Itamaratí, una
Cancillería seria
Adolfo
R. Taylhardat
Itamaratí, que es reconocida como una de la
mejores y mas serias Cancillería de América Latina y del mundo, emprende un
programa de reformas (Folha de S. Paulo. 5-12-04) que colocará la diplomacia brasilera
en situación privilegiada.
Para asumir los retos que plantean las actuales
exigencias del entorno internacional Brasil iniciará un programa de cambios en su
servicio diplomático que contempla abrir 20 nuevas representaciones en el
exterior y aumentar en 50 % el número de sus funcionarios (de 980 pasará a
1460). Según el Canciller Celso Amorín la actual composición del servicio
exterior no permite a Brasil mantener una posición activa y de liderazgo en las
organizaciones internacionales, particularmente la Organización Mundial de
Comercio, ni ejercer la influencia deseada dentro de las Naciones Unidas.
El paquete de propuestas para elevar la calidad
de Itamaratí será presentado al Presidente Lula en los próximos días. Pero
previendo que su aprobación pudiera tomar algún tiempo, Itamaratí solicitará
una autorización presidencial para comenzar a aplicar las reformas desde el
próximo mes de enero.
Además del aumento del número de funcionarios,
el paquete de reformas, que persigue dar mas agilidad a la diplomacia
brasilera, introduce cambios en el sistema de ingreso y disminuye de 4 a 3 años
la antigüedad necesaria para los ascensos; las 480 nuevas vacantes serán
cubiertas en un plazo de 4 años; también se deberán cubrir cien nuevos puestos en
las categorías de oficiales administrativos y asistentes de cancillería; las
pruebas de lenguas extranjeras se considerarán calificatorias en lugar de eliminatorias;
la permanencia en destinos difíciles se
contará como doble y dará derecho a un destino mejor al terminar la misión.
Nuestro Servicio Exterior, en cambio, sufre el más
brutal proceso de desmantelamiento de toda su historia. Los esfuerzos para
conformar un servicio exterior de excelencia que hicimos quienes consideramos
la diplomacia como una carrera profesional de Estado, han quedado abatidos con
la mediocridad “revolucionaria” imperante. Los mejores cuadros profesionales del
servicio exterior han sido suplantados con militares o con afectos al régimen. Los
pocos que quedan, que no se han plegado al “proceso”, son objeto de
humillaciones para forzarlos a renunciar o acogerse a la jubilación. Así se
construye la “diplomacia bolivariana”.
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