LA PIEDRA EN EL ZAPATO

 

Adolfo R. Taylhardat

 

Yo siempre pensé que tarde o temprano Chávez se convertiría en “una piedra en el zapato” de Fidel Castro. Cuando llegué a Cuba para asumir mi función como Embajador de Venezuela, yo conservaba la imagen del Castro que nos habían creado los noticieros y las transmisiones radio de los primeros años de la revolución cubana. Tenía en mi mente a un Castro gritón,  desaforado, agresivo, pendenciero. Cuando lo conocí personalmente me di cuenta que aquel personaje había evolucionado considerablemente. Quizás no había cambiado su pensamiento político ni su espíritu revolucionario. Pero, apartando divergencias ideológicas, debo decir que el Castro que conocí, y estoy seguro sigue siendo, fue un estadista maduro, consciente de su responsabilidad como gobernante y de su papel histórico.

 

Chávez quiere imitar al Fidel Castro de los primeros tiempos y hasta ha llegado al extremo de declararse su sucesor. “Por ahora” Castro le ha seguido la corriente a Chávez. Quizás en un primer momento pensó que efectivamente Chávez podría serle útil para lograr lo que pretendió al comienzo de su revolución: extender al resto de América Latina el modelo cubano.

 

Los comunistas son implacables en aquello de valerse de los demás y  aprovecharlos mientras les resultan útiles, pero cuando se les vuelven incómodos o les resultan embarazosos simplemente se alejan de ellos. Chavez esta llegando a ese nivel. Yo dudo  que Fidel Castro comparta el empeño de Chávez de querer cubanizar a Venezuela, de trasladar a Venezuela el modelo cubano. Castro sabe que eso no funcionará y que Chavez fracasará. A Castro tampoco le puede convenir que su auto – declarado “clon” mantenga esa actitud anti-norteamericana justo cuando discretamente busca un acercamiento con el coloso del norte. Es cierto que Castro continúa atacando a los Estados Unidos por su empeño en mantener un bloqueo que no ha logrado su propósito. Pero también es cierto que ese embargo ha ocasionado serios padecimientos económicos a la isla y a la población cubana, los cuales se agudizaron con el derrumbe de la URSS. Fidel Castro desea la normalización de las relaciones con los Estados Unidos, pero no puede decirlo públicamente. Chávez parece no darse cuenta de ello.

 

Ese enamoramiento de Chávez con toda seguridad le debe causar rubor e incomodidad al líder cubano. A Castro seguramente le avergonzó aquella secuencia televisiva que dio la vuelta al mundo donde aparece Chávez lanzándole besitos cuando lo despedía en Maiquetía. Era evidente la incomodidad de Castro ante el manoseo y la sobadera de Chávez durante la semana de su cumpleaños en Venezuela.

 

La evidencia de que la piedra en el zapato se ha vuelto insoportable  la ofrece el reciente informe del Instituto de Inteligencia Global STRATFOR (El Nacional 18-12, D-1) Allí se dice que según fuentes diplomáticas mexicanas y cubanas,  Fidel Castro y su hermano Raúl consideran que la actitud asumida por Chávez desde el 11 de septiembre ha colocado a este último en una “posición insostenible”. Asegura STRATFOR (¿será verdad?) que cuando Chavez el 30 de noviembre anunció su intención de mantenerse en el poder por tiempo prolongado, los hermanos Castro ordenaron el inmediato regreso de todos los médicos, entrenadores deportivos, agentes de seguridad, maestros y todo el personal no diplomático cubano que se encuentra en Venezuela. Esta decisión, agrega STRATFOR persigue evitar confrontaciones políticas entre La Habana y Washington en el caso de que la situación en Venezuela se deteriore. Finalmente según STRATFOR fuentes diplomáticas mexicanas aseguran que los hermanos Castro están convencidos de que Chavez esta “sellando su propia destrucción política”, y que por eso han comenzado a alejarse del gobernante Venezolano.