LA IGLESIA Y LA POLÍTICA
Adolfo R. Taylhardat
El 24 de
noviembre de 2002 el Vaticano emitió una “Nota doctrinal sobre algunas
cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida
política” dirigida a los obispos, a los políticos católicos y a todos los
fieles “llamados a la participación en la vida pública y política en las
sociedades democráticas”
Esa nota dice, entre otras cosas:
“El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha
expresado en diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de la participación en
la acción política” y agrega: “La
Iglesia venera entre sus Santos a numerosos hombres y mujeres que han servido a
Dios a través de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno.
Entre ellos, Santo Tomás Moro, proclamado Patrón de los Gobernantes y
Políticos”
“La Iglesia –dice la nota- enseña que la
auténtica libertad no existe sin la verdad”. «Verdad y libertad, o bien van
juntas o juntas perecen miserablemente» (Juan Pablo II)
Cuando el Cardenal Castillo Lara
dijo que Chávez, elegido democráticamente, ha perdido su rumbo democrático y
presenta visos de dictadura porque tiene en sus manos todos los poderes públicos
y los ejerce arbitraria y despóticamente, simplemente proclamó la verdad como
se lo exige ese postulado de la iglesia. Su homilía y la exhortación pastoral de la Conferencia Episcopal tuvieron
un impacto fulminante. Las verdades que dijeron en defensa de la libertad
llevaron a un Chávez iracundo a dirigir insultos y hasta expresiones soeces
contra la iglesia porque según él la
iglesia no debe intervenir en política.
Chávez siempre alardea de sus
conocimientos de la historia patria pero deliberadamente ignora el papel
decisivo que jugó la iglesia en el destino político de Venezuela cuando
contribuyó de manera determinante al derrocamiento de la dictadura de Pérez
Jiménez. Monseñor Rafael Arias y su famosa Carta Pastoral, los Obispos
Delfín Moncada, Jesús María Pellín y
Hortensio Carrillo, los Padres Jesús Hernández Chapellín, Director del Diario
“La Religión”, José Sarratud, Alfredo Osiglia, Pablo Barnola, Rafael María
Álvarez Flegel, son sólo algunos de los clérigos que en aquella ocasión
arriesgaron su vida y su libertad por la democracia en Venezuela. Como ahora al
Cardenal Castillo Lara y a Monseñor Baltasar Porras, la dictadura imperante los
acusó de conspiradores y de desestabilizar el gobierno.
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