ES TIEMPO DE DEFINIRSE
Adolfo R. Taylhardat
El secuestro del Presidente de la Comisión de Paz del Congreso colombiano llevó al Presidente Pastrana a interrumpir las negociaciones con la guerrilla narco-terrorista de Colombia. Esta decisión era inminente. Durante los tres y medio largos años de infructuosa y frustrantes negociaciones para lograr un acuerdo de paz, las FARC continuaron sus atentados terroristas a lo largo y ancho del país. Hace una semana presencié cuando, ante una audiencia de representantes de mas de cien países, en su mayoría Ministros de Medio Ambiente, el Presidente Pastrana reiteró su empeño en alcanzar la paz con los grupos alzados en armas.
La Cancillería venezolana ha emitido un comunicado en el cual expresa respaldo al Gobierno del Presidente Pastrana por su decisión de no continuar con el proceso de paz y poner fin a la zona de distensión. El comunicado expresa también solidaridad con el gobierno, las instituciones democráticas y el pueblo de Colombia y “renueva” la “firme condena” del Gobierno de Venezuela al terrorismo en sus múltiples expresiones.
Yo diría que todo esto está bien, pero hizo falta algo muy importante. Esa condena “in abstracto” del terrorismo no es suficiente. Venezuela ha debido expresar el más categórico rechazo a las FARC como organización terrorista. Cuando hizo su anuncio Presidente Pastrana dijo que entre la política y el terrorismo, las FARC optaron por el terrorismo. No se entiende entonces cómo, en respuesta a la pregunta de una periodista el canciller Dávila dijo: “no nos corresponde calificar a ningún grupo que pudiera estar en este momento recibiendo calificativos de esta naturaleza y alegó, entre otras cosas, que la comunidad internacional todavía no se ha puesto de acuerdo sobre la definición del terrorismo.
¿Por qué esa ambigüedad? ¿Es que alguien duda de la naturaleza terrorista de las FARC? ¿De que otra manera pueden calificarse los frecuentes casos de secuestros no solo de colombianos sino también de muchos compatriotas, y a los cuales se agregan los del Senador Gechen y de la candidata Presidencial Ingrid Betancourt? ¿Qué otro nombre tienen las voladuras de torres de electricidad, de postes de comunicaciones, de acueductos, de gasoductos?. ¿Qué otro calificativo se puede dar a la colocación de bombas en sitios poblados que tantas muertes ocasionan a la población civil indefensa?. ¿Es que acaso no son actos odiosos de terrorismo los atentados contra el acueducto de Chingaza que suministra mas del 70% del agua a Bogota y municipios vecinos y contra el acueducto de Pailitas, que dejó sin agua a una población de mas de 20.000 habitantes?. ¿No constituye un grotesco atentado terrorista el envenenamiento del acueducto de Pitalito que de no haber sido detectado a tiempo habría ocasionado la muerte de toda una población?
Una última pregunta obligada: ¿seguirá el gobierno dándole tratamiento de enviado diplomático al representante de esa organización terrorista en Caracas?
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