HUMO BLANCO
Adolfo R.
Taylhardat
Apenas dos días después de haberse instalado el Concilio convocado para
la elección del sucesor del "Peregrino de la Paz", el papa Juan Pablo
II, el mundo recibió el anuncio que con gran expectativa esperaba el planeta,
no sólo el católico sino la totalidad de la población mundial, de todas la
religiones: Habemus Papam.
El nuevo conductor de la Iglesia católica es Benedicto XVI, quien hasta
ese momento fue Joseph, cardenal Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio.
En su primera bendición "Urbi et Orbi", con extraordinaria
humildad el nuevo Papa anunció que después del gran papa Juan Pablo II:
"Los señores cardenales me han elegido, un simple y humilde
trabajador en la viña del Señor".
La escogencia del cardenal Ratzinger no ha sido sorpresa.
Juan Pablo II siempre lo consideró como "su amigo de
confianza", condición que demostró ampliamente durante los últimos días y
las últimas horas de su predecesor.
El nombre escogido por el cardenal Ratzinger, Benedicto XVI es muy significativo
y seguramente es un adelanto de lo que será su reinado.
Benedicto XV, quien fuera Papa entre 1914 y 1922, se distinguió por su
apostolado misionario y por su labor en la propagación de la fe.
Mantuvo una estricta neutralidad durante la Primera Guerra Mundial e
hizo grandes esfuerzos para contribuir a una solución pacífica de esa
conflagración.
El cardenal Ratzinger fue designado por Juan Pablo II para dirigir la
Congregación de la Doctrina de la Fe, en cierto modo sucesora de la
Congregación de la "Obra de la Propagación de la Fe" creada por
Benedicto XV.
Estos breves datos nos permiten augurar que Benedicto XVI, no solamente
dedicará su apostolado a continuar y consolidar la obra misionera que a escala
internacional desarrolló su predecesor.
También conducirá a la Iglesia católica a jugar un papel determinante en
los esfuerzos para contribuir a la solución de los conflictos internacionales
con un espíritu ecuménico.
Esta tarea del nuevo Santo Padre se verá ampliamente facilitada por el
prestigio internacional que ya tiene consolidado.
Esto lo demuestra el hecho de que hace poco la revista Time lo clasificó
como una de las 100 personas más influyentes del mundo.
Desde el fallecimiento de Juan Pablo II y durante sus exequias, los
católicos del mundo concentraban su atención sobre la figura del cardenal
Ratzinger.
Además de haber sido la mano derecha del fallecido Papa se caracterizó
como uno de los hombres mas poderosos del Vaticano.
Es altamente venerado por su inteligencia, su agudeza y su discurso
claro y brillante.
Así lo demostró en la homilía que pronunció durante la misa funeraria en
honor del Santo Padre.
En lo que respecta a América Latina, resulta importante destacar el
papel que cumplió el cardenal Ratzinger en cerrar el camino de la
"Teología de la Liberación" y por marginar a su principal propagador,
el brasileño Leonardo Boff.
Este antecedente del nuevo Papa posiblemente inspirará sentimientos
encontrados en nuestra región.