LA CUMBRE DE VIENA
Adolfo
R. Taylhardat
Una reunión cumbre que en el marco de esa bella
ciudad que es Viena pudo haber marcado un hito en las relaciones de nuestra
región con la Unión Europea resultó enturbiada por efecto de la megalomanía de Hugo Chávez,
quien no mide las consecuencias de su discurso y sus acciones.
Varios acontecimientos previos tuvieron impacto
negativo sobre la cumbre. Entre otros: la
decisión inconsulta y descabellada de retirar a Venezuela de la Comunidad
Andina, la imprudente injerencia en los procesos electorales de varios países, particularmente el peruano,
y, sobre todo, la decisión del Presidente Evo Molares de proceder, también de
manera inconsulta y precipitada, a nacionalizar la industria boliviana del gas
y los hidrocarburos, en lo cual, aunque pretenda negarlo, está metida la mano
inicua de Chávez.
Todo esto tuvo como resultado que la Unión
Europea asumiera una actitud de extrema cautela en sus proyectos de cooperación
con América Latina. Paradójicamente el único interlocutor válido que le quedó a
la UE en la cumbre fue América Central, región que luce mas cohesionada y
sensata. Con la CAN (de 4) apenas se
convino entablar conversaciones con miras a establecer un “convenio de
asociación” como paso previo para alcanzar un acuerdo de libre comercio.
La nacionalización decretada por Morales envolvió
la cumbre en un ambiente de perplejidad,
preocupación y desconfianza. Es cierto que el Documento Final de la
reunión de Viena reconoce “el derecho soberano de los países de gestionar y
regular sus recursos naturales”. Pero los pronunciamientos de mandatarios europeos
y latinoamericanos durante la cumbre reflejan honda preocupación ante el proyecto
petro-imperialista, populista y demagógico de Chávez y por el inevitable efecto
pernicioso que ejerce sobre las inversiones y los proyectos de cooperación
europeos en América Latina.
Pero no hay mal que por bien no venga. Las
andanzas de Chávez por el planeta para sembrar su “socialismo del siglo XXI”, y
ahora su empeño en “cambiar el mundo”, han comenzado a afectar directamente intereses
de algunos países europeos. Los servicios de inteligencia brasileros han
catalogan a Chávez como un “elemento desestabilizador” en la región (EN 14-05, Pág. A13) y los
gobiernos del viejo continente también pudieron darse cuenta de que este personaje
que nos gobierna puede convertirse en un elemento desestabilizador mas allá de
nuestra región.
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