La reforma de las Naciones Unidas
A mediados de septiembre una Cumbre de Jefes de
Estado y de Gobierno considerará las propuestas de reforma de las Naciones
Unidas presentadas por el Secretario General de las Naciones Unidas.
Entre las reformas planteadas figura de manera
prominente la del Consejo de Seguridad
El
funcionamiento y la estructura del CS es objeto de numerosas críticas. En una organización de 191 miembros
un Consejo de quince países resulta poco representativo. También resultan discriminatorias
y antidemocráticas la categoría de miembros permanentes y la institución del
veto.
Desde el fin de la guerra fría el CS evidencia más
autoridad y mayor coherencia entre los miembros permanentes. Pero como dice Kofi
Annan, esa autoridad esta en tela de juicio “por
ser anacrónica o insuficientemente representativa” y agrega: “es de vital importancia que el Consejo esté
equipado para desempeñar su responsabilidad (en el mantenimiento de la paz) y que sus decisiones gocen del respeto
mundial”
Para atender esas exigencias el Secretario General
propone dos opciones:
1) Eliminar el veto y aumentar el número de
miembros del Consejo a 24. Once permanentes (los cinco actuales mas seis
nuevos) y 13 no permanentes, renovables cada dos año como en la actualidad.
2) Ampliar el Consejo a 24 miembros sin crear nuevos
puestos permanentes, mantener el veto, agregar un nuevo puesto no permanente
con mandato de dos años no renovable para un total de once y establecer una
nueva categoría miembros no permanentes con ocho puestos con mandato de cuatro
años renovable.
Al margen de las propuestas del Secretario
General han surgido otras que lamentablemente no podemos comentar por falta de
espacio.
Ninguna de las propuestas que se han
presentado, ya sean las de Kofi Annan u otras que circulan, soluciona la
situación que se quiere corregir. Crear nuevos puestos permanentes,
semi-permanentes, o nuevas categorías de miembros no-permanentes acentuaría el
carácter discriminatorio del Consejo. Por otra parte luce prácticamente
imposible que se pueda suprimir el derecho de veto.
La
“ddemocratización” del CS se podría lograr fácilmente
con dos medidas que por sencillas pudieran parecer ingenuas pero que son absolutamente
viables:
1)
para asegurar la representatividad del Consejo bastaría con aumentar el número
de miembros no permanentes. Esto se hizo en el pasado sin traumas. Pero la
ampliación debe tener en cuenta que el CS debe ser un órgano de composición
limitada. Ampliarlo
excesivamente limitaría su capacidad de acción en situaciones de urgencia que
afecten la paz o la seguridad internacionales.
2)
No es posible eliminar el veto pero se le puede tornar innecesario. La
discriminación que plantea podría ser neutralizada sin enmendar la Carta. Bastaría
que todos los países asuman el compromiso de emplear el consenso como único
método para la toma de decisiones. El CS Sería más democrático porque todos sus
integrantes tendrían, de hecho, poder de veto. Esto no es nuevo. Desde el fin
de la guerra fría las decisiones del Consejo son negociadas en reuniones
privadas, informales. Sólo después de lograr consenso el Consejo se reúne en sesión
pública para darle carácter oficial a sus decisiones.