LA
POLITICA EXTERIOR DE VENEZUELA. AYER Y HOY
Embajador Adolfo
R. Taylhardat
La
Constitución Nacional venezolana asigna al Jefe del Estado la responsabilidad
de la conducción de las relaciones internacionales. Pero esa
función no le ha sido atribuida para ejercerla de manera caprichosa ni
arbitraria. La conducción de las relaciones internacionales debe llevarse a
cabo dentro del marco de una política exterior coherente que contemple una
estrategia debidamente planificada, con objetivos definidos, que al mismo
tiempo tenga en cuenta los intereses superiores del país y los cambios
coyunturales que constantemente se producen en el escenario internacional.
La
política exterior de un Estado tiene dos componentes fundamentales: una Agenda de Estado y una Agenda de
Gobierno.
La
agenda de Estado
La
Agenda de Estado es la que se estructura sobre la base de las condiciones
propias del país, su historia, su ubicación geoestratégica, su apego a
convicciones y principios estrechamente vinculados con la idiosincrasia de su
población. Esa Agenda está, a su vez, determinada por las concepciones
filosóficas, políticas, religiosas, o de otra índole, predominantes en la sociedad. Son los
elementos que caracterizan la identidad de un país y su nacionalidad, es decir
su condición de nación dentro del concierto internacional.
En
el caso de Venezuela, la Agenda de Estado de la política exterior esta
determinada por el origen histórico de
la nación, que se refleja en su condición de país con honda vocación democrática, apegado a la defensa de las instituciones republicanas, contrario a
cualquier clase de discriminación social, racial o religiosa y por lo tanto partidario
de la vigencia plena de los derechos fundamentales del individuo. Igualmente
determinantes son: su condición de país ubicado en el hemisferio occidental, en
el continente americano, en la región del Mar Caribe, en la sub-región andina;
el hecho de ser una nación de en la cual se han fundido diversos ingredientes
étnicos, el indígena, el africano y el europeo, en gran parte de origen
hispánico, pero que se ha enriquecido con con las sucesivas migraciones
provenientes de diversos países de ese continente. Esos factores,
consustanciales con la naturaleza y la esencia fundamentales de la
venezolanidad son, entre otros, los que tradicionalmente han servido de
orientación general de la política exterior y han proporcionado sustento y
coherencia a la actuación internacional del país. Todos estos elementos están
recogidos o reflejados en la Constitución Nacional y constituyen los parámetros
fundamentales dentro de los cuales se debe estructurar la política exterior del
Estado.
La
agenda de gobierno
Paralela
y complementariamente, cada gobierno desarrolla su propia agenda. Es aquí donde
entra en juego la disposición constitucional que asigna al Jefe del Estado la
responsabilidad de las relaciones internacionales. Esta Agenda no coincide necesariamente
con el Programa de Gobierno que sirvió de plataforma a gobernante en su campaña electoral. Generalmente
esos programas de gobierno cumplen un fin electoral. Pero tampoco se puede
excluir que ese programa contenga ofrecimientos y promesas que efectivamente se
cumplen durante el ejercicio presidencial. A diferencia de la Agenda de Estado
que, por estar condicionada por todos los elementos que describí antes, es de
carácter permanente, la Agenda de Gobierno comprende los objetivos y metas de
mediano o largo plazo que se propone alcanzar o desarrollar el gobernante de
turno durante su permanencia en el poder. Esos objetivos y metas
inevitablemente están influenciados, condicionados por la orientación política del
gobierno de turno y pueden estar fuertemente influenciados por la personalidad
del gobernante.
La
conexión entre las dos agendas
Sin
embargo, la Agenda de Gobierno de Política Exterior no puede estar sujeta al capricho o la improvisación
ni puede estar reñida con la Agenda de Estado. Para que una política exterior
resulte plausible es indispensable que la Agenda de Gobierno sea consecuente y
mantenga estrecha sintonía con la Agenda de Estado. Esta concurrencia entre las
dos Agendas es lo que le da coherencia, seriedad, responsabilidad, estabilidad
y racionalidad a la política exterior.
De esa concordancia dependen el prestigio y la credibilidad
internacional del país y el respeto hacia su gobierno.
LA
POLÍTICA EXTERIOR VENEZOLANA AYER
Como
ha ocurrido con todo lo que se hizo durante los tan vilipendiados 40 años de
vida democrática venezolana, se ha pretendido desconocer la política exterior
desarrollada durante lo que hoy, de
manera hiriente, denominan “la 4ª. República”.
