija para que lo
suceda). El día del referendo volveremos a decirle ¡NO! con toda la fuerza de
nuestras convicciones democráticas.
www.adolfotaylhardat.net