|
02-01-07 Adolfo
R. Taylhardat Al igual que los colombianos, todos los venezolanos nos regocijamos
por la liberación de por lo menos tres de los 45 rehenes que han permanecido
muchos años secuestrados por la narcoguerrilla
colombiana. Felicitamos a los rehenes por haber recuperado su libertad y a
sus familiares por tener de nuevo entre ellos a sus seres queridos. Pero al mismo tiempo, no podemos dejar de condenar la manera como se
ha producido la liberación de los rehenes. Es lamentable que una situación
dolorosa como esa sea explotada con fines de propaganda personal y con
propósitos evidentemente políticos. Desde que en agosto pasado recibió la autorización del presidente
Uribe para emprender la gestión mediadora que debía resultar en la liberación
de los rehenes en manos de la narcoguerrilla, se
pudo apreciar que Chávez lo único que buscaba era explotar ese mandato con
fines de propaganda. Lo que le interesaba era el protagonismo, proyectarse
internacionalmente como el autor de una acción humanitaria que por su propia
naturaleza despertaría solidaridad y sería bien recibida y aplaudida por todo
el mundo. Pero era evidente que esa gestión no la cumpliría de balde. Era
simplemente la fachada detrás de la cual se ocultaban objetivos políticos muy
claros: brindar la oportunidad para que las FARC obtuvieran reconocimiento
internacional, catapultar a la senadora Piedad Córdova como candidata a la
presidencia de Colombia, debilitar la figura del presidente Uribe y abrirle
campo a la extrema izquierda colombiana como un paso hacia la consolidación
del "bolivarianismo" en el vecino país y
de esa manera ampliar el radio de acción de la "revolución
bolivariana". Esos propósitos se vieron frustrados cuando, como resultado de su
desbocado protagonismo mediático, el presidente Uribe decidió poner fin a la
misión humanitaria que le había confiado a Chávez. Ante el debilitamiento de la imagen internacional de Chávez, las
FARC se lanzaron a ofrecerle una "tabla de salvación". Anunciaron
que estaban dispuestas a entregarle, a él directamente o a quien designara,
tres de los rehenes. Dos mujeres y un niño. El comunicado emitido por
las FARC en aquella ocasión lo dio expresamente: "como desagravio al
presidente Chávez… aceptamos su llamado a liberar a la doctora Clara Rojas, a
su pequeño Emmanuel y la doctora Consuelo González de Perdomo como muestra
incuestionable de la esperanza que habíamos depositado en su papel de
facilitador". Ese anuncio estuvo precedido en el mismo comunicado de toda una
seria de insultos y anatemas contra el presidente Uribe que demuestran cuál
es la finalidad que se persigue con ese gesto de desagravio. Esto le ha servido a Chávez para montar nuevamente todo un
espectáculo circense. No cabe otro calificativo para el show mediático que
protagonizó en Miraflores el miércoles pasado para la prensa internacional
con la presencia, entre otros, de los embajadores de Francia y de Cuba Una tarea humanitaria que debía llevarse a cabo dentro de la mayor
discreción, con seriedad, circunspección y recato, fue objeto de una grotesca
y vergonzosa puesta en escena. Los rehenes dejaron de ser los protagonistas
principales del drama para dar paso al histrión que con un mapa por delante y
con un marcador en la mano se dedicó a describir la "proeza" que se
disponía llevar a cabo costara lo que costara. Incluso amenazando al
presidente Uribe con realizar una operación clandestina si no le autorizaba a
realizar su pérfido plan. Y para asegurarse de que nada entorpecería su
maquinación logró involucrar a gobiernos extranjeros que insólitamente se han
dejado envolver en una maniobra que persigue debilitar al gobierno del
presidente Uribe. Resulta verdaderamente penoso que gobiernos serios se
presten para llevar a cabo una maniobra que traerá como consecuencia el
otorgamiento a la narcoguerrilla colombiana un
reconocimiento internacional que no merece. Pero la comedia sigue. Paso a paso iba revelando los detalles de la
"operación" como si se tratara de una novela de suspenso entregada
por capítulos. Y a todas estas, ¿que ocurre con los
numerosos venezolanos que todavía permanecen secuestrados por la narcoguerrilla o por la delincuencia común en complicidad
con aquélla? Como su liberación no produce dividendos mediáticos no
hace falta ocuparse de ellos. |
|
|