La Cumbre de Johannesburgo
Adolfo R.
Taylhardat
En 1992 se celebró en Río de
Janeiro la Cumbre Mundial sobre medio ambiente y desarrollo, conocida como la
“Cumbre de la Tierra”. Diez años después se efectuó en Johannesburgo la Cumbre
Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. 190 Jefes de Estado y de Gobierno se
reunieron para evaluar cómo han sido honrados los compromisos asumidos en Río y
emprender acciones para promover el desarrollo sostenible.
Aún cuando se han logrado
progresos en la protección del medio ambiente, el balance de esa evaluación es
inevitablemente negativo. Los resultados obtenidos se han visto neutralizados
por la acelerada degradación que presenta nuestro planeta como resultado de la
acción del hombre.
La Cumbre adoptó dos
documentos fundamentales: un documento político emitido por los Jefes de Estado
y de Gobierno denominado “Declaración de Johannesburgo” y un documento
operativo denominado “Plan de Aplicación”, producto de arduas y prolongadas
negociaciones cumplidas a nivel de las delegaciones gubernamentales.
En el primero de los dos
documentos los Jefes de Estado y de Gobierno identifican los grandes retos que
enfrenta la humanidad para alcanzar el desarrollo sostenible - pobreza,
subdesarrollo, deterioro del medio ambiente, desigualdades sociales y
económicas – y asumen el compromiso de aunar esfuerzos para superar los
principales obstáculos que impiden avanzar hacia el desarrollo sostenible.
Además se comprometen a cumplir el Plan de Aplicación y facilitar el logro de
las metas temporales, socio-económicas y ambientales que allí se establecen.
El presidente Chávez no
podía perder la oportunidad de poner la nota discordante. En la sesión de
clausura embistió nuevamente contra las reuniones en la cima. Repitiendo su
mojiganga de Madrid semoneó: “andamos de cumbre en cumbre mientras la humanidad
va de abismo en abismo” ... “en estas cumbres no hay diálogo, parecen un
diálogo de sordos” ... “hay que venir a discutir los grandes temas de la
humanidad” ... “hay que transformar radicalmente el formato de las cumbres” ...
“tenemos que venir a tomar decisiones”
Parece que el presidente
Chávez pretende que las Cumbres de Jefes de Estado hagan milagros y olvida que
esas reuniones se limitan a identificar y registrar los problemas que constituyen
la preocupación de la comunidad internacional y a proponer medidas para
resolverlos. Hasta allí llega el trabajo de los técnicos y los diplomáticos. El
milagro lo deben hacer los Jefes de Estado y de Gobierno cumpliendo los
compromisos que adquieren en las cumbres. Si las cumbres, y en el caso concreto
de la de Río de Janeiro, no cumplieron su propósito, quienes fallaron fueron
los gobiernos que no honraron sus compromisos.
Ahora nos corresponde a los
venezolanos ejercer una vigilancia sistemática
para obligar a Chávez y a su gobierno a cumplir los compromisos que
asumió en esta nueva Cumbre y exigir que se rinda cuentas de la aplicación del
Plan de Implementación de Johannesburgo, de sus metas y de sus plazos.