Tuve
el privilegio de formar parte del Servicio Exterior venezolano durante casi
todo ese período y creo que hablo con autoridad cuando digo que Venezuela
siempre fue reconocida como un país que mantuvo una política exterior seria,
coherente y progresista. Durante ese tiempo el prestigio de Venezuela alcanzó
los más altos niveles de respeto y reconocimiento. En los organismos
internacionales la voz de Venezuela siempre tuvo un peso determinante por la
seriedad, la responsabilidad y la
coherencia de sus planteamientos.
Resultaría
tedioso describir aquí en detalle los importantes aportes que hizo nuestro país
a las relaciones internacionales con su participación activa en los diferentes
foros y organismos internacionales en los cuales contribuyó decididamente a la
convivencia en el plano universal y al mantenimiento de la paz y el respeto del
derecho de los pueblos a la libre determinación.
LA
POLÍTICA EXTERIOR VENEZOLANA HOY
Debo
comenzar por confesar que el tratamiento de este punto de mi exposición me
plantea un serio dilema. Mi problema
consiste en que es que yo sostengo que el gobierno de Hugo Chávez Frías no tiene política exterior, y evidentemente
resulta difícil discurrir sobre algo que no existe. Por ello tendré que
explicarles por qué considero que actualmente no existe política exterior.
LA
CONSTITUCIÓN
El
preámbulo de la Constitución de 1999 establece una serie de principios y pautas
que deberían servir para instrumentar la Agenda de Estado de nuestra política
exterior. Además, por primera vez en la historia constitucional venezolana la
Carta Magna incorpora una Sección completa dedicada a las relaciones
internacionales.
Es
muy significativo que el primer artículo de esa sección, el artículo 152 dice
expresamente:
“Las relaciones
internacionales de la República responden a los fines del Estado en función de
la soberanía y de los intereses del pueblo; ellas se rigen por los principios
de independencia, igualdad entre los Estados, libre determinación y no
intervención en sus asuntos internos, solución pacífica de los conflictos
internacionales, cooperación, respeto de los derechos humanos y solidaridad
entre los pueblos en la lucha por su emancipación y el bienestar de la
humanidad. La República mantendrá la más firme y decidida defensa de estos
principios y de la práctica democrática en todos los organismos e instituciones
internacionales.
Además
del capítulo propiamente sobre las relaciones exteriores, a todo lo largo de la
Constitución hay normas que tienen que ver con la orientación de la conducta
internacional de Venezuela. Hay disposiciones que se refieren a los derechos
humanos, a la protección del medio ambiente, a la integración económica y
comercial, y muchos otros aspectos que de una manera u otra tienen alcances
internacionales.
Estas
normas de la Constitución que deberían servir como el punto de partida, el
basamento para el desarrollo de la política exterior del país no solamente
no
se aplican sino que son ignoradas totalmente.
LA
“DIPLOMACIA” PERSONAL DE CHÁVEZ
La
conducción actual de las relaciones internacionales de Venezuela no se enmarca
dentro de ninguna de esas dos agendas que deberían conformar la política
exterior del país. En Venezuela lo que tenemos es una diplomacia personal y
personalista del presidente quien, utiliza la atribución constitucional de
dirigir las relaciones exteriores para impulsar, implantar e imponer su proyecto político
personal de la “revolución bolivariana”, ahora denominado “socialismo del
siglo XXI”, proyecto totalmente reñido
con la idiosincrasia de los venezolanos, inspirado en el modelo cubano, para lo
cual es evidente cuenta con el asesoramiento de Fidel Castro quien le
transfiere su experiencia de 50 años de dictadura de corte comunista.
La
diplomacia personal del Presidente Chávez se caracteriza por un manejo
caprichoso de las relaciones internacionales que no solamente desdeña los
principios básicos que caracterizaron la política exterior de estado durante
los años de la democracia sino que también viola los postulados de política
exterior consagrados en la Constitución que el mismo se mandó a hacer a su
medida, suplantándolos con decisiones y acciones que sirven exclusivamente a su
proyecto político y a los intereses ideológicos y los postulados de su
revolución.
Esa
diplomacia personal se desarrolla en medio de una permanente improvisación por
parte del Jefe del Estado quien sin consultar a nadie presenta públicamente
ideas, asume posiciones, hace proposiciones y toma decisiones sin que haya
precedido un análisis serio del impacto o de las consecuencias favorables o
desfavorables que pudieran tener no solamente internacionalmente sino sobre
todo internamente. Por lo general son decisiones que toma en el momento
simplemente porque en el calor del discurso recibió la inspiración divina y
lanza sus propuestas de manera intempestiva.
