INMOLADA ANTES DE NACER

 

Luego de tres meses de penosa gestación, la Mesa que preside el Dr. Cesar Gaviria como facilitador engendró una criatura que ya había sido vilmente inmolada antes de nacer.

 

En lugar de producir, como lo exigen las condiciones actuales del país, un compromiso firme del gobierno de renunciar a la violencia verbal y física que viene empleando contra la oposición democrática venezolana, la Mesa se limitó a recoger pronunciamientos vacuos e imprecisos en un documento que por su propia naturaleza no tiene carácter vinculante.

 

La “Declaración contra la Violencia, por la Paz y la Democracia” resultó un documento inocuo donde apenas se “rechazan”  la intemperancia verbal, las recriminaciones y el lenguaje hiriente; se declara que la violencia “es condenable”, se “rechazan” las manifestaciones de violencia e intolerancia; se “hace un llamado” a observar conductas enmarcadas en el respeto de los derechos humanos; y  se “ofrece colocar esfuerzos” para crear condiciones que permitan consolidar un clima de paz y tolerancia.

 

El nacimiento de la “Declaración de Principios por la Paz y la Democracia” estuvo precedido, entre otros hechos, por el eructo de “La Guacamaya”, los procedimientos administrativos contra cuatro estaciones de televisión, la amenaza presidencial de ordenar la ocupación militar de instalaciones industriales, el monstruoso asesinato de tres soldados disidentes, y, el mismo día de su firma, por el asalto de las hordas de los círculos violentos chavistas al Hospital de El Llanito, donde resultaron lesionados varios médicos.

 

Apenas firmada la declaración, con su acostumbrada intemperancia verbal y en abierto desafío a la comunidad internacional constituida en garante de ese documento, Chávez fustigó al Poder Judicial afirmando que de cada cien jueces apenas uno es honesto y dio luz verde para que uno de esos “jueces honestos” iniciara procedimientos judiciales contra dirigentes de la oposición democrática, comenzando con Carlos Fernández y Carlos Ortega. Al parecer, acciones similares se intentarán contra otras personalidades de los medios, la política, el empresariado PDVSA, los sindicatos y la sociedad civil.

 

Ante las categóricas reacciones internacionales que suscitaron la detención de Fernández y el desprecio hacia la Declaración por la Paz y la Democracia, Chávez recurre al subterfugio que emplean todos los dictadores y tiranos del mundo, se refugia bajo el manto de la no-intervención y advierte “a todos los gobierno y a los funcionarios del mundo que Venezuela es un país ¡soberano!, que no somos colonia de nadie y que no aceptamos injerencia externa” (El Universal 22-02-03, Pág. 1-4)

 

Pero no hay mal que por bien no venga. Luego de todo eso y de las recriminaciones y el lenguaje hiriente del último Alo Presidente, si fuera de Venezuela alguien dudaba del totalitarismo de Chávez, ya quedó claro que nuestra democracia está en peligro y que la estabilidad institucional de todo el continente se encuentra gravemente amenazada.