EL UNIVERSAL
Opinión
– Miércoles 05 de julio de 2009
LA MONTAÑA RUSA
Adolfo
R. Taylhardat
Las
relaciones del teniente coronel presidente con el Presidente Álvaro Uribe se
desplazan como si estuvieran en una montaña rusa. No son las relaciones de Venezuela
con Colombia. Son las relaciones del mandante venezolano con el gobernante
colombiano las que permanentemente están en un deslizadero. Por escasos
momentos atraviesan fases de armonía que las propulsan hasta las alturas de la
cordialidad, la civilidad y la buena
vecindad para de pronto, arrastradas por los reincidentes arrebatos de soberbia del mercurial mandante
criollo, se desploman hasta las
profundidades de una peligrosa sima de pugna y diatriba que las lleva hasta el
borde de la ruptura. Cuando se piensa que finalmente la crisis ha sido superada
y todo ha vuelto a la normalidad el
Júpiter tonante que en mala hora rige
los destinos de este país vuelve a la carga y lanza nuevamente el carro de sus
relaciones con su colega colombiano hacia el abismo.
En
cinco años hemos presenciado cuatro de
esas explosiones de soberbia que han colocado las relaciones en el filo de una
ruptura formal.
En
enero de 2005, a raíz de la captura en Venezuela del “canciller de las FARC”,
Rodrigo Granda, el teniente coronel presidente llamó a Caracas al embajador
venezolano en Bogotá y anunció “la congelación de las relaciones comerciales
con Colombia”.
En
noviembre de 2007, a raíz de la decisión del presidente Uribe de suspender su
mediación en las gestiones para la liberación de los rehenes en poder de
las FARC, el teniente coronel presidente
nuevamente metió las relaciones con Colombia en un congelador y llamó a Caracas
al embajador venezolano en Bogotá “para
una evaluación exhaustiva de las relaciones bilaterales”.
En marzo de 2008 las relaciones personales del mandante venezolano con el gobernante colombiano entraron en una nueva fase crítica, El teniente coronel presidente expulsó al Embajador de Colombia y a todo el personal de esa misión diplomática. Esta vez llegó al extremo de ordenar la movilización de “10 batallones” hasta la frontera con Colombia. Fue una crisis “por carambola”, ya que el motivo fue la operación llevada a cabo por el gobierno colombiano contra una guarida de las FARC en territorio del Ecuador
, en la cual resultó muerto el jefe máximo de
los irregulares, Raúl Reyes. Pero el paroxismo de la crisis se vio atizado por
las comprometedoras revelaciones que emergieron
de las computadoras del guerrillero colombiano.
Ahora,
nuevamente las relaciones del teniente coronel presidente con su colega
colombiano han vuelto a precipitarse hacia el abismo alcanzando un nivel
peligrosamente crítico. El pasado 28 el julio el inquilino de Miraflores
decidió llamar a Caracas al recién nombrado embajador venezolano en Bogotá y
dispuso otra “revisión a fondo” de las relaciones con Colombia. Esta vez el
motivo es la decisión del gobierno colombiano de permitir que los Estados
Unidos utilicen bases aéreas militares colombianas para cumplir tareas de
control del tráfico de drogas. El arrebato de cólera del mandante venezolano se
ha visto exacerbado esta vez por las
revelaciones de las autoridades colombianas de que la guerrilla posee armas
provenientes de los arsenales militares venezolanos como lo demuestran cuatro
lanzacohetes antitanque, comprados por Venezuela a Suecia, que fueron
incautados a la guerrilla.
Todas
estas explosiones de furia del teniente coronel presidente han estado
innecesariamente acompañadas de agresiones verbales, descalificaciones e insultos
que ponen en evidencia que este señor, a
pesar de llevar casi diez años en el poder, no ha internalizado el hecho de que
es un Jefe de Estado y que debe tratar a sus colegas como lo manda el derecho
diplomático.
Muchos
analistas internacionales han ensayado ofrecer explicaciones de este
comportamiento aparentemente errático del gobernante venezolano con su par
colombiano. Para mí el cuadro es muy sencillo y lo resumo muy esquemáticamente:
1.- Uno de los objetivos,
quizás el principal, del proyecto político chavista consiste en recrear la Gran
Colombia –un estado conformado por los países bolivarianos- dominada por la
ideología del comunismo del siglo XXI.
2) Luego de haber atrapado en
la red a Bolivia y Ecuador, quedan pendientes Perú y Colombia. Si cae este
último, el otro sería presa fácil. Pero el presidente Uribe, el “Plan Colombia” y ahora la política de
“seguridad democrática” del gobernante colombiano se han erigido en obstáculos
infranqueables que se oponen a esa aspiración.
3) Acostumbrado a comandar a
empellones a sus subalternos y a pelotones de soldados, el teniente coronel
presidente no soporta que nada ni nadie se interponga en su proyecto. Cualquier
accidente o incidente que se presente entre Colombia y Venezuela actúa como un
detonante que le da rienda suelta a esa naturaleza intemperante que lo
caracteriza.
4) Lo que ha estado en juego
todo este tiempo no son las relaciones entre Venezuela y Colombia. Esas
relaciones afortunadamente han permanecido prácticamente inalteradas y más bien
han seguido (por ahora) evolucionando favorablemente. Lo que peligrosamente ha
estado oscilando entre la paz y el conflicto son las relaciones del teniente
coronel presidente con el Presidente Uribe como consecuencia de la destemplanza
del inquilino de Miraflores. Ojalá eso nunca pase de allí.
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