GANÓ VENEZUELA
Adolfo
R. Taylhardat
El verdadero triunfador en la gesta comicial
del domingo pasado fue el país, fue Venezuela, fuimos todos los venezolanos,
que logramos impedir que por la vía del fraude se nos impusiera un modelo
político, económico, social e ideológico que es absolutamente contrario al
sentimiento y a la vocación democrática de nuestro pueblo.
El domingo nos libramos del golpe de Estado
que pretendió perpetrar el presidente Chávez para implantar un régimen
totalitario que lo convertiría prácticamente en un monarca absoluto.
Aún cuando es “clavo pasado”, no podemos
dejar de insistir en que con su intento de acumular y concentrar nuevo poderes,
con la instauración de un sistema de economía centralmente controlada y el
establecimiento la presidencia vitalicia Chávez pretendía transformar a
Venezuela en una copia carbón de Cuba.
En medio del fervor de la abusiva campaña que
descaradamente desarrolló desde la presidencia, Chávez advirtió que se quedaría
en la presidencia hasta el año 2050. Casualmente, el mismo domingo, los medios
dieron cuenta del anuncio según el cual Fidel Castro sería nuevamente postulado
para presidente de Cuba en las “elecciones” que tendrán lugar en ese país en
enero del año próximo. Esa información estuvo acompañada de fotografías del
anciano y ya decrépito dictador cubano. Por mi mente cruzó la imagen de un
Chávez igualmente desvencijado y gagá anunciando, el 2043, que sería nuevamente
candidato en unas elecciones que, como en las de Cuba, el presidente-candidato
tendría asegurado el triunfo.
Pero los venezolanos le dijimos ¡NO! Le
dijimos que, tal como lo establece la Constitución vigente, su actual período
terminará el año 2013 y que no podrá pretender continuar ocupando la silla
presidencial de Miraflores. También le dijimos que no queremos ver a
Venezuela convertida en un Estado socialista bajo un régimen
dictatorial en el cual nuestras libertades
y nuestros derechos fundamentales
quedarían conculcados.
Como era
de esperarse, su soberbia no le permitió digerir la derrota que le
propinó la Venezuela democrática y en la rueda de prensa que ofreció luego
haber sido anunciado el resultado del referendo, Chávez calificó de “vitoria
pírrica” el triunfo del NO.
Eso pareciera ser el adelanto de la respuesta
que dará a los llamados a la reconciliación nacional, a la armonía y a la
reunificación del país que desde distintos sectores de la oposición han
emergido después de conocido el triunfo del NO.
Los integrantes del “bloque del NO, por boca
de Manuel Rosales han ofrecido a Chávez una rama de olivo clamando por el cese
del odio como política de Estado. También el clero ha sido reiterativo en su
llamado a la paz y la armonía entre los venezolanos. Ese llamado es compartido
por los jóvenes estudiantes de todo el país. “Esta es la oportunidad para que
todos los sectores discutamos juntos el país que queremos. Es posible
entendernos más allá de nuestras diferencias” fue el llamado que hizo Stalin
González en nombre del estudiantado venezolano luego que Chávez
admitiera su derrota.
Lamentablemente Chávez ya fijó su posición la
misma noche del domingo pasado cuando dijo: “por ahora no pudimos, pero no
retiro ni una coma de la reforma” y
anunció que buscará otra manera, seguramente más lenta, para alcanzar el objetivo
que persigue con sus propuestas de
modificación de la Constitución.
En la mente militar de Chávez no caben otras
opciones sino el odio, la diatriba y la guerra. Una guerra ficticia que él
solo, individualmente, ha trabado con quienes no se pliegan a su designio y que
le ha llevado a considerar enemigos, no solamente a los venezolanos que le
adversamos, sino a personalidades y gobernantes de otros países que han
formulado críticas a su proyecto político expansionista.
Ojalá me equivoque, pero en Venezuela no hay
dialogo posible mientras predomine la soberbia, la altanería y la
intemperancia. Tampoco puede haber diálogo mientras desde las alturas del poder
se pretenda imponer los interlocutores y fijar anticipadamente los límites, el
contenido y los alcances de la agenda. De esto existen antecedentes frustrantes.
Con todo, sería deseable que ese importante
sector del oficialismo que no estuvo de
acuerdo con las propuestas de Chávez y que seguramente reconoce que lo del domingo pasado no fue una
“victoria pírrica” sino una expresión auténtica del sentir de una
porción de la población - ahora mayoritaria así sea por escaso margen – deponga
su sectarismo y contribuya a facilitar el restablecimiento de la fraternidad
entre todos los venezolanos.
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