La campaña electoral

Adolfo R. Taylhardat

EN VENEZUELA se ha operado un vergonzoso proceso de incautación del derecho al sufragio mediante el avasallamiento del Consejo Nacional Electoral y la defraudación de todo el sistema electoral.

Según la Constitución Nacional el CNE debe regirse por los principios de "independencia orgánica, autonomía funcional y presupuestaria, despartidización de los organismos electorales, imparcialidad y participación ciudadana, descentralización de la administración electoral, transparencia y celeridad del acto de votación y escrutinios".

Todos esos principios han si do escamoteados o burlados en la composición y el funcionamiento de ese órgano.

La naturaleza sesgada del CNE ha quedado evidenciada en los procesos electorales realizados bajo su administración que estuvieron rodeados de todo tipo de obstáculos creados para interferir el sagrado derecho al voto: modificaciones caprichosas de normas y reglamentos, establecimiento de nuevos requisitos y procedimientos para dificultar la participación del electorado, incorporación al sistema de votación de nuevos mecanismos electrónicos no contem plados en la ley. Y ahora, las "morochas".

En la campaña electoral que acaba de comenzar presenciaremos las mismas prácticas ventajistas del oficialismo: uso arbitrario de recursos financieros, materiales y humanos del Estado, participación abusiva del Jefe del Estado en la campaña empleando estaciones de radio y de televisión oficiales o controladas por el Gobierno, intensificación del uso del dinero de los venezolanos en programas sociales y medidas populistas de última hora para intentar granjear apoyo en las clases menos favorecidas. Todo bajo la mirada complaciente del CNE.

La perspectiva de que las elecciones de diciembre se realizarán bajo las mismas condiciones adversas ha generado en el electorado total desconfianza en la institución del voto. La ciudadanía se siente lesionada y burlada.

Para que los venezolanos recuperen su confianza es necesario que su voto sea respetado. Ello requiere: 1) eliminar las "máquinas capta-huellas" que atentan contra el secreto del voto; 2) contar cada una de las papeletas depositadas en las urnas de cada mesa electoral; 3) que las autoridades gubernamentales, comenzando por el propio Presidente, el partido de Gobierno, sus dirigentes y los funcionarios del "Plan República" se abstengan de interferir, de cualquier manera, en el proceso electoral.

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