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Caracas, miércoles 09 de julio,
2008 |
LA CUMBRE DEL 11 DE JULIO
Adolfo R. Taylhardat
Al parecer ya
está confirmado que el próximo viernes se reunirán en Caracas los presidentes
Álvaro Uribe y Hugo Chávez. No pretendo
adelantar opinión sobre algo que todavía no ha ocurrido. Sin embargo no es arriesgado
describir el escenario o el ambiente
dentro del cual se llevará a cabo
la reunión.
Por una parte, las relaciones entre Chávez y Uribe
se encuentran en un momento de reposo. Hablo de las relaciones
Chávez-Uribe porque de eso mismo se
trata. Las relaciones entre Venezuela y Colombia, que son las que
verdaderamente cuentan, si bien se han visto intermitentemente afectadas por la
situación de las relaciones personales de Chávez con el presidente
Colombiano, nunca han estado en riesgo. Las amenazas de Chávez de adoptar
medidas económicas y comerciales contra Colombia y hasta de nacionalizar las
empresas de ese país no han pasado de ser simples amenazas, producto de los
frecuentes arranques de soberbia que caracterizan al “comandante
presidente” La verdad verdadera es que el comercio entre los dos países se
encuentra en su mejor momento. El valor de las exportaciones colombianas hacia
Venezuela alcanzó el año pasado los 6.000 millones de dólares. En algún momento
Chávez dijo que esa cifra se iría al suelo este año. Lo que ha ocurrido es todo
lo contrario, se espera que esa cifra sobrepasará los
6.500 millones.
Ese apaciguamiento que reina en las relaciones
bilaterales sabemos que es muy frágil y eso lo tiene muy en cuenta el
presidente Uribe, quien ha dado muestras de gran paciencia y tolerancia.
Pareciera que se ha dotado de una coraza a prueba de toda agresión verbal. No
de otra manera se explica que después de haber recibido tantas andanadas de insultos,
agravios e infamias verbales, se muestre
dispuesto a reunirse con quien no solamente lo ha ofendido personalmente sino
también a su país.
Cuando Chávez decidió “congelar” sus relaciones con
Uribe afirmó que ya no habría
reconciliación posible. Ahora, con su cara bien lavada anuncia que está dispuesto
a normalizar esas relaciones. Como si las
relaciones entre los gobiernos fueran una nimiedad, una trivialidad, que
se puede tratar a la ligera, Chávez declaró a la prensa: “nos dijimos cosas muy
duras. Bueno entre hermanos y entre marido y mujer ocurre, se dicen cosas, se
tiran platos, pero eso ya pasó y ojalá pase para siempre”
Pero el 11 de julio Chávez, empequeñecido y
desprestigiado tanto en el frente interno como en el internacional y
desesperado ante la derrota electoral que le espera el 23 de noviembre, tendrá
como interlocutor a un gigante. Un presidente que contaba ya con alto índice de
apoyo en su país, y que ahora, como resultado de la liberación de los rehenes,
se encuentra en la cima de la aprobación, con más de 90% de sustento en la población, caso único en América Latina y creo que en el
mundo.
Además el presidente colombiano acaba de superar un
momento difícil como resultado de la decisión del Tribunal Supremo de poner en
duda la legalidad de la reforma constitucional que le permitió la reelección.
La Corte Constitucional colombiana ha rechazado los recursos que habían puesto
en entredicho la legitimidad de la reelección de Uribe. Esto representa otro
triunfo apenas pocos días después del golpe certero propinado a las FARC con la
impecable operación “Jaque” que resultó un verdadero jaque mate a la guerrilla
narco terrorista.
Otro elemento que pende sobre la cumbre del 11 de
julio como una nube gris a punto de desencadenar una tormenta de pronósticos
reservados es el tema de la información extraída de las computadoras de Raúl
Reyes y los testimonios que han ofrecido varios de los guerrilleros que han
desertado de las FARC acerca de los vínculos y la cooperación y apoyo de todo
tipo que ha prestado Chávez a la narco guerrilla.
Este último tema no puede quedar en el olvido. Los
venezolanos merecemos que se saque a la luz pública toda la información
comprometedora que implica al presidente de nuestro país en actividades que
rayan con la traición a la patria.
Evidentemente todos
queremos que las relaciones con nuestro vecino caminen por la senda de
la cooperación constructiva, la colaboración, la armonía y la buena vecindad.
Estamos seguros que lo mismo quieren los colombianos. Ojalá los ofrecimientos
de Chávez de subsanar sus diferencias con el Presidente Uribe sean sinceras. No nos hacemos ninguna
ilusión. Desde que Chávez asumió el poder esas relaciones han estados montadas
en una montaña rusa. Por momentos han alcanzado la cima de la normalidad pero luego
se precipitan al abismo de la turbulencia consecuencia de las embestidas
verbales que ponen en riesgo los intereses superiores que deben prevalecer en
la convivencia pacífica de dos países hermanos. Ello como consecuencia de la
soberbia, la intemperancia y la megalomanía de todos sabemos quién.
En todo caso, durante su encuentro con el Presidente
Uribe, Chávez debería tener en cuenta dos frases lapidarias que han sido
pronunciadas en esto últimos días. El mismo día que recuperó su libertad Ingrid
Betancourt, ante las cámaras de televisión y de los periodistas de todo el mundo que se encontraban presentes,
exigió a Chávez, que respete la democracia colombiana. La segunda es del
Ex–Embajador de Colombia en Venezuela y Ex– Canciller de su país, actualmente
director de la Revista Cambio, Rodrigo Pardo, quien en una entrevista que le hizo Roberto Giusti dijo que el
papel de Chávez en la liberación de los rehenes en poder de las FARC se ha
reducido a cero. Esto lo sabíamos ya, pero los
últimos acontecimiento lo hacen mas evidente.
Ojalá todo lo ocurrido le haga comprender a Chávez
que un jefe de Estado debe desempeñarse
siempre como tal y no como un matón de barrio que constantemente está
insultando y provocando innecesariamente a su vecino. Debería también al
presidente Uribe como modelo y aprender de él cómo debe comportarse un estadista.
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