|
Guerra
avisada… 30-01-07 Adolfo R. Taylhardat En mi artículo de la semana pasada escribí que Chávez, en su delirio
bolivariano pretende recrear la Gran Colombia, pero bajo el manto del
"socialismo del siglo XXI". Aspira a construir una
"confederación de países andinos" controlados por gobiernos afectos
a él y comprometidos con el "proyecto bolivariano". Ya ha avanzado
algo en esa dirección con Bolivia y Ecuador. En este contexto Colombia es una
pieza vital. Con su supuesta mediación para la liberación de rehenes Chávez
buscaba fortalecer a las FARC y debilitar al presidente Uribe y su gobierno
lo que le habría facilitado avanzar hacia la implantación en Colombia de un
régimen "aliado". Como fracasó en ese experimento, ahora pretende hacer lo que ha
hecho con nosotros: dividir a la sociedad entre "oligarcas" y
proletarios para encender la mecha del nacionalismo entre la gente humilde.
Por supuesto, al igual que aquí, allá los oligarcas son todos los que no
están con él y con su proyecto. Por eso denuncia a la "oligarquía",
al presidente Uribe y a su gobierno como "peones del imperio" y los
acusa de conspirar contra él. También ha acusado a la oligarquía colombiana
de haber asesinado al Mariscal Sucre y al Libertador Simón Bolívar. Es bien conocida la táctica chavista de atribuir a los demás lo que
hace o se propone hacer. "Acuso al gobierno de Colombia de estar
fraguando una conspiración, actuando como peón del imperio norteamericano, de
estar forjando una provocación bélica contra Venezuela". En su Aló Presidente del domingo pasado aseguró que Colombia,
obedeciendo los dictados de Washington entorpece el proceso de integración
regional, advirtió que no permitirá que la oligarquía colombiana boicotee la
integración latinoamericana y sentenció: "llegará el día en que el
pueblo colombiano se libere de la oligarquía". Con esas acusaciones y con los improperios que prácticamente a
diario le dirige al presidente Uribe y a su gobierno, Chávez pareciera buscar
el rompimiento de las relaciones, estimular una reacción que le permita
aparecer como víctima de una agresión colombiana y de esa manera tener una
justificación para ejercer una represalia. En esas circunstancias estaría en
condiciones de desplegar una conducta abiertamente más militante para seguir
impulsando su proyecto. Espero, o más bien no creo, que el escenario descrito más arriba
llegue a materializarse. Sin embargo, es bueno tenerlo en cuenta por aquello
de que guerra avisada no mata soldado. La parte colombiana no ha caído en el juego y no se deja arrastrar
con las provocaciones. Asume acertadamente una posición de discreta
indiferencia frente a las injurias de Chávez y sus compinches, entre los
cuales ocupa lugar destacado el canciller Maduro. Es más, el canciller
colombiano reiteradamente afirma su disposición a dialogar por la vía
diplomática para encaminar nuevamente las relaciones recíprocas hacia un
camino constructivo. Pero hay hechos y situaciones que no pueden descartarse a la ligera. La actitud circunspecta y comedida del presidente Uribe y su
gobierno saca de quicio a Chávez. Exasperado porque no logra el resultado que
busca, ahora emprende un camino irresponsablemente peligroso. Comienza por
militarizar la frontera supuestamente para impedir el contrabando de
extracción. Toda militarización de frontera sin motivos realmente serios es
un paso sumamente delicado. Además, la semana pasada se llevaron a cabo en el estado Cojedes
unos ejercicios de guerra cuya finalidad, según afirmó un general
participante en las maniobras, es "que el pueblo venezolano esté
consciente y tranquilo de que tiene una Fuerza Armada Nacional Bolivariana
que, a la hora de cualquier conflicto, estará presente, eficiente y
eficazmente preparada" (El Universal, 25-01-08, Pág. 1-6). El mismo
despacho de prensa agrega que un coronel afirmó que "el ejercicio
táctico-militar tuvo como finalidad demostrar que la Fuerza Armada está
preparada para la defensa integral de la nación y el resguardo de su
soberanía". Normalmente, durante períodos de tensión, los gobiernos se abstienen
de realizar actividades de esa naturaleza que pudieran ser mal interpretados.
Pareciera que Chávez, a pesar de ser militar, ignora eso. A menos que forme
parte de un plan deliberado para agriar todavía más las relaciones con
Colombia. Para completar, recientemente la cadena colombiana de televisión
RCN, en su programa La Noche reveló que tiene informaciones acerca de un
juego de guerra de la Fuerza Armada venezolana en el cual se presenta un
hipotético estado de guerra en el cual el país azul, (Colombia) y el rojo
(Venezuela) entran en inminente conflicto. -Esto pareciera la versión
endógena del famoso "Plan Balboa", lo que pone en evidencia la
falta de originalidad y de imaginación de Chávez y sus jefes militares.
-Según La Noche, el juego se denomina Guaicaipuro,
y figura en un documento reservado del Gobierno venezolano en el que se
plantea una estrategia militar para invadir la península de la Guajira y
parte de los llanos orientales colombianos que le pertenecen a Venezuela y
que deben ser invadidos. El objetivo sería reivindicar el artículo décimo de
la Constitución en el cual se establece que "El territorio y demás
espacios geográficos de la República son los que correspondían a la Capitanía
General de Venezuela antes de la transformación política iniciada el 19 de
Abril de 1810, con las modificaciones resultantes de los tratados y laudos
arbitrales no viciados de nulidad". Esto también pareciera ser un chiste, pero lo cierto es que
recientemente Chávez acusó a Colombia de haberle robado a Venezuela 300.000
kilómetros de territorio. Los hechos descritos parecieran encajar, como señalé más arriba, en
una estrategia de provocación destinada a inducir una reacción por parte de
Colombia y dar origen a un escenario de confrontación en el cual Chávez
contaría con el apoyo y la lealtad de las FARC, una fuerza militar que opera
dentro del territorio mismo de Colombia. Después Chávez sólo necesitaría
gastar algunos millardos de petrodólares para influir luego en las elecciones
colombianas y colocar en la presidencia de ese país algún personaje
identificado a su proyecto, como lo hizo en Bolivia, Ecuador y Nicaragua y
como pretendió hacerlo en Perú. Pero Chávez nuevamente se quedará con las ganas. Ni el gobierno
colombiano, ni la sociedad venezolana, y me atrevo a decir que tampoco
nuestra Fuerza Armada, se van a dejar arrastrar hacia una confrontación
fratricida. Los desplantes de Chávez son como los ladridos del perro que no
muerde. Al final Chávez se quedará peleando con su propia sombra. |
|
|