EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 9 de septiembre de 2010-02-28
GOLPE DE GRACIA
A LA CARRERA DIPLOMÁTICA
Adolfo R. Taylhardat
Los esfuerzos por estructurar la carrera diplomática en Venezuela venezolano
comenzaron con la Ley Orgánica del Servicio Diplomático de 1923 y la Ley
Orgánica del Servicio Consular de 1936. En 1946 fue promulgado el
"Estatuto Orgánico del Servicio Exterior" que en su momento representó
un esfuerzo valioso para instituir la carrera diplomática e iniciar el proceso
de profesionalización del Servicio Exterior.
Aún cuando el Estatuto estableció que el ingreso a los cargos de carrera
del Ministerio de Relaciones Exteriores solamente se haría mediante concursos
de oposición, fue sólo a partir de la promulgación, en 1962, de la primera Ley
del Servicio Exterior, se cuando abrieron los primeros concursos. Sin embargo, aún
desde antes de que se realizaran concursos de oposición ya se había creado una
Carrera Diplomática de hecho integrada por funcionarios en comisión la cual se vio
privilegiada con la incorporación al servicio de
numerosos funcionarios, en su mayoría licenciados en estudios internacionales en
su mayoría excelentes y brillantes profesionales que se destacaron por su
vocación de servicio, representaron al país dignamente y defendieron sus
intereses con indeclinable patriotismo. Esos internacionalistas fueron los
“pioneros” que abrieron la puerta de la Cancillería a las generaciones
posteriores de graduados de la Escuela de Estudios Internacionales.
Con la implantación del régimen de Concursos se aceleró la
profesionalización del Servicio Exterior. A ello contribuyó determinantemente
la Ley de 1962 que incorporó dos disposiciones fundamentales para la
consolidación de la carrera diplomática: 1) reservó los cargos del rango de
Tercer Secretario exclusivamente para el ingreso a la carrera de los admitidos
por concurso. 2) reservó el 50 % de los cargos de Embajador, Jefe de misión
diplomática para funcionarios de carrera. Estas normas fueron respetadas por
los distintos gobiernos de democracia y
para mediados de la década de los 90 el porcentaje de funcionarios de carrera superaba
el 80% del total del funcionariado. Muchos de ellos, habiendo recorrido
exitosamente el escalafón alcanzaron el rango de Embajador. Algunos llegamos a
ser Viceministros o Cancilleres.
En 1990, cuando me desempeñé como Vice-Ministro de Relaciones Exteriores
conformé un Grupo de Trabajo para revisar los distintos proyectos de Ley
existentes, particularmente el que reposaba en el Congreso desde septiembre de
1987, conocido como el "Proyecto Consalvi-Nava Carrillo". El Grupo de Trabajo elaboró un "Proyecto
de Ley Orgánica del Servicio Exterior". Partiendo de las disposiciones de
la Ley vigente incorporó nuevas normas para
promover la excelencia en la integración del Servicio Exterior y el ejercicio
de la diplomacia como carrera profesional al servicio del Estado. Con esa
finalidad, entre otras cosas, se instituía un procedimiento más exigente pero
también más justo para la incorporación a la carrera, se contemplaban mecanismos
de actualización continua y se instauraba un sistema de evaluación continuada de
los funcionarios. Además, al tiempo que garantizaba la estabilidad del
funcionario, incorporaba un régimen disciplinario más estricto, contemplaba estímulos
para que los funcionarios se esmeraran en su rendimiento, su desempeño y su
integridad. El proyecto fue remitido al Congreso Nacional pero fue sólo en
1994, siendo Haydée Castillo de López Presidenta de la Comisión de Política
Exterior del Senado y quien escribe Asesor de esa Comisión, cuando fue
“desengavetado” y se inició el proceso de revisión para someterlo a la
consideración del Senado. Ese proceso continuó y se completó bajo la gestión de
Pedro Pablo Aguilar como Presidente de la Comisión. Después de haber sido
aprobado por unanimidad en las dos discusiones reglamentarias en el Senado, y
en primera discusión en la Cámara de Diputados el proyecto fue nuevamente
engavetado.
Ese proyecto fue desengavetado otra vez en el 2001 cuando fue tomado
como base para la Ley del Servicio Exterior promulgada el 3 de julio de ese año.
Esa Ley, si bien retuvo cerca del 90% del proyecto original, introdujo cambios
que desmejoraron considerablemente la situación legal de los funcionarios y los
beneficios contemplados en aquel proyecto. Además, se incorporaron disposiciones
que desbordan su objeto propio y fundamental como es la regulación de la
organización y el funcionamiento del Servicio Exterior. Sin embargo la Ley conservó
la disposición que reservaba para los funcionarios de carrera el 50 % de los
cargos de Embajador Jefe de Misión.
Esta Ley fue reformada mediante la Ley de Reforma Parcial sancionada el
21 de julio de 2005, la cual, entre otras cosas, eliminó la reserva del 50% de
los cargos de Embajador al establecer que “el
presidente designará los jefes de todas las misiones diplomáticas”
En el 2007 fue aprobada en primera discusión en la Asamblea Nacional una
nueva Ley de Reforma Parcial. Según se ha sabido, próximamente será sometida a la
segunda discusión. Este nuevo texto es
un auténtico mamotreto legal. Analizarlo y comentarlo rebasaría los límites de
este artículo. Pero lo que no podemos dejar de denunciar es que el artículo 11
de esta reforma persigue asestar el golpe de gracia definitivo a la Carrera
Diplomática y al Servicio Exterior en general cuando establece que no solamente
los cargos de Embajador Jefe de Misión sino que “todos los cargos de la Cancillería, tanto del servicio interno como
externo serán de libre nombramiento y remoción”.
Los esfuerzos de medio siglo para dotar a Venezuela de un Servicio
Exterior que no tuviera nada que envidiarle a ningún país, ni siquiera a Brasil
y su prestigioso Itamaratí, han sido echados por
tierra como otras muchas cosas en la Venezuela del comunismo del siglo XXI. Desde
que asumió el poder el teniente coronel presidente se ha producido un proceso
diametralmente inverso al que tuvo lugar durante los 40 años de vida
democrática del país. El Servicio Exterior está hoy día totalmente
desmantelado. Los pocos funcionarios de carrera que todavía permanecen en el
Servicio son objeto de tratamientos denigrantes y medidas humillantes para desmoralizarlos
y forzarlos a renunciar o solicitar la
jubilación. La Cancillería ha sido poblada con elementos que no cuentan ni con
la formación ni con las cualidades necesarias para ejercer la función
diplomática ni la representación del país. Para muestra un botón: recientemente
una joven sin la formación necesaria y sin otro idioma que el español, de golpe
y porrazo fue nombrada Primer Secretario en una Embajada en un país de Asia con
el cargo de Primer Secretario, lo que a un funcionario de carrera le habría
tomado no menos de ocho años de permanencia ininterrumpida en el Servicio.
¿Qué se puede esperar de una Cancillería conducida por un chofer de
metrobuses en un gobierno al cual la excelencia le produce escozor? Lo que falta es pintar de rojo la Casa Amarilla.
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