TODO
ENCAJA DENTRO DE UNA ESTRATEGIA
A
primera vista muchos de los desmanes que comete Chávez internacionalmente
pudieran parecer producto de una mente desequilibrada, y mucha gente los asume
así. Pero no cabe duda de que a pesar de la improvisación con la cual actúa, todo
lo que hace Chávez está estrechamente concatenado con un proyecto político y
encaja dentro de una estrategia internacional dirigida a impulsar ese proyecto.
Ese
proyecto político está hoy día a la vista de todos, no solamente dentro de
Venezuela sino también en el exterior. Acobijándose
bajo una supuesta y confusa doctrina bolivariana pretende justificar su empresa
“revolucionaria” que combina aportes o enseñanzas tan disímiles como los de
Bolívar, Marx, el neofascista argentino Norberto Ceresole, Jesucristo, y el guerillero Che Guevara y enarbola las
banderas del anti-neoliberalismo, la anti-globalización, el anti-imperialista,
consignas que sin lugar a dudas todavía cuentan con la simpatía de los grupos
que todavía pretenden mantener vivo el fracasado comunismo marxista-leninista.
Ese
proyecto político inicialmente tuvo solamente un alcance nacional. El objetivo
era implantar la “revolución bolivariana” en Venezuela. Después se propuso extenderlo
al ámbito subregional como un paso para alcanzar un objetivo regional. Ahora no
se limita al continente suramericano ni a la región latinoamericana y del
Caribe, sino que pretende imprimirle una proyección global, mundial.
“LA
NUEVA ETAPA”
La
conversión del proyecto de la revolución bolivariana en un proyecto internacional
arranca de la reunión que tuvo lugar en noviembre de 2004 en el Fuerte Tiuna.
En el discurso “La Nueva Etapa” pronunciado en esa ocasión Chávez expuso lo que
denominó el “Nuevo Mapa Estratégico”,
“la guía de navegación para los años 2005 y 2006 para el tránsito de la
Revolución Bolivariana de la fase de consolidación interna hacia la de exportación y la confrontación
externa”.
EL
“Nuevo Mapa Estratégico“ consta de diez grandes objetivos pero para los efectos
de esta presentación nos interesa sólo el Objetivo No. 10 que se denomina
“Seguir impulsando el nuevo sistema multipolar”.
El
espacio disponible para este artículo no permite exponer en detalle lo que se
pretende con ese objetivo, pero es importante destacar que dentro de ese
objetivo se enmarca el empeño de Chávez de exportar la “revolución bolivariana”
y su afán en desarrollar un programa de confrontación externa, concretamente
contra los Estados Unidos.
El
esquema está claro. Lo que se persigue es la exportación de la revolución al resto
del continente. La confrontación externa, que tiene un ámbito geográfico mas
amplio, de alcance mundial, tiene como objetivo central, según palabras de
Chávez, “trascender el modelo capitalista” sustituyéndolo con el “Socialismo
del Siglo XXI”.
En
aquella misma ocasión Chávez no solamente anunció que se proponía afianzar su
revolución durante el resto de su período constitucional, sino que advirtió que
el combate contra el modelo capitalista sería un objetivo de largo plazo.
“Imposible que lo hagamos en dos años. Eso no hace en dos ni en cinco años,
sería una mentira”. Así se fijaba metas que irían más allá del fin de su actual
mandato. Es bien sabido que busca eternizarse en el poder, implantar la
reelección indefinida, para poder
disponer del tiempo necesario para materializar su proyecto..
Hoy
día está claro que la intención declarada de Chávez es transformar a
Venezuela en un Estado socialista copiado sobre el modelo cubano, implantar en
el continente el Socialismo del Siglo XXI y asumir el papel de líder del tercer
mundo para “salvar a la humanidad” de la hecatombe que supuestamente la
amenaza. Su meta, como él mismo lo ha
dicho, es “quebrar el imperio”, romper el unilateralismo que lidera el poder
hegemónico del imperio. Para ello se propone unificar a los pueblos del mundo
en desarrollo y propiciar una nueva guerra fría, sustituir la confrontación
Este-Este sustituyéndola con una confrontación sur-norte, del mundo en
desarrollo contra el mundo desarrollado.
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