EL UNIVERSAL
Opinión
– Miércoles 16 de diciembre de 2009
EL (TRISTE) ESPECTÁCULO CONTINÚA
Adolfo
R. Taylhardat
El
show que protagoniza Manuel Zelaya parece que no tiene fin. El caso tiene
asegurado un lugar en los anales del Derecho de Asilo. Será un capítulo humorístico
porque lo que inspira es risa.
Todo
comenzó con el regreso subrepticio a Honduras. Luego de dos fracasados intentos,
primero en un avión venezolano y después por la frontera con Nicaragua, el 21
de septiembre se “coló” por los caminos verdes con apoyo del régimen bolicomunista.
Llegó directamente a la Embajada brasilera en Tegucigalpa. Brasil, burlando las
normas del derecho de asilo lo recibió como
“huésped” a pesar de que se trataba de un infiltrado ilegal en el territorio
hondureño. El gobierno de Honduras, actuó con
toda la mesura del caso. Respetó
la “hospitalidad” brindada a Zelaya a pesar de que Brasil no reconocía, y
siguen sin reconocer, al gobierno de Roberto Micheletti y de que, en esas
condiciones, la representación brasilera en Tegucigalpa no goza de la inmunidad
que otorga a las embajadas la Convención de Viena sobre relaciones
diplomáticas.
Abusando
de la hospitalidad brasilera, azuzado por el mandante venezolano y valiéndose
de su condición ambigua de asilado sin
ser asilado, Zelaya se dedicó a conspirar, promover una insurrección popular
contra el gobierno de Micheletti y a tratar de boicotear la elección presidencial de noviembre pasado.
A todo esto Itamaratí se hacía “la vista gorda”.
Luego
vino la cómica con el Acuerdo San José/Tegucigalpa. Después de haber sido
aprobado y firmado por sus representantes, el hombre del sombrero de ala ancha
decidió desconocerlo.
A
pesar de todos los esfuerzos para sabotearlas, las elecciones se realizaron pacífica y democráticamente. Honduras
tiene un presidente electo por su pueblo que asumirá las riendas del país en
enero próximo a pesar de que algunos gobiernos, chantajeados por el mandamás venezolano, se niegan a
reconocer el resultado de la elección.
Llegamos
ahora a otro acto del sainete y entran en escena nuevos actores.
México
ofrece recibir a Zelaya asilo al amparo de la Convención de Caracas de Asilo
Territorial y pide a Honduras salvoconducto para que el presidente depuesto pueda
trasladarse de la Embajada de Brasil al aeropuerto. Esto, por si mismo, evidencia
cómo se distorsionan las instituciones internacionales. El asilo territorial
solo se plantea cuando la persona que busca refugio llega al país donde se
asilará y por lo tanto no procede solicitar y mucho menos otorgar un
salvoconducto. No obstante, el gobierno hondureño, en una muestra más de
tolerancia, otorgó el salvoconducto. México despachó un avión para recoger a
Zelaya pero este dijo que no saldrá de su país como asilado sino como presidente.
¿Ignora acaso que sin la protección de un tercer gobierno y del salvoconducto,
apenas ponga pié fuera de la Embajada de Brasil puede ser capturado y sometido
a la justicia? Resultado: la cancillería
hondureña retiró el salvoconducto y México retiro su ofrecimiento de asilo
territorial.
Mientras
esto sucedía, el presidente dominicano, Leonel Fernández, gestionaba una reunión
de Zelaya con el presidente electo Porfirio Lobo para buscar una solución al
embrollo. La reunión debía realizarse el lunes pero también fracasó porque
Zelaya insiste en que sólo saldrá de Honduras como presidente y el gobierno
interino solo está dispuesto a otorgarle un salvoconducto para que salga como
asilado. Porfirio Lobo dice que está
dispuesto a dialogar con Zelaya donde sea para solucionar el barullo.
Supuestamente
el gobierno de Honduras estaría
flexibilizando su posición y permitiría a Zelaya salir de la Embajada de Brasil, sin riesgo de que lo detengan, para
que termine de salir del país hacia un país fuera de Centro América.
Seguramente
habrá nuevos episodios de esta mojiganga que no termina. Solo cabe esperar que Zelaya no venga para Venezuela
a enredar todavía más las cosas.
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