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Caracas, miércoles 21 de noviembre, 2007 |
GOLPE DE ESTADO
Adolfo R.
Taylhardat
Corrientemente se habla de golpe de Estado cuando ocurre una insurrección, sublevación o levantamiento contra el poder vigente, sea éste legítimo (gobierno legalmente constituido) o ilegítimo (una dictadura u otro tipo de régimen usurpador de la voluntad democrática).
Sin embargo, un golpe de Estado puede consistir también en un acto del poder vigente para privar a un pueblo de sus derechos soberanos y particularmente de sus derechos y libertades fundamentales.
La Carta Democrática Interamericana es clara cuando establece en su artículo primero que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla” y señala que los elementos esenciales y los componentes fundamentales de la democracia son, entre otros: el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas libres y justas; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; la separación de los poderes públicos; la transparencia de las actividades gubernamentales; la probidad, la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública y el respeto por los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa.
Esto significa que cuando un gobernante arremete contra las instituciones democráticas y deja de cumplir su obligación de promoverlas o defenderlas, está cometiendo un golpe de estado.
Esto es precisamente lo que está por ocurrir en Venezuela con la pretensión del presidente de modificar la Carta Magna atentando no solamente contra los elementos esenciales y los componentes fundamentales de la democracia enunciados en la Carta Democrática Interamericana sino también contra los principios fundamentales de la propia Constitución.
Un antecedente remoto de la modalidad de golpe que se propone dar el Presidente Chávez – con curiosas coincidencias, por cierto - lo encontramos en lo ocurrido en Francia a mediados del siglo XXI.
En octubre de 1834 Louis Napoleón intentó, infructuosamente, dar un golpe de estado contra el poder vigente. Esa intentona fallida le dio notoriedad política y le sirvió para que el 10 de diciembre de 1848 fuera elegido, democráticamente, Presidente de Francia. El 2 de diciembre de 1851, siendo Presidente, dio un golpe de estado que le permitió modificar la Constitución francesa para instituir el Imperio y el 2 de diciembre del año siguiente se proclamó Emperador y permaneció en el poder ininterrumpidamente durante 19 años.
Tal como lo hizo Louis Napoleón hace 156 años, Hugo Chávez prepara un golpe de Estado, que deberá
materializarse también un 2 de diciembre. Su propuesta de modificar la
Constitución no puede ser calificada de otra manera. Contempla consagrar su
permanencia en el poder de manera indefinida, es decir, instaurar la
presidencia vitalicia que no se diferencia en nada a la condición de un
emperador como lo que instauró Napoleón III. Además, es pública y notoria su
intención de permanecer en el poder
hasta el año 2031, o sea casi el doble de lo que duró el segundo imperio
francés.
Pero el golpe que se propone dar Chávez va mucho más
allá de su perpetuación en el poder. Persigue transformar el país de manera
radical, introducir un cambio profundo de la estructura del Estado y alterar
los principios fundamentales que rigen la existencia de Venezuela como país
democrático. Valiéndose de la interpretación abusiva y tergiversada de las
normas que regulan el procedimiento de modificación de la Constitución,
burlando groseramente la buena fe y la
ingenuidad de muchos venezolanos que no han leído las propuestas de
modificación de la Constitución, o que si las han leído no han podido digerir
sus alcances y consecuencias, pretende transformar a Venezuela en un Estado
socialista, es decir, implantar en Venezuela un régimen y un sistema
neo-comunista como el que prevaleció en los países de Europa Oriental
hasta el derrumbamiento de la cortina de
hierro y que todavía subsiste en Cuba.
El 2 de diciembre
próximo se juega el destino de Venezuela y el de todos los venezolanos.
Por eso no podemos permanecer indiferentes. Las encuestas de opinión indican
que si nos unimos los que no estamos de
acuerdo con la propuesta de modificación de la Constitución podremos impedir
que el golpe de estado se materialice. Es una oportunidad que no debemos
perder.
www.adolfotaylhardat